ABUSO OFICIAL

Los casos de corrupción en Colombia son ilimitados: coimas, contratos amañados, exceso de burocracia, constreñimiento político y muchos más que tienen desangrado económicamente al país mientras que la torpeza o acomodo de los gobernantes los lleva a hacer mutis por el foro o trabajar de la mano de los mismos corruptos. Miles de millones de pesos que, año tras año, se pierden en esa maraña de políticos, de funcionarios corruptos.

Hay una especie de caja menor que establecen entidades municipales afectando a la gente del común, al trabajador inerme que tiene que afrontar las multas o partes que conducen a sanciones económicas lesionando, directamente, el magro presupuesto familiar. En el Quindío esto es más que visible.

Un vecino de Caicedonia, fiel cumplidor de su deber de ciudadano, que no es corrupto y trata de seguir al dedillo el ordenamiento establecido, tiene un pequeño predio rural y debe desplazarse cotidianamente al pueblo a comprar lo básico para su finca.

Se moviliza en un pequeño y viejo campero al que cuida con esmero: revisión tecno mecánica, rodamientos, impuestos, Soat y toda esa carga tributaria que la ley establece. Tuvo urgencia de viajar al Quindío, concretamente a Armenia, y de regreso se encontró en carretera un sitio rural frecuentado por los guardas de tránsito del Quindío. Le revisaron papeles, extintor y fueron minuciosos en exigirle hasta lo más mínimo. Cuando reinició la marcha, uno de los bombillos de las direccionales no funcionó. Inmediatamente lo paran y le aplican un parte con multa cercana a un millón de pesos. “Tengo cincuenta mil razones para multarlo” en una alusión directa o mensaje satánico de tener que pagar como coima cincuenta mil pesos para no multarlo.

Cuando salió de Caicedonia, todo estaba en orden y es probable que la pésima condición de la carretera veredal donde vive haya incidido en la desconexión o quema del pequeño objeto, pero su “eminencia”, el guardia de tránsito “tenía” que aplicar la norma como está establecida. Sin discusión, en silencio y sin ofrecimiento alguno esperó varios minutos mientras “llenaban el parte”. Jamás protestó, alegó u ofreció dinero a los incomprensibles empleados oficiales quienes, a rajatabla, y en forma exegética aplican normatividad que no entienden o que deben ejecutar con el fin de llenar las arcas oficiales. Insisto, en el Quindío esto ocurre frecuentemente sin dar tiempo a explicaciones o que la persona pueda solucionar el pequeño daño para evitar una multa desproporcionada que afecta la economía de un pequeño propietario, de un empleado o de una persona con grandes problemas económicos en medio de semejante crisis. Multar a una persona porque se funde un bombillo de su auto es igual a multarlo porque en carretera se desinfla una llanta.  Un verdadero abuso.

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LA RAIGAMBRE

“Uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida” 1

La raigambre se define como todo aquello que liga a un ser humano con un entorno, con su etnia, con su sitio geográfico. Es echar raíces, pertenecer a….

Ese sentimiento que se lleva en lo profundo del alma, del sentimiento, nos permite regresar a su niñez, a los recuerdos gratos, al entorno familiar que se añora. Se siente cuando estamos lejos, a distancia de los “viejos sitios” como dice la bella canción.

En pueblos, grandes ciudades, países, existen íconos, monumentos, placas, grabaciones, casonas donde se “amó la vida” y con el paso de los tiempos, cuando poco apoco van viajando al infinito nuestros ancestros, su descendencia regresa a esos lugares y buscan esa representación que llevan en el alma, precisamente porque sus viejos siempre los refirieron, pero, muchas veces, esos monumentos o recuerdos visuales han desaparecido o los han hecho desaparecer. La tristeza y decepción son infinitas.

En Caicedonia -como pasa en muchos pueblos y ciudades-, por desconocimiento, estupidez o simplemente por el avance devorador del modernismo, desaparecen muchos de esos íconos o sitios de referencia.

Al hablar con personas que conocen y añoran lo que se ha ido perdiendo, refieren sitios, monumentos o recordatorios ya desaparecidos, retirados, escondidos o destruidos. He aquí algunos referentes:

  • Placas en Casa de la Cultura; escuela Aragón Quintero; escuela Camilo Restrepo en barrio Obrero; Palacio Municipal, placa en homenaje a educadores y donada por Asoamigos, colonia Caicedonita en Bogotá; placa en casa cural en homenaje a sacerdotes, entre ellos al presbítero Federico Arroyave
  • Monumento a la bandera con placa instaurada en 1954, en el Parque Infantil.
  • En escrito hecho por nuestro colaborador y amigo, el profesor Guillermo Escobar, preguntaba sobre el destino del monumento a la mujer y el del mono aullador sin que haya recibido respuesta hasta el momento.
  • El hecho más aberrante, penoso y triste acontecido en una administración anterior, fue la “restauración” del mural pictórico de uno de los artistas y pintores más importantes de Caicedonia, obra que hizo nuestro desaparecido amigo Eduardo Mejía, extraordinario trabajo hecho en la Casa de la Cultura. Pues, no llamaron a un restaurador sino a un “remodelador” de la obra quien cambió parte de la esencia de uno de los personajes, el indio que allí aparece. Se tiraron la pintura ante la complacencia o desconocimiento de quienes debían velar por nuestra riqueza cultural. Un verdadero atentado de lesión cultural contra nuestro patrimonio.
  • Eduardo Mejía, es, sin lugar a dudas, nuestro mejor exponente del arte pictórico. Merece un reconocimiento aparte y por eso nuestra próxima edición dedicará un artículo a su vida, obra y trayectoria.
  • El famoso teatro Aladino, uno de los sitios más representativos del pueblo, no sólo por las películas que traía don Héctor Osorio, sino también por los grandes espectáculos musicales en vivo. Hoy es un sitio abandonado, lánguido, triste.

Sé que faltan muchas cosas más por referir, pero lo que queremos resaltar es la poca importancia que, para autoridades municipales, gubernamentales o nacionales, tiene la cultura o la educación, donde, regularmente, llegan personas sin criterios, sin formación a “manejar” la cultura y los resultados desastrosos no demoran en aparecer. Una triste realidad que merecemos por nuestra indolencia e inanidad.

  1. Bella canción grabada en las voces de Mercedes Sosa y la inigualable de Gina María Hidalgo. Autor, el poeta y compositor argentino Armando Tejada Gómez
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