Bárbara llega a casa después de un largo día de estudio, al entrar se encuentra con múltiples mensajes y llamadas de su pareja Emily, al abrir la conversación nota que en los primeros mensajes la estaba saludando -hola bonita ¿cómo estás? –  luego de este mensaje, unos angustiantes puntos suspensivos, posteriormente se encuentra con una mujer iracunda -donde putas esta porque no responde? ¿Con quién está? hola hola? -Bárbara luego de leer estos mensajes decide llamarle. 

-Hola Emily venía en el bus y no pude contestar- Emily muy grosera le responde 

-No le creo nada, usted estaba con alguien más, ya va a ver- – lo dice en un tono muy agresivo- cuelga. 

En ese momento Bárbara con una gran presión en su pecho y un nudo en su garganta llama desconsolada a su amiga Ana. 

-Hola Ana, volvió a pasar, de nuevo no pude responderle, ella estaba muy enojada y me amenazó-

– Amiga esto no puede seguir pasando, yo entiendo porque Daniel también es así, mucho cuidado una vez después de una discusión así, él intento golpearme- luego de un silencio Ana y Bárbara acuerdan encontrarse con su amiga Juana al día siguiente en un café del centro de la ciudad.

Bárbara que es la más puntual de sus amigas llega de primera y se sienta en un costado del café cerca de unas plantas y un mural que decía ni una menos, el cual se queda observando por unos minutos, Juana y Ana llegan juntas, se abrazan y al terminar de acomodarse, se acercan a tomarles el pedido, se miran y de inmediato dicen -3 cervezas. –

Comienzan a hablar y Juana les dice, el oso, -como le decía de cariño a su pareja-, me amenazó, anoche se puso iracundo, en su mirada habitaba un ser diferente, su cuerpo tensionado, iba de un lado para el otro, cuando quise salir no me lo permitió, -en ese momento comienza llorar sus amigas le dicen que no se sienta mal que ellas están ahí para escucharla.

Cuando logro estar un poco más tranquila les dice, -he visto en una red social, un perfil de un grupo de mujeres que se reúnen los sábados en el café que queda a tres cuadras de acá, realizan círculos de palabra y me gustaría empezar a participar, también, se realizara una exposición de arte acerca del cuerpo de las mujeres en el siglo XXI- en ese momento una voz les avisa que sus frías cervezas estaban llegando.

Luego de unos sorbos de sus cervezas, Ana les dice, que tal vez no pueda asistir porque no sabe que pueda pensar su pareja, -amigas ustedes saben cómo es, yo les aviso después, pero, me parece súper interesante la propuesta.

En ese momento una notificación en el celular de Bárbara hace vibrar la mesa, – es Emily-  -dice y en su voz se percibe algo de tristeza- revisa el mensaje, pero no le responde, respira y mirando a Juana le confirma su asistencia al encuentro del sábado- cuando la tarde se comienza a extinguir Ana se levante y se despide – me debo ir, me gusta llegar antes… ustedes saben- entonces todas se levantan, se aproximan a la caja y se despiden, no sabían que después de ese día las cosas no volverían a ser iguales.

Aquel sábado las tres amigas llegaron al café el akelarre, algo tímidas, se acercaron a cinco chicas que les explicaron cómo se desarrollaría el encuentro y que la ida era poder expresarse con tranquilidad, cuando llegaron más mujeres se acomodaron en un círculo, algunas se levantaron y colocaron en el centro del círculo frutas, arepas y un hervido de frutos amarillos que aromatizaba todo el espacio.

Barbaba quien se encontraba en medio de sus amigas, les susurra, no sé porque me siento como en casas, pero tengo ganas de llorar. –Se miran, sonríen y con sus cabezas hacen un gesto de aprobación sobre lo que su amiga les decía- luego de esto una pregunta da inicio al encuentro, ¿Qué lugares consideran inseguros? Ana baja su cabeza, piensa, mi casa mi hogar es un lugar inseguro, al llegar, un frio recorre mi cuerpo, el corazón se acelera, mi estómago se revuelve. Entonces escucha como alguien más relata que su hogar es un lugar hostil, la mujer cuenta – una mirada asecha mi caminar, un cuerpo me aprisiona, corta mis alas, pero esto aquí, lista para volar- las lagrima se le escaparon a Ana y sus amigas tomaron su mano, luego otra pregunta ¿Qué lugares consideran seguros? Un silencio invadió el espacio, los minutos corrieron y el encuentro termino.

Al salir la novia de Bárbara la estaba esperando y al verla conversar con una chica diferente de sus amigas la tomo del brazo y la aparto, la miro a los ojos y le dijo que ya lo sabía todo, que debía explicarle quien era esa mujer y porque estaban conversando. Bárbara con una presión en su pecho le responde, – no quiero más esto, aléjate, suéltame por favor, estar contigo… esta violencia, que no me dejes salir o que salir sea todo un problemón, no más, aléjate, he visto esto antes, comienza con gritos, empujones, controlar espacios, estamos repitiendo lo que esta cultura patriarcal plantea, controla a la mujer, silénciala, siempre en la casa, nunca en la calle, pues NO, esto se termina, se aleja y sus amigas la abrazan, y su ahora expareja le grita desde la acera del frente, – te vas a arrepentir-

Luego de esto, los encuentros se convirtieron el algo principal en sus agendas, más tarde, estaban organizando círculos de palabra en diferentes lugares hasta que fundaron su propio colectivo panteras violentas.

Una tarde nuevamente de visita en el café Elakelarre, las tres mujeres jóvenes, mientras tomaban unas frías cervezas narraban como habían logrado realizar cambios en sus vidas, Bárbara sonrió, las miro y dijo, -ahora las miro a ustedes, a las otras, a las que nos abrazaron cuando el camino parecía lleno de retos, tomaron nuestras manos y acompañaron esta transformación, gracias a mis sororas.

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