El primero de octubre de 2021 se realizó el lanzamiento del libro Mi Pequeña Eulalia de la escritora caicedonita Luz Aida Yepes en los salones del Club de Leones con una asistencia numerosa y representativa de personas que apoyan, valoran y acompañan los valores artísticos de la ciudad.

El título del libro supone un giro angular en la temática abordada en “La Impronta”, basada y relatada desde la perspectiva de quien vivió una época convulsionada causada por la presencia de un sacerdote innovador en ideas sociales y con ánimo de cambiar una hegemonía política de vieja data.

Nada más desenfocado. Mi pequeña Eulalia es un libro concebido desde la visión del sufrimiento, abandono, exilio, dolor, violación, resiliencia, coraje, valor, amistad, unión familiar y crueldad resultantes de los acontecimientos desencadenados, en toda Colombia, a partir del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán el nueve de abril de 1948.

Esa época aciaga con actores que aún prevalecen con otros nombres y con las mismas características de contubernio, es narrada, porLuz Aida, centralizando su relato en un personaje de nombre original Eulalia y renombrada Sofía,  por protección, ycuya transición de niña a mujer se ve fragmentada por una serie de sucesos aciagos enmarcados dentro de la violencia y contra violencia generada por la acción y reacción de la clase política, sus aúlicos seguidores, la servicial policía chulavita, Rojas Pinilla y su cuerpo militar asolador de pueblos y pobladores, la defensa campesina agrupada en autodefensas, la iglesia ultraconservadora y señaladora de liberalescandidatos a ser asesinados, los paramilitares que, cual aplanadoras, barrían con todo sim importar nada, para que después llegara el ejercito a reclamar victorias.

Esta novela, para todos los públicos, recrea cronológicamente, los sucesos que saltan de Bogotá a El Frontino, municipio antioqueño, patria chica de Eulalia, ensimismando al lector en un vórtice de violencia, asesinatos, personajes diabólicos, hechizos, argucias políticas de la dirigencia liberal-conservadora, animales que protegen a sus amos, mellizos con personalidades diferentes, paisajes encantadores apenas descritos en las permanentes huidas, desencuentros y reencuentros familiares, además de la presencia protectora de grupos armados y que mueren protegiendo el círculo familiar de Eulalia.

Es sorprendente la fidelidad de la recreación de sucesos, hechos, palabras y personajes de esa época que para muchos solo se menciona por los abuelos o padres mayores que la padecieron.

A manera de ejemplo, Álvaro Gómez, juega un importante papel como hijo de Laureano Gómez, en esos años, y hoy solo lo conoce la juventud, como el político asesinado al salir de la Sergio Arboleda. Así mismo, el libro muestra a Rojas Pinilla y sus acciones contra el pueblo en Cali, pero hoy figura como personaje ilustre de la historia colombiana.

La novela, además, permite evocar, los acontecimientos que miles de familias en toda Colombia debieron soportar durante esos años posteriores al 9 de abril, desde el desarraigo de sus hogares, desintegración familiar, masacres de familias enteras por un color político, en centenares de pueblos a lo largo y ancho del país, que la autora enmarca en El Frontino, pero se sucedieron, de igual manera en muchas partes.

Acto de lanzamiento de la novela en Caicedonia.-

Personalmente, la lectura de esta novela me ha permitido traer a la memoria los relatos de mi progenitora quien, desde cuando la recuerdo, me contaba como le tocó salir despavorida de Riofrío Valle, cargando sus hijos y escondiéndolos en las bóvedas del cementerio para poder escapar de las hordas asesinas de los chulavitas que arrasaron con su hotel y la peluquería que mi padre le había dejado al morir meses anteriores. La mito-ficción o realidad del momento le permitían asegurar que el ánima de su esposo la protegiópara no ser asesinada con su familia, pues ella la veía rondando los sepulcros alrededor nuestro.

Al quedar sin techo, bienes y desamparada huyó hacia Fenicia Valle, cerca a Tuluá, donde Aldemar Giraldo, alias “Salamina”, quien más tarde sería el esposo de mi hermana, comandaba un reducto de resistencia como el Capitán Franco en la novela.

Esa historia nunca se dilucidó pues era prohibido mencionarla. Mi madre, con mi hermano y yo, erramos muchos años de finca en finca, ella como sirvienta y nosotros como pequeños peones. Muchas huidas, desasosiegos, amanecidas en cañadas por miedo a los “pájaros” o bandoleros que asaltaban las fincas fueron el común diario vivir en los años 49,50,51,52.

Tal vez el recuerdo más ignominioso es cuando un tipo, de nombre T. González, despojó del vestido a mamá, dejándola en fondo, (prenda de vestir interior) y todo porque el vestido era rosado. Este amigo fue muerto de un hachazo en la cabeza años más tarde.

Luego apareció “Salamina” con mi hermana y sobrinos. Él enfrentó la muerte muchas veces, atentaron contra él por defender del despojo a los campesinos, trayendo ejército y emboscando los bandoleros que, entre fracasos y éxitos enriquecieron a connotados gamonales con tierras, parcelas y fincas arrebatadas por “boleteo”.

“Salamina” parecía, como el personaje Belcebeth, de la novela, estar rezado. Nueve atentados le hicieron, le asesinaron los amigos que lo visitaban y sin embargo se dio el gusto de morir de muerte natural rodeado de su numerosa y prolífica familia.

Considero que, así como a mi me hace evocar recuerdos ya refundidos e incompartidos, muchos lectores tendrán la misma experiencia, ya sea por haberla vivido, o por herencia oral de sus abuelos y padres.

Aida Yepes – la escritora

Mi Pequeña Eulalia, además es un hito memorístico para que sucesos desencadenados desde el 9 de abril, sus miles de muertos de ambos partidos, los centenares de familias destrozadas y despojadas, continúen en la memoria colectiva y no desaparezcan estos hechos como sucede con los muertos que nadie vuelve a mencionar y que, ahí sí, mueren por segunda y definitiva vez.

Alguien dijo: “Uno se muere dos veces, la primera cuando exhala el último suspiro y la segunda y definitiva cuando la persona que te conoció te nombra por última vez.”

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