Emilio Ballagas, poeta cubano.

Emilio Ballagas

En este desocupe y aislamiento voluntario pandémico y paranoico, la lectura temática ha sido compañera inseparable para no dejar que el tedio y la laxitud terminen llevándonos al reclusorio mental.

Decir adiós a quien se ama y aceptar el hecho, es algo que los poetas han descrito de diferentes maneras:

Andrés Mata, escribe:

¿Un amor que se va? ¡Cuántos se han ido!

Otro amor llegará más duradero

y menos doloroso que el olvido.

El alma es como el pájaro inseñero

que, roto el nido en el ruinoso alero,

bajo otro alero reconstruye el nido.

Manuel Benítez Carrasco:

SOLEÁ DEL AMOR DESPRENDÍO

fragmento

«Mira si soy desprendío

que ayer, al pasar el puente,

tiré tu cariño al río».

Y tú bien sabes por qué

tiré tu cariño al río:

porque era hebilla de esparto

de un cinturón de cuchillos;

porque era anillo de barro

mal tasao y mal vendío,

y porque era flor sin alma

de un abril en compromiso,

que puso, en zarzas y espinas,

un fingimiento de lirios.

Cuando se encuentra algo especial, sin estarlo buscando, tenemos muchas maneras de describir el hallazgo. Serendipia es la palabra que designa ese encuentro y aunque no es una palabra del español si es usada desde hace 250 años por un famoso cuentista.

Emilio Ballagas. Camagüey, 1908 – La Habana, 1954. Poeta cubano cuya obra es representativa del vanguardismo de la década de 1930; es uno de los más estimados líricos nacionales de todos los tiempos, por la finura y perfección de su estilo.

Profesor universitario, alternó además literatura y periodismo a lo largo de toda su vida. De personalidad poética contrastada a través de dos direcciones de muy distinta orientación, por un lado, se lanzó a la búsqueda de la poesía pura y por otro se adentró en una lírica popular y folclórica. Por ello se le situó siempre entre las dos tendencias que caracterizaron el vanguardismo cubano: la «purista» de Dulce María Loynaz, por ejemplo, frente a la tendencia «realista» de Nicolás Guillén.

Una característica de este poeta cubano es su producción literaria porque siendo de la alta alcurnia, y de raza blanca, gran parte de su fecunda obra es de tipo afro, como la de Manuel Zapata Olivella, Candelario Obeso y otros poetas y poetisas de las negritudes colombianas.

Para cantarle al amor que se fue, produjo uno de los más hermosos poemas de la lengua española: Nocturno Y Elegía.

Nocturno y elegía

Si pregunta por mí, traza en el suelo

una cruz de silencio y de ceniza

sobre el impuro nombre que padezco.

Si pregunta por mí, di que me he muerto

y que me pudro bajo las hormigas.

Dile que soy la rama de un naranjo,

la sencilla veleta de una torre.

No le digas que lloro todavía

acariciando el hueco de su ausencia

donde su ciega estatua quedó impresa

siempre al acecho de que el cuerpo vuelva.

La carne es un laurel que canta y sufre

y yo en vano esperé bajo su sombra.

Ya es tarde. Soy un mudo pececillo.

Si pregunta por mí dale estos ojos,

estas grises palabras, estos dedos;

y la gota de sangre en el pañuelo.

Dile que me he perdido, que me he vuelto

una oscura perdiz, un falso anillo

a una orilla de juncos olvidados:

dile que voy del azafrán al lirio.

Dile que quise perpetuar sus labios,

habitar el palacio de su frente.

Navegar una noche en sus cabellos.

Aprender el color de sus pupilas

y apagarse en su pecho suavemente,

nocturnamente hundido, aletargado

en un rumor de venas y sordina.

Ahora no puedo ver, aunque suplique

el cuerpo que vestí de mi cariño.

Me he vuelto una rosada caracola,

me quedé fijo, roto, desprendido.

Y si dudáis de mí creed al viento,

mirad al norte, preguntad al cielo.

Y os dirán si aún espero o si anochezco.

¡Ah! Si pregunta dile lo que sabes.

De mí hablarán un día los olivos

cuando yo sea el ojo de la luna,

impar sobre la frente de la noche,

adivinando conchas de la arena,

el ruiseñor suspenso de un lucero

y el hipnótico amor de las mareas.

Es verdad que estoy triste, pero tengo

sembrada una sonrisa en el tomillo,

otra sonrisa la escondí en Saturno

y he perdido la otra no sé dónde.

Mejor será que espere a medianoche,

al extraviado olor de los jazmines,

y a la vigilia del tejado, fría.

No me recuerdes su entregada sangre

ni que yo puse espinas y gusanos

a morder su amistad de nube y brisa.

No soy el ogro que escupió en su agua

ni el que un cansado amor paga en monedas.

¡No soy el que frecuenta aquella casa

presidida por una sanguijuela!

(Allí se va con un ramo de lirios

a que lo estruje un ángel de alas turbias.)

No soy el que traiciona a las palomas,

a los niños, a las constelaciones…

Soy una verde voz desamparada

que su inocencia busca y solicita

con dulce silbo de pastor herido.

Soy un árbol, la punta de una aguja,

un alto gesto ecuestre en equilibrio;

la golondrina en cruz, el aceitado

vuelo de un búho, el susto de una ardilla.

Soy todo, menos eso que dibuja

un índice con cieno en las paredes

de los burdeles y los cementerios.

Todo, menos aquello que se oculta

bajo una seca máscara de esparto.

Todo, menos la carne que procura

voluptuosos anillos de serpiente

ciñendo en espiral viscosa y lenta.

Soy lo que me destines, lo que inventes

para enterrar mi llanto en la neblina.

Si pregunta por mí, dile que habito

en la hoja del acanto y en la acacia.

O dile, si prefieres, que me he muerto.

Dale el suspiro mío, mi pañuelo;

mi fantasma en la nave del espejo.

Tal vez me llore en el laurel o busque

mi recuerdo en la forma de una estrella.

El contraste de Ballagas y su poesía lo hallamos en:

Canción para dormir a un negrito

(Canción infantil)

Drómiti, mi nengre,

drómiti, ningrito.

Caimito y merengue,

merengue y caimito.

Drómiti, mi nengre,

mi nengre bonito.

¡Diente de merengue,

bemba de caimito!

Cuando tú sia glandi

va a sé bosiador…

Nengre de mi vida,

nengre de mi amor…

(Mi chiviricoqui,

chiviricocó…

¡Yo gualda pa ti

tajá de melón!)

Si no calla bemba

y no limpia moco,

le va’abrí la puetta

a Visente e’loco.

Si no calla bemba

te va’da e’gran sutto.

Te va’a llevá e’loco

dentro su macuto.

Ne la mata’e güira

te ñama sijú.

Condío en la puetta

etá e’tatajú…

Drómiti mi nengre,

cara’e bosiador,

nengre de mi vida,

nengre de mi amor.

Mi chiviricoco,

chiviricoquito

Caimito y merengue,

merengue y caimito.

A’ora yo te acuetta

’la maca e papito

y te mese suave…

Du’ce…, depasito…

y mata la pugga

y epanta moquito

pa que due’ma bien.

A esto llamamos una Serendipia, encontrar tesoros de la poesía, o de cualquier tema, en rincones desconocidos u olvidados.

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