Edición 109

LEONARDO FAVIO

By 6 de mayo de 2026No Comments

Arrierías 109

Ernesto Pino

Este es un sencillo homenaje a mi amigo Alberto Ramos G, un hombre notable en los caminos del derecho con sus múltiples oficios de intelectual luchador por la democracia, al cual invito a revivir su insustituible papel de crítico y cronista de cine.

En Colombia, o mejor, en Latinoamérica, nos acostumbramos a relacionar a Leonardo Favio con las baladas de los años 60 y 70. Con “Fuiste mia un verano”, con “Mi tristeza es mia y nada más”. Pero resulta que en su propia patria Argentina y en la historia oficial de ese país, su nombre es importante, primero como director de cine y después como cantante. Y en el medio, por su amor incondicional al presidente Juan Domingo Perón y a su esposa Evita, la santa.

Realmente se llamaba Fuad Jorge Jury Olivera, pero el mundo lo conoció como Leonardo Favio: Leonardo por el pintor Da Vinci y Favio, por el nombre artístico de su madre.

Leonardo Favio (LF), fue un ser humano sobreviviente con un éxito inesperado. Si recuperamos su infancia, era casi imposible imaginarse que su vida iba a trascurrir con una esperanza mínimamente positiva. Una infancia sin pan y sin afecto. Su madre, Manuela Olivera, más conocida por Laura Favio, era una actriz de folletín, embelesada por la actuación y como casi siempre pasa con los artistas de teatro, sumida en una pobreza franciscana. Su padre, Jorge Yury, un árabe sirio, festivo, desordenado, amante de no trabajar y quien muy pronto abandonó a sus hijos. Como después diría el mismo LF: “Era un vago. Un atorrante. No queria trabajar. Era muy loco y muy tierno. Realmente míos, de papá, tengo tres besos, si hubo más, no los recuerdo. Murió de una ulcera perforada. Lo velaron putas y ladrones, sus amigos”. Era una especie de Vadihno, el desjuiciado héroe de “Doña flor y sus dos maridos”, la gran novela de Jorge Amado.

Sin protección familiar, su niñez de chico abandonado sucedió en Lujan de Cuyo y luego en Buenos Aires donde fue acogido en un hogar de menores. En Lujan, casi como un niño de calle se inició en el aprendizaje de la guitarra que le enseñaba un zapatero chileno a cambio de que LF, le “cebara” el mate («cebar el mate» es una expresión que se refiere al acto de preparar el mate, una bebida tradicional argentina hecha a partir de las hojas secas de la planta de yerba mate). En Buenos Aires, con solo 9 años, residió en un internado, donde aprendio lo básico, a leer y a jugar con los amigos, a esperar la visita de su madre, los regalos de Perón y las películas de Chaplin, en blanco y negro. (Ver Leonardo Favio. Norberto Gallazo).

Pero LF, tenía a su favor la otra cara de la moneda. A diferencia de sus amigos de reclusión, tenía muy cerca una familia de artistas, que empezó a acercarlo al radioteatro y al cine. No ganaba mucho, pero sobrevivía; y además había heredado todo el ADN artístico de su madre. Por ella y por su tía, accedió a personajes importantes del cine como los directores Torre Nilsson y Fernando Ayala. Hizo pequeños papeles en películas poco conocidas, cantó tangos de Discépolo, en programas musicales sin ningún éxito y cuando tenía 15 años vivió una temporada con gitanos, detrás del amor de una bella gitana llamada Margarita. Con los gitanos, aprendió el sentido de la libertad y el desapego de las cosas materiales. La calle y su necesidad de resistir, se convirtieron en la mejor enseñanza de vida, que además lo alejaron de actos delincuenciales. Asi lo dijo alguna vez, cuando su madre le consiguió un papel protagónico en una telenovela: “si no estoy detrás de cámaras, estaría detrás de las rejas. Si yo no hacia radio, lo único que me quedaba era delinquir”. (Ídem).

LF, aprendió la vida como un guion de película, en el campo, en los reformatorios, en la calle, en el amor gitano, viendo actuar a su madre en las radionovelas y sobre todo, aprovechando su amistad con el director Torre Nilson. Por ahí le entró el cine en el alma. Veía cine todos los días, El ciudadano kane, la vio muchísimas veces, al estilo del escritor colombiano, Andrés Caicedo (el mismo, quien dejo de ver cine para pegarse un tiro, a sus 25 años, porque según él después de esa edad, la vida no valía la pena). Con Torre Nilson, también conoce el ambiente de los cafetines y a grandes figuras del tango como Aníbal Troilo “Pichuco”, a Cátulo Castillo y a Julio Sosa.

Ya metido en las entretelas del ambiente artístico, fue llamado para que hiciera el papel principal en una película llamada “El secuestrador”, que se acomodaba a un joven lumpen de vida callejera, como él. Dice LF, que fue actor, porque era mejor que ser conductor de colectivo o trabajador de la construcción. No se sentía actor. Él podía dirigir a otros, pero no a sí mismo. En esa instancia, conoció a María Vaner, la misma hermana de Norma Aleandro, la que tiempo después sería una famosa actriz argentina (la de la “Historia oficial, ganadora del Oscar en 1986). María seria luego su mujer y una de sus grandes inspiraciones artísticas. Ya veremos que además de sus hijos, le inspiró algo más en su oficio de artista.

Detengámonos en su papel cinematográfico, el mejor de su carrera artística, según la crítica intelectual argentina.

Increíble. LF, debutó como director con la película “Crónica de un niño solo”. Esta obra, a pesar de su fracaso económico, fue reconocida como la mejor película del cine argentino de todos los tiempos en la encuesta realizada por el Museo del Cine Pablo Ducrós Hicken en el año 2000. Como dicen los expertos, es una película de culto, que pudo llevar a LF a ser comparado con grandes directores de talla mundial como Bresson y Traffaut. La película es una especie de autobiografía de su niñez: la vida de un niño pobre de la Argentina, que transcurre entre la villa miseria y el «reformatorio» (cárcel de menores). A LF, también le tocó conseguir los recursos para filmarla, lo que hizo de una manera insólita, aprovechando su experiencia callejera y las malas compañías. Convenció a un productor llamado Luis De Stefano y a su amigo carcelario Cacho Gallo: al primero lo embolató con el ardid de conseguirle mujeres en el ambiente mundanal de la farándula del cine y al segundo, a cambio de diamantes y joyas obtenidas en su oficio del bajo mundo, le prometió devolver el recurso, si tenía éxito. Después se conoció que a Cacho lo cogieron preso por ladrón en Paris, como todo un delincuente internacional y LF se salvó de la deuda.

No es necedad repetirlo. El caso de LF en el cine es casi exótico, pues sorprende su creatividad y su catadura de director, sin antecedentes propios del arte, sin academia y sin formación técnica. El siempre creyó que su éxito se desprendía de su curiosidad y del mundo aguerrido en que vivió, donde la necesidad era cotidiana, permanente. Siendo figura se mantuvo fiel a sus amigos de barriada y con desdén miraba la frivolidad del mundo del espectáculo. Siempre estuvo más cerca de la gente humilde, que de la zalamería de los cocteles.

LF, no fue un actor consagrado en la veintena de películas que interpretó, pero si fue un director consagrado y en eso la crítica argentina académica, fue y sigue siendo muy generosa. Solo menciono, aquellas que están en el podio con “Crónica de un niño solo”.

“El romance del Aniceto y la Francisca” que refleja la vida de los pequeños pueblos de la Argentina, antes de la llegada de la televisión. Recibió el Cóndor de Plata a Mejor película, en 1968.

“Juan Moreira”: es el personaje central de la clásica novela gauchesca del escritor argentino Eduardo Gutiérrez. Inspirada en una crónica policial real protagonizada por el legendario cuchillero porteño Juan Moreira, quien fue muerto por la policía en Lobos, en 1874. Se trata de uno de los textos más importantes de la literatura argentina y del romanticismo hispanoamericano. Este gaucho del siglo 19, vilipendiado por los terratenientes, a los cuales se enfrentó valientemente para convertirse en héroe del pueblo y en víctima de la policía. Era tal su influencia popular, que alguna vez fue objeto de una obra de teatro en un circo y la gente, llevada al paroxismo, se tiraba al ruedo con el único fin de defender al actor que representaba a Juan Moreira. Ganó el Cóndor de Plata a Mejor película en 1974. Es ampliamente considerada como un clásico del cine de su país, y simultáneamente como uno de los mejores films de Favio y de la historia del cine argentino.

“Gatica, el mono”: El film narra la vida del boxeador argentino José María Gatica, desde sus años de infancia hasta su trágico fallecimiento en Buenos Aires en 1963. Esta película resalta, la extraordinaria exigencia de LF en su oficio de director de cine. Para confirmar el papel del actor principal, condiciona a Edgardo Nieva, que si quiere representar al boxeador Mono Gatica, debe someterse a un “pequeño sacrificio quirúrgico”: rasgar los ojos, ensanchar la nariz y disminuir el lóbulo de sus orejas; y lo más difícil, aprender a boxear con ayuda de entrenadores calificados. LF, sorteó en la película otra prueba muy difícil, como era la de vincular a la cinta al general Perón. Algún dia de producción de la película, se presentó un extra, a LF de entrada no le interesó hasta que ya en la calle, por la ventana lo vio caminar, era una réplica de Perón y casi lo deja ir. Era el actor Armando Capó. José María Gatica, fue un legendario boxeador argentino, protegido de Perón y con una vida que giraba entre la tormenta y la fama. Llegó en la miseria y terminó en la miseria y murió arrollado por un autobús. Pero sin duda fue tan famoso como Perón en la década de los 50 del siglo 20. De esa película, nace una de las frases más famosas de LF, cuando le responde a un periodista, que afirmaba que todos los ídolos mueren de manera trágica: “Trágico ?, trágico es estar muerto en vida. Trágico es un interrogante, un descuido de Dios”. “Gatica, el mono”, ganó el premio Goya a la mejor película hispanoamericana de 1993. Pero por genuina protesta contra la hegemonía del cine norteamericano (que no pagaba impuestos), renunció a presentar la misma película en el concurso anual de la Academia de artes cinematográficas de Hollywood de 1994. Esa protesta sirvió para que los legisladores aprobaran por fin, la Ley del cine argentino.

“Perón, sinfonía del sentimiento”: es una película documental de 1999, dirigida por Leonardo Favio, sobre la historia del peronismo. El documental no fue estrenado comercialmente por decisión del director. En cambio, fue presentado con entrada gratuita el 6 de enero de 2000 en el cine Atlas Recoleta, y exhibida solamente en acontecimientos sociales y políticos. La película está dedicada a la memoria del expresidente Héctor J. Cámpora, del cantante Hugo del Carril, del pintor Ricardo Carpani y del escritor y periodista Rodolfo Walsh.
Nota: Otras películas reconocidas como valiosas y dirigidas por LF, son: “El dependiente”, “Nazareno Cruz y el lobo”, “Soñar, soñar”.

LF y el Peronismo.

A LF, le toco la época de postguerra de la segunda guerra mundial, cuando los jóvenes ilusionados se afiliaban políticamente a cualquier cosa que estuviera en contra del fascismo. LF, primero se afilió al Partido Comunista para asi pretender una linda chica que fuera de serlo, leía “El Capital” de Marx; hasta que conoció el discurso de Arturo Jauretche, escritor y activista político del general Juan Domingo Perón y se convirtió al peronismo. Jauretche es el mismo que en su lucha contra la dictadura de los años 30, estuvo en prisión y escribió el poema “El paso de los libres”, publicado después con prólogo de Borges.

En el ideario político de LF, hay una mezcla rara de conciencia social y de romanticismo. Desde pequeño le impactaba la figura sacra de Evita, la esposa del general: Evita Perón, era como la virgen. Si un pobre le escribía pidiendo ayuda, a la semana siguiente le llegaba una máquina de coser, a él mismo le llegaron juguetes cuando era un chico de reformatorio. Ella era como una santa, que estaba en los altares de los hogares humildes de Argentina. Su foto, posaba al lado de los santos de la época. Cuando murio en 1952, todos sintieron la muerte de su propia madre. Asi lo sintió LF, quien trasmitió ese fervor a la figura del general Perón.

El peronismo, fue parte de su esencia, pues le tocó la fibra del alma, cuando Perón se hizo cargo de reivindicaciones sociales de los obreros y de los “descamisados” (pobres sin empleo), algo casi extravagante en un gobernante militar. Cuando lo derrocaron la primera vez en 1955, se solidarizó y condenó la masacre del 16 de junio en Plaza de Mayo, donde murieron más de 300 personas. Muchos años después, sucedió la masacre de Ezeiza: el mismo LF, fue testigo de la tragedia, pues él en su calidad de artista, fue uno de los animadores del acto de recibimiento a Perón después de 18 años de exilio (20 de junio de 1973). En una situación absurda que ni el mismo LF hubiese imaginado en uno de sus guiones cinematográficos; se enfrentaron los bandos de izquierda y de derecha del peronismo, tratando cada uno de ganarse la simpatía y la bendición de Perón. Todo fue tan confuso después, que hay una hipótesis según la cual, alli mismo nació lo que se llamaría la organización política militar Triple A (también conocida como Alianza Anticomunista Argentina, un grupo paraestatal de extrema derecha que operó en Argentina entre 1973 y 1976. Fue creado por José López Rega, ministro de Bienestar Social durante el gobierno de Juan Domingo Perón, con el objetivo de reprimir a los grupos de izquierda y a los opositores políticos). Dicho insuceso, impactó de tal manera sus creencias políticas, que una vez muere Perón en 1974, LF se escurre de una posible militancia en el peronismo. En el año 1976 llega la dictadura de Videla y compañía y LF se exilia en países de América Latina y en España. En Colombia, reside varios años en la ciudad de Pereira y es afectado indirectamente por el entorno mafioso de esa época dorada del narcotráfico. Fue acosado por Pablo Escobar, el capo colombiano de la droga, quien se sabía todas sus canciones y queria que el artista le firmara la tapa de sus discos. En Colombia, como en el resto de países de América Latina, LF existía como un ídolo de las canciones mas no de sus películas.

LF, un exitoso cantante de baladas.

Facundo Cabral, hablando de la importancia de LF como artista, hace un símil con Borges, al decir que su grandeza se encuentra en hacer varios oficios artísticos a la vez, como actor y director de cine y el ser al mismo tiempo un gran cantante popular de América Latina: es como si Borges, además de escribir el Aleph, hubiese grabado un buen LP de milongas. Sus canciones, dice Facundo, son canciones cinematográficas, son canciones para ver. Su afecto y mutua admiración, le llevó a LF a grabar dos canciones de Facundo (“Magdalena” y “a las seis de la mañana”). En otras palabras, este es un reconocimiento explícito de que LF, era tan bueno como director de cine como artista de la musica. Pero tampoco debemos obviar, que estos dos artistas contemporáneos, tenían algo en común: habían sido protegidos, de alguna manera, por la mano compasiva de Evita Perón.

Con Favio sucede un fenómeno curioso: mientras que en la academia y crítica argentina tiene un reconocimiento prácticamente unánime de ser un gran director de cine; en Latinoamérica, en cambio, es conocido fundamentalmente como cantor.

Esta contradicción se mantuvo durante mucho tiempo, aun después de su muerte. Asi ocurrio en el III Congreso Internacional de Artes en Cruce la Universidad de Buenos Aires, cuando se entregó el Doctorado Honoris Causa post-mortem a Leonardo Favio. Durante el acto, el director del Centro Cultural, Haroldo Conti, realizaba una semblanza del artista en la cual reivindicaba sus películas, e intercaló un sincero, pero tal vez desafortunado comentario sobre aquellas canciones que los militantes políticos como él, en los 70, no comprendían. Nico Favio, hijo del artista, le respondió molesto: “Si eran tan sencillas, entonces por qué no las componés vos”. Fue un momento tenso, pero que se resolvió amistosamente. La anécdota expone la controversia sustancial de la vida artística de Favio. En esa época de una América Latina tan convulsionada por la presencia de las dictaduras, para los intelectuales del arte, las baladas eran una especie menor, por debajo del rock, la musica de protesta y otras expresiones artísticas como el cine y el teatro.

Aunque él lo negó, muchas personas cercanas al cine, decían que la musica para LF, fue un rebusque inesperado para conseguir recursos y filmar películas. Cantaba bien según sus amigos y sabia tocar la guitarra para acompañarse. Asi fue como empezó a cantar en los cafetines de San Telmo en Buenos Aires y en clubes nocturnos de mala muerte, llenos de borrachos que no entendían lo que él cantaba. Tanto Hugo Piombi y John Lear, dos productores de musica; como Vico Berti quien hizo la banda sonora de su película “El dependiente”, lo vieron y le creyeron. (Ver “Leonardo Favio: del cine a la música”. Martín e. Graziano).

Vico, consiguió una audición con el sello CBS. Al agente encargado, le gustó mas que nada la interpretación dramática de LF. Era el principio y el secreto de todo. La voz de Leonardo Favio era única y característica. Una voz grave y cálida, con una resonancia profunda que transmitía cruda pasión. Era una voz que interpretaba como si estuviera actuando en una obra de teatro. Invitado a grabar un sencillo, lo hizo con las canciones “Quiero la libertad “ Y “Me siento libre”: se vendieron menos de 500 copias.
“No lo compró nadie –dijo Favio–. Uno me lo llevé yo, otro se lo quedó Vico Berti y el otro se lo regalé a mi mamá”. (Ídem).

Pero Verti le creía y su obstinación, tuvo un efecto impensado. Los jefes de CBS, querían rescindir el contrato, y Verti los convenció de hacer una nueva audición con otros temas. Grabaron otro sencillo con dos canciones creadas en equipo: por un lado del disco, aparecía “Mi tristeza es mia y nada más”, por el otro lado, “Fuiste mia un verano”. Uno de los representantes de CBS estaba tan emocionado que lo abrazó y le dijo “Che, como haces para cantar con las entrañas”. Lo demás es historia. En seis meses, ya se habían vendido más de un millón de copias.

Empezó a cantar a finales de 1968 y en dos años fue la locura: siempre pensó en ser cineasta, ya fuera cajero, acomodador, extra, actor o director. Nunca, pero nunca se imaginó su vida como cantante. Realmente, la carrera de Favio como baladista, tuvo una duración breve pero intensa. Un comienzo excitante (1968-71), tras los cuales se dedicó a filmar su segunda serie de películas, y luego por urgente necesidad la retomó en 1976, a partir de encontrarse en la lista de artistas desterrados por la dictadura.

Hizo la canción “fuiste mia un verano” y la gente lo empezó a reconocer como una estrella de rock y a verse obligado al encierro en su apartamento con tratamiento médico obligado. Era alérgico a la fama. Cuando era director, nadie en la calle lo conocía, era pobre, pero vivía tranquilo. Ahora era cantante de baladas y la gente lo arrollaba, la prensa lo acorralaba y tenía lleno los bolsillos, pero no era feliz. Una vez, después de una presentación, se quedó de visita en la casa de su madre. Al dia siguiente ella lo llamó para decirle que había olvidado un bolso con $40.000 dólares, producto de las presentaciones de esos días. Si, lo había olvidado, el dinero no era su motivación.

Favio, solo necesitó hacer un disco de larga duración con 11 canciones para pasar a la historia como baladista de categoría. Un disco exitoso por su récord de ventas que obligó a que dos casas disqueras CBS y la RCA, normalmente acérrimas competidoras se unieran para atender la demanda. Un disco memorable que no pierde vigencia en América Latina.

Canciones, que idealizaban a alguna de sus compañeras de vida, como fueron María Vaner y Carola Leyton. A María, le escribió “Ella ya me olvido”. Con ella tuvo dos hijos y una vida de ensueño y de confrontación, como suele suceder con las parejas cuando ambas son artistas. A Carola, le dedicó “Asi es Carolita” y a dúo cantaron “Ding dong ding dong, esas cosas del amor”.

En su película “Fuiste mia un verano”, que realizó aprovechando su visión y experiencia cineasta, hizo una trama decente para interpretar la mayoría de canciones de su disco, acompañado de la conocida actriz argentina, Susana Giménez. Como dice el escritor argentino, Juan José Becerra “con ellas forma una novela de amor. Fabio organiza los fragmentos más oscuros y misteriosos de la balada argentina y los lleva a un pico muy denso de romanticismo”. Favio, a diferencia de sus contemporáneos baladistas, interpreta un drama a través de sus canciones, él se las cree de verdad como si el mismo fuera el director y actor de una historia. Sandro, sobreactuaba un melodrama, cantaba para el público e imitaba con éxito a Elvis Presley. Favio cantaba para él, como si cumpliera a cabalidad la tarea de actuación que el profesor de arte le había puesto el dia anterior. Asi lo hizo en 1968 en el festival de Viña del Mar en Chile: traje oscuro, concentración máxima en el movimiento de sus manos clavadas en el mismo sitio, sin levantar la vista. En 1997, 27 años después, en el mismo lugar del festival cantó sus canciones con el mismo estilo, sin alejarse un ápice de su primera actuación. Asi refrendó por siempre sus grandes éxitos: “Quiero aprender de memoria”, “Fuiste mia un verano”, “Ella ya me olvido”, “Mi tristeza es mia nada más”, “El clavel y la rosa” (Ver Leonardo Favio, entre lo testimonial y el espectáculo: sus películas como cantor. Lucia Rodríguez y “Yo lo recuerdo ahora” del escritor Juan José Becerra).

En ese álbum, canta la canción “Para saber como es la soledad” del músico argentino Luis Alberto Spinetta. La misma, tiene una historia muy singular: Spinetta la escribió en homenaje a un amigo de colegio, que había muerto en un viaje a Bariloche. La canción fue grabada por el grupo de rock Almendra, pero sin ninguna trascendencia. Sin embargo, un tiempo después el amigo reapareció y la canción perdió sentido y fue olvidada, hasta que Favio la recuperó con un éxito sorprendente: una canción para recordar a los amigos que nos dejan para siempre. Fabio en la película “Fuiste mia un verano”, se la dedica a su amigo Carlos, un amigo de reformatorio: La soledad/ es un amigo que no está/ es tu palabra que no ha de llegar igual/ este es un sueño con luces entorno a vos/ y te das cuenta que él ya nunca ha de morir/ nunca ha de morir…

Recomendables de oír y escuchar dos canciones: “El amanecer y la espera”, una canción para escuchar todos los días en el campo y la ciudad. Es una canción simple que revela el milagro de la vida: Llegan lejanas, tristes campanas/ diciendo el día va comenzar/ el sol se expande, vuela una garza/ ya la montaña es un madrigal/ mansa la oveja, camina y pasta/ junto al arroyo, te he de esperar…

y otra que hizo Favio en su estancia en Colombia, que se llama “La Zenaida”, la misma cumbia del musico colombiano Rosendo Romero, tan escuchada en las fiestas decembrinas. Favio la convirtió en una opera con frases de estilo a lo Martin Fierro, dedicada a las abuelas de América Latina. Indudablemente Favio, grabó otras canciones también de gran factura como “Mi amante niña, mi compañera”, “El niño y el canario”, “Hoy corte una flor”, etc.

Favio murio en su patria Argentina en el año 2011, a sus 74 años. El mismo se refirió a lo que sería su epitafio, como un reconocimiento de su propia realidad de cantante y cineasta: “…cuando me muera en América Latina la gente va a decir, murió el que cantaba simplemente una rosa. Murió el cineasta Leonardo Favio, solo se va a decir en la Argentina y en algunas páginas de publicaciones culturales del mundo”. Y asi fue.

Finalmente, cantemos una canción de LF, que tiene uno de sus mejores versos. Poesía pura: …Y le canté al milagro de saber que me quieres/ y le grité a la gente que el sol se te parece/ y que nada me importa, ni el clavel, ni la rosa/ y que la primavera pasa sin que la vea…

Ni el clavel, ni la rosa
Autor: Leonardo Favio

A veces presiento que mi alma está en sombras
entonces, me inclino, te beso y hay luz
y me salen lindas palabras muy tiernas
sonrío y me digo: «esto es el amor»

Recuerdo que una tarde descubrí que tu pelo
olía como huele la flor de un limonero
hurgando en tu mirada, no supe que había cielo
y mi boca en silencio, murmuró una canción
la, la, la, la, esto es el amor, esto es el amor
Uhm, uhm, uhm, uhm, esto es el amor, esto es el amor

Y le canté al milagro de saber que me quieres
y le grité a la gente que el sol se te parece
y que nada me importa, ni el clavel, ni la rosa
y que la primavera pasa sin que la vea
porque lo abarca todo, hasta el placer que ignoro
y el aire que respiro no me sirve de alivio
si no siento el aliento de tu boca en mi boca
y si veo algún niño, mientras fumando espero
le digo que es muy lindo, y en su risa te veo
La, la, la, la, esto es el amor, uhm, uhm, esto es el amor

Y le canté al milagro de saber que me quieres
y le grité a la gente que el sol se te parece
y que nada me importa, ni el clavel, ni la rosa
y que la primavera pasa sin que la vea
porque lo abarca todo, hasta el placer que ignoro
y el aire que respiro no me sirve de alivio
si no siento el aliento de tu boca en mi boca
y si veo algún niño, mientras fumando espero
le digo que es muy lindo y en su risa te veo
Ah, La, la, la, la, uhm, uhm, uhm, esto es el amor
Sí, sí, esto es el amor
Uhm, uhm, uhm, uhm
La, la, la, la, la, la, la, uhm, uhm, uhm

Foto Leonardo Favio.

Total Page Visits: 22 - Today Page Visits: 5

Leave a Reply