Paisajeando

Para: Revista Digital Arrierías

La Unesco declaró como patrimonio de la humanidad al Paisaje Cultural Cafetero de Colombia, PCC-, el 25 de junio de 2011, reconocimiento internacional que exalta las características de toda una zona específica de producción agrícola, determinación que ha dado la vuelta al mundo y ha catapultado para el reconocimiento turístico a una de las zonas más bellas de la inmensa y variada geografía colombiana.

En ese marco de reconocimiento se encuentran 47 municipios y 411 veredas de los departamentos de Risaralda, Caldas, Quindío y Valle del cauca, zona donde, sin lugar a dudas, se produce el mejor café del mundo por su sabor, la manera como miles de familias campesinas cultivan el grano y como conservan las tradiciones que el cultivo ha ido creando a través de la historia.

Zona montañosa, con arquitectura muy especial y costumbres que han permanecido intactas a través del tiempo donde esas familias campesinas y por tradición, desempeñan roles específicos en la minuciosa selección, del grano, desde la siembra hasta su secado para ser llevado al comercio especializado. Es una gran herencia cultural que aún se conserva.

Hay un plan de manejo y protección del PCC que orienta y educa a la población involucrada en la conservación sostenible de toda la zona reconocida; busca el v bienestar económico y social generalizado, la apropiación del patrimonio cultural y la sostenibilidad ambiental. 1

En el papel, este proyecto es único, importante, determinante para el desarrollo social y económico de toda la zona, pero, ¿realmente se han involucrado el Estado, las gobernaciones, los municipios y la sociedad local en sustentar económicamente el magnífico proyecto?, ¿cuál es el aporte que los concejos municipales han hecho a través de acuerdos para que el proyecto no se derribe ante el avance arrasador de otros cultivos no nativos que han venido afectando el entorno, la naturaleza específica de toda la zona escogida?

Para lograr la preservación de nuestro patrimonio, el gobierno creo la figura de los Vigías del Patrimonio Cultural que busca integrar a toda la comunidad, invitarla a participar y a proteger el medio ambiente, la naturaleza regional y local; que las familias en cada uno de los municipios dediquen un tiempo a recuperar, difundir y mantener vigentes nuestras raíces, nuestro desarrollo específico, nuestro entorno; que verdaderamente conozcamos nuestra historia. Es aquí donde surge la inquietud. Hay una organización de Vigías reconocida en el Quindío, pero, ¿en el norte del Valle del Cauca? ¿En Caicedonia y Sevilla, existe esa organización? Y si existen, ¿cuáles han sido los proyectos, quienes lo dirigen y cuánto dinero dentro del presupuesto municipal se ha aprobado?

En Arrierías nos hemos comprometido con la sociedad a difundir las cosas positivas que tenemos como también a divulgar nuestras falencias como una alerta para mejorar. Estamos visitando restaurantes, exaltando las ferias municipales, detallando el trabajo cultural y artístico, entrevistando personajes que, verdaderamente, aportan al desarrollo de cada una de las localidades del PCC. En nuestras visitas hemos encontrado fallas elementales cono los casos particulares de Sevilla y Caicedonia donde no hay una oficina que labore, visiblemente, en la orientación de quienes nos visitan. Los fines de semana encontramos en carretera cientos de ciclistas en grupos medianos viajando por toda la zona. Los hemos visto frente a los parques y en las zonas demostrar, pero no hay quien los oriente.

¿Quién debe ser ese orientador? Pues una persona que, verdaderamente, conozca la historia y la geografía local, que sepa datos de restaurantes, alojamientos y precios, que conozca del plato típico local, regional y sus ingredientes, en fin, debe ser una persona con una buena formación humanística.

Es una verdad de a puño que los alcaldes llegan al poder con votos asegurados, con determinada tendencia y que deben cumplir “obligaciones” con sus votantes. Pues, aceptemos el hecho, pero deben estar allí los mejores, los mejor formados, las personas con una formación ética, cívica y social que sean ejemplo. No sólo se asegura un empleo para las personas (ojalá jóvenes y bien presentados), sino que los municipios recibirán, como contraprestación, la llegada de cientos de turistas que ayudarán un poco en la ya afectada economía de estos bellos pueblos del Paisaje Cultural Cafetero. Estamos a tiempo de empezar a mejorar.

  1. La Federación Nacional de Cafeteros y el Ministerio de Cultura, han sacado a la luz pública una cartilla informativa con todos los pormenores sobre el tema.
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