Arrierías 83.

Por: Mario Ramírez Monard.

-“Señor, lo que usted está haciendo no es correcto, eso es robar. Le voy a contar al dueño”.

Esta anécdota, que más parece u cuento de niños o de ficción, ocurrió en una rica, pero abandonada zona agrícola en plena cordillera central del antes gran productor del mejor café del mundo, Caicedonia.

Se hacía una visita técnica en la región Campo Azul con un médico veterinario que acompañaba a otros profesionales y campesinos integrantes de la comunidad. En un descanso, el médico fue a coger cítricos de un palo cerca de la casa central del pequeño predio; mientras tumbaba algunos limones, el profesional dijo al niño, en son de charla informal– cojamos otros limones más para echar en la mochila, sin que el dueño de la finca se dé cuenta. El niño paró la recolección, increpó al tomador del pelo y siguió recriminándolo

 – Eso no se hace, ¡eso es robar!

Esta anécdota la escuché de los mismos actores, dueño de la finca y el médico -los dos de Caicedonia-, quienes en medio de la risa resaltaban el regaño que un pequeño de siete años le dio al ya septuagenario veterinario y líder social del Valle del Cauca.

Arrierías, resaltando la importancia del hecho, para muchos insignificante, envió a quien esto escribe a visitar la zona, especialmente, a la familia que dio origen a la historia y lo que parecía ser un viaje cómodo, sin sobresaltos, se convirtió en una verdadera odisea debido al pésimo estado de la vía carreteable que comunica a Caicedonia con esta gran despensa agrícola.

Aures hace parte de esta zona montañosa y fue una de los puntos donde la violencia política hizo estragos por la imposición de políticas partidistas a sangre y fuego y el consecuente desplazamiento de campesinos quienes se vieron obligados a regalar sus tierras o al abandono por la presión de bandidos que hicieron de la región un verdadero fortín que originó, posteriormente, al establecimiento de una gran unidad del ejército para aplacar y desalojar a los asaltantes que imperaban y tenían todo el poder.

Cuando fue apaciguada la zona, Muchos de esos predios rurales fueron adjudicados a través del Incora a pequeños, hoy Incoder, campesinos que recibieron las escrituras y hoy están ahí, luchando en medio de las dificultades para poder subsistir.

  • Cuando llegan las elecciones, los políticos y los aspirantes a puestos públicos aparecen en masa a visitarnos, prometernos. Dan comida, regalan pequeñas cosas, dan algún dinero y el día de la votación pagan transporte para llevarnos a votar. Luego nos abandonan-. Es la queja que aflora apenas hablan con quien esto escribe.

Visitar toda esa parte montañosa de la cordillera central nos da la visión de la gran gesta que colonos pioneros realizaron para tener un predio, un lugar donde subsistir, donde ampararse de las constantes guerras que asolaron y destrozaron a Colombia durante la segunda mitad del siglo 19. Todos antioqueños, abrieron camino, organizaron sus arrierías y los domingos bajaban al pueblo a vender sus productos y a comprar las respectivas remesas.

Con el tiempo y el desarrollo económico fundamentado en la economía del café, abrieron pequeñas carreteras veredales y comienza a prevalecer una nueva forma de transporte, el jeep, pequeñas máquinas que fueron parte integral del ejército norteamericano para su movilidad en la segunda guerra mundial, posteriormente, en la guerra de Corea y demás conflictos en la llamada guerra fría. Pues estos vehículos polifuncionales, se convirtieron en la forma de movilizar pasajeros y productos en la gran zona montañosa del Eje Cafetero. Comenzó a desaparecer la arriería, las mulas y esa gesta de guerreros de los caminos rurales, los arrieros que sacrificaron toda su vida para alimentar la economía colombiana.

Por supuesto, se hacía mantenimiento de vías carreteables rurales y el desplazamiento de la comunidad con sus productos se hacía más rápido y fácil. Hoy, esa vía se encuentra en estado lamentable: abandonada, con huellas de cemento mal hechas en materiales deficientes y antes que mejorar, ha empeorado la situación de toda esta región cordillerana. No sólo hay pobreza generada por muchas causas, sino que el Estado, en cabeza de municipios y gobernaciones, ha dejado a su suerte toda la vida campesina de nuestra región. Para el campesino, la vida es dura y complicada, pero sigue en su lucha por la sobrevivencia y por levantar un entorno familiar respetable y respetuoso. Muchos han abandonado el café como producción única para iniciar un proceso de diversificación de productos para comercializa y consumir, lo que los expertos llaman Economía Circula.

Han tenido que diversificar a través de la horticultura, ganado de leche, cabras, producción apícola, plátano y demás. Se dio el caso especial de madres cabeza de hogar que lograron adquirir una pequeña planta para procesamiento de la fibra de la guasca de plátano. Una reconocida cadena de televisión, auspiciada por la gobernación del Valle, dio gran despliegue a este gran trabajo, pero la falta de apoyo obligó a las artesanas a dejar a un lado el proyecto AGROARTES. La maquinaria está ahí, en una finca sin que se pueda utilizar por la falta de un motor. Pregunta: ¿dónde están los políticos promeseros para buscar una solución inmediata a un problema menor de nuestros campesinos? Hacen mutis por el foro, como siempre.

Sí, hay futuro y ese futuro está en el campo, en esas personas buenas como Elkin, Sandra Milena y sus hijos Kevin, el de nuestra historia y Jacqueline, una bella jovencita de 14 años quien hace promoción del gran café de origen, completamente ecológico que produce la finca siendo ella misma quien lo tuesta, muele y envía por internet mensajes audiovisuales donde se ve el proceso que hace para producir ese sabroso café DAKAR, que promociona en Caicedonia toda la familia, voz a voz y ofrecen otro producto más, miel, que se da en el pequeño predio familiar. Son un ejemplo de convivencia, amor, respeto, solidaridad y esperanza de un mundo mejor en su pequeña parcela, sueño que es el de toda la comunidad que logramos visitar. Seguro, hay futuro, hay gente muy buena y esa, en su mayoría, está en el campo.

POST SCRITUM. Desde Arrierías, un abrazo para los otros campesinos que visitamos, la señora Mercedes, don Rodrigo, María Elena. Personas como ustedes, son la mejor opción de Colombia.

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