Leyendo el titular de este escrito, el lector desprevenido fácilmente puede hacer analogía con sitios dantescos, de brujería; morada habitacional del crimen,  donde se cometen delitos de todo tipo; en fin, un lugar donde el terror puede ser el centro de operaciones de determinados y oscuros personajes o, también, asocian la palabra con un linaje de tradición familiar que identifica personajes principescos o determina fuertes organizaciones familiares de políticos o descendientes que van traspasando sus votantes y/o su poder de generación en generación, como los Romanov en Rusia, Los Kennedy en Estados Unidos o algunas muy arraigadas en Colombia.

No, no es eso. Hace muchos años en Caicedonia existía una especie de hermandad basada en la amistad, la solidaridad ligada por la bohemia, la dipsomanía, las citas de reuniones como si fuese un club con personería jurídica con muy pocos integrantes y dadas sus características del buen vivir, la gastronomía y el buen licor, las malas lenguas del pueblo, especialmente de señoras beatas o “gente bien” que veían a estos personajes y sus actividades íntimas, en una pequeña casa central del pueblo, como un centro de perdición, de demonios a quienes no se atrevían a denunciar o enfrentar directamente. Solo el chisme, la maledicencia y el comentario bajo, voz a voz, servían para sacar a relucir sus frustraciones, su no pertenencia a tan selecto club.

Nerón, Pescuezo, Chita, Pacho alcohol, el Buey, Maciste y Arepa eran los apodos de los reconocidos personajes que integraban el grupo. Comerciantes, finqueros o hijos de finqueros eran estos personajes que, como ciudadanos tenían reconocimiento y un buen nombre en el pueblo: Pedro Juan Herrera, Alonso Gómez, Plutarco Giraldo, los hermanos Guillermo y Julio César Ocampo, además un personaje de inolvidables anécdotas, Luis Osorio a quien titulan como el fundador de la cofradía. 1-

Uno de los principales personajes de esta singular Casa Pantagruélica y digna de la época romana de los grandes Césares, fue Pedro juan Herrera. Hombre de exquisito hablar, lector consumado de chispa e ingenio quien tenía esa extraña capacidad de envolver con su narrativa a quien lo escuchaba. Cocinero exquisito y delicado en el quehacer gastronómico. El Buey, como popularmente lo llamaban sus amigos por su corpulencia y altura sobresalía sobre la de sus compañeros y amigos de parranda.

Cierta noche de un día viernes, se reunieron en esa famosa Casa para iniciar su bohemia donde la dipsomanía era el fuerte y ya en horas de la mañana del sábado, con hambre y la mella del cansancio físico y resaca, Pedro Juan empezó a elaborar un suculento sancocho con gallina, espinazo y carne de cerdo más los aditamentos necesarios para la preparación del condumio. Nuestro personaje de este cuento mandó a comprar varios sobres de sal Glober. Una vez estuvo hecho el suculento almuerzo, sacó su porción y la del recadero quien, extrañado, no comprendía el porqué o para qué de la famosa sal Glober. Cuando terminaron de consumir lo servido para ellos dos, don Pedro Juan cogió ocho sobres de sal Glober y los expandió en la gran olla donde hacía el almuerzo. Revolvió todo, sirvió a los demás y se despidió en medio del aplauso y agradecimiento de los asistentes por su “desprendimiento” al hacer y servir este suculento plato tan tradicional en el alma campesina de mi pueblo.

En menos de una hora, el poderoso laxante empezó sus efectos sobre los comensales quienes hacían fila para entrar al único inodoro. La fuerza del laxante obligó a utilizar cada rincón de la casa. Se acabó el papel higiénico y el olor nauseabundo empezó a regarse por toda la cuadra en donde estaba ubicada la famosa Casa Maldita.

 Nuestro amigo Pedro Juan, cuando salió de la casa luego de hacer la pesada broma, se fue hacia el Cauca, Municipio de El Tambo, donde su Hermano, don Ramón Herrera había comprado una inmensa finca para su hijo Rodrigo. Volvió nuestro personaje a los cuatro meses a Caicedonia donde sus amigos, extrañándolo y luego de volver risa la pesada broma, lo esperaban con brazos abiertos para continuar su vida bohemia, del buen beber y el buen vivir.

  1. Ramírez Monard, Mario. Anécdotas, Exageraciones, Mentiras, Cuentos y Cachos de mi pueblo. Editorial Tipografía Atalaya, Caicedonia Valle del Cauca 2011.
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