Cuando se aproxima el 31 de diciembre, cada uno de nosotros empezamos, casi de manera automática, a hacer un balance sobre los logros, experiencias y fracasos vividos el año que inmediatamente termina, y de igual manera, empezamos a visionar nuestros propósitos para el año que va a comenzar.

A finales del 2020 estábamos viviendo un fin de año totalmente atípico debido a la pandemia y a sus implicaciones referentes a la salubridad familiar y mundial, al aislamiento obligatorio, a una severa recesión económica y al estado de incertidumbre que rodeaba a todo el globo terráqueo.

Hoy, y a pesar de haber pasado ya un año, la situación no esta tan clara como esperaríamos ver, y muy por el contrario, nos encontramos con variables que siguen llenando nuestras vivas de incertidumbre, y en muchos casos, de escepticismo. 

La pérdida de tantas vidas, la aparición de nuevas cepas y variantes del coronavirus nos sigue sometiendo a medidas extremas para la prevención de afectaciones.Vivir nuevamente cierres o limitantes en muchospaíses del mundo, alza mundial en el preciode todos los productos de consumo y servicio achacado a la inmovilidad marítima debido al caos por el suministro de contenedores, el rompimiento del flujo armónico en el suministro de piezas estratégicas para la fabricación de maquinarias, el descontento y rebeldía de algunos sectores sociales para la colocación de vacunas, la lenta recuperación de las economías mundiales y su impacto en el empleo y el ingreso per-capital, y además la permanencia de muchos factores que no se han podido superar, hacen que el balance de fin de año no sea muy favorabley los propósitos para el próximo año se vean grises y muy limitados.

Cuando en nuestro país seguimos viendo los altos niveles de corrupción, la falta de interés de los jóvenes en participar de procesos democráticos que los involucra, cuando la polarización en los discursos pretenden exarcerbar el interés político, entre otros aspectos que afectan el diario vivir, podemos predecir un inicio de año difícil: en temas económicos (debido al exagerado aumento del costo de vida), en temas de salud pública (por los efectos de las variables de la pandemia), en temas políticos (el 2021 es un año electoral), y en noticias de catástrofes por culpa del intenso invierno.

Sin embargo, nuestra estirpe y carácter será capaz de enfrentar unos nubarrones tan oscuros como el estado de invierno que vivimos en la actualidad. Nuestra capacidad de resiliencia es demasiado alto, y por ello, nuestra FE permanece intacta esperando días mejores para nuestro golpeado país.

La navidad no se trata solo de la época para recibir regalos, se trata de la época del año más llena de alegría y esperanza, donde abrimos nuestro corazón a nuestros mejores propósitos.

Para todos nuestros lectores un mensaje lleno de Fe: los días mejores están por venir. Somos unos privilegiados, pues aún podemos ver y disfrutar de la viva, y sé que en unión de nuestras familias y seres queridos, celebraremos una navidad llena de fraternidad esperando que el próximo año, podamos contar con la fortuna de podernos volver a encontrar.

FELIZ NAVIDAD Y PROSPERO AÑO NUEVO.

JOSE EMILIO YEPES RIVAS

COLUMNA PALABRA EMPEÑADA

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