Para: Revista Digital Arrierías 61

La imagen no podría ser más patética. Un grupo de periodistas especializados en el deporte futbolero estaba al borde de las lágrimas. Caras descompuestas, visibles rostros con aire de odio, ira contenida, miradas perdidas en la búsqueda de una respuesta. Periodistas y comentaristas de Antena 3, de la televisión española, programa El Chiringuito de Jugones que concita día tras día, de lunes a viernes a ex entrenadores, jugadores y sabihondos del “arte” de darle patadas a un balón por virtuosos salidos de cualquier lugar del planeta. El otro protagonista Mbappé, un futbolista de alto rendimiento y considerado en la actualidad el “mejor” del mundo, había dejado con los crespos hechos a los inmensos seguidores, directivos y accionistas del perfumado equipo futbolero con sede en Madrid, la capital española.

La cifra que recibe en su nuevo contrato con un equipo francés propiedad de multimillonarios petroleros de un emirato árabe, es realmente escandalosa: en pesos colombianos, por un mes, casi 1.400 millones, lo que no se ganarían varios científicos, investigadores y generadores de ciencia en arduo trabajo de años.

Este mundo está loco. El beneficiado y hábil patadura, con ascendencia africana, ha superado en millones de euros las cifras ganadas por otros deportistas de su misma categoría: Messi, Cristiano Ronaldo y otros “dioses” inventados por la imaginería febril de hinchas del fútbol. Una vez firmó el contrato, le hicieron calle de honor en el estadio propiedad de los árabes donde caminó, en alfombra roja, mientras sus adoradores lloraban y flameaban frenéticamente las banderas de Francia y del equipo en mención.

Por supuesto, mientras los fanáticos franceses reían, en Madrid periodistas, directivos y carga ladrillos estaban a punto del suicidio.

En Colombia, la muerte de un famoso ex futbolista de la selección Colombia, fallecido por accidente automovilístico en altas horas de la noche mientras conducía o viajaba en estado de embriaguez, paralizó por más de una semana a Cali y casi que al país. Los comentaristas trabajando en medios televisivos o de radio en espacios triple A, elevaban casi que a santidad al jugador.

De veras, no entiendo cómo a un excelente jugador -pero no muy buena persona-, llamado Armando Maradona, lo deifican; con estatua lo llevan a un altar y le crean una iglesia de adoración como nuevo dios. Mundo estúpido, fanático, sin rumbo. Insisto, no lo entiendo.

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Desde hace más de 5 décadas, la vía que del Quindío conduce a Ibagué, ha recibido billones de pesos en reparaciones, mejoramientos, construcciones de túneles, contratos, injustificados-algunos espurios-, reajustes, presupuestales, gastos en inauguraciones, vallas, viajes constantes de políticos, gobernadores, presidentes viaticando y mamando injustamente de nuestros impuestos para llenar espacios televisivos y medios periodísticos. Con toda esta parafernalia burocrática y corrupta en vías colombianas, la carretera a la Línea es un desastre. Finalizando el mes de mayo de este año, la vía fue cerrada, como siempre, por problemas de agrietamiento o hundimiento de la banca.

¿Fracaso de la ingeniería colombiana?, ¿ha podido más la corrupción y el saqueo en vías que la efectividad del trabajo que allí se ha realizado? Todos, absolutamente todos, gobernantes, contratistas, ministerios y corruptos se cuidan la espalda. Saben que las vías están mal diseñadas o construidas con materiales defectuosos, y no han hecho previamente el análisis de suelos pertinente, sin embargo, aparecen en videos, fotos “inaugurando” sobre otras “inauguraciones”.

El mal de las vías colombianas en pésimo estado, luego de grandes inversiones en reparaciones o refacciones, es la historia constante. En el Quindío, por ejemplo, el gobernador y la incompetente secretaría de infraestructura no han sido capaces de mandar a recoger en 4 volquetas la tierra que un pequeño alud arrojó en la vía que de Armenia conduce a Génova. De esto hace ya casi 3 meses. Ah, se me olvidaba, un relleno de 30 metros, después de Río Verde, en la misma carretera fue solucionado con una demora de casi 3 años.

Tampoco lo entiendo.

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El artículo 44 de nuestro Ordenamiento Jurídico, dice al final: “…los derechos de los niños prevalecen sobre los derechos de los demás”. En Medellín, la bella y activa capital de Antioquia, unos padres de familia firmaron una carta de rechazo y exigiendo casi que expulsión de unas menores de edad, niñas de menos de 10 años -según denuncia pública hecha por algunos medios informativos y los padres de las pequeñas-absurda y estúpida situación de odio, discriminación y matoneo impulsada por padres integrantes de una sociedad que se dice cristiana, católica y fiel seguidora de los mandamientos de su principal líder, Cristo. El origen de tan absurda petición es político, de enfrentamiento entre seguidores de un funcionario público y un sector de opositores frenéticos que no utilizan la ley, la moral o la ética para definir sus enfrentamientos, sino que lo utilizan a los pequeños para sus torvos fines. No lo entiendo y rechazo todo tipo de abuso que se dé contra el ser humano, contra la mujer y, especialmente, en contra de los niños. Si continuamos así, estos estúpidos que hacen del odio su formación “ética”, están incubando el odio en sus hijos y la espiral de violencia que hemos vivido por siglos, continuará, como siempre se hizo en épocas remotas: padres insuflando odio en sus hijos contra adversarios políticos. Millones de muertos. No entiendo este absurdo.

POST SCRIPTUM: Para terminar este escrito, hay palabras en la cotidianidad de nuestro diario vivir que, si bien pueden tener explicación lógica por los exégetas del idioma, por los puristas del lenguaje, por los fundamentalistas del quehacer dialéctico, no he podido entender. Aquí va:

  • ¿Por qué si pez se escribe con z y peces con c, como es la lógica, porqué “pescados” es con s?
  • Esta otra: ¿por qué al médico que se especializa en operaciones, trabaja en cirugías, se le dice cirujano?

Espero no me sacrifiquen por estas preguntas, para algunos sin sentido, pero les juro, ¡no lo entiendo!

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  • Ernesto Pino Londoño dice:

    Mario, que bueno que comentes sobre este asunto del futbol aparentemente frívolo, pero que concita la atención de todos cuando juega la Selección Colombia y por unos minutos la gente se vuelve solidaria ante el deseo general de ganar, así sea en un juego que va a determinar muy poco sobre el futuro de la población. Lamentablemente, ese deporte magnífico que es el futbol no se escapa del poder indolente del neoliberalismo. El futbol hoy es una inmensa multinacional, poderosa, arbitraria, que aprovecha la magia de los artistas en la cancha; que a su vez son sometidos a las leyes de la oferta y la demanda, como cualquier bien o servicio de la economía. Hay allí una paradoja terrible, imagen de la realidad de los pueblos: una elite que gana millones y una masa inmensa de jugadores que ganan poco y que quieren a cualquier precio llegar a la elite. Hay una frase casi lapidaria que ahora repito: «El futbol es la cosa más importante de las cosas menos importante». El futbol, sin embargo, seguirá siendo el ajedrez de los atletas. Me gusta tanto su magia como al mismísimo Albert Camus.

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