Las amenazas de muerte me preocupan; son un pretexto para beber con mis amigos.

En la pianola la canción del Charrito Negro: “…Cuando yo me muera, no quiero que lloren, hagan una fiesta con cohetes y flores…”. Borracho apoyo mi cara a la mesa y empiezo a soñar que…

Estoy en Armenia y averiguo el porqué de la reciente muerte de mi hermano. Entro a un sitio extraño donde las cosas y las personas tienen contornos indefinidos.

En el sueño escucho la voz de la persona que me dice: “parce, a su hermano lo contrataron; le entregaron un arma y dinero.”

… y si muero lejos del amor que quiero manden una carta y que venga enseguida…”

“Su hermano murió a tiros en un callejón. Y fue sepultado como N.N. Sí parce, así de breve”.

Aparece otro hombre con una caja de embolar. Empieza a lustrarme y a silbar la canción de la pianola. A intervalos levanta la vista de mis zapatos, intenta hablar pero opta por callar y trato de aprender la rutina de los movimientos de su oficio.

“Su hermano tenía puestas unas gafas oscuras y pasamontañas. ¿Cierto? El comerciante de legumbres fue a la policía y lo denunció”.

…cuando muera que suelten palomas para que en sus alas se vaya mi alma…

“Su hermano se metió en la gigante por los contactos que tenía con gente mala de otra parte, eso dicen, y sospecho yo…”.

Y otra voz añade:

“No era su primer trabajito. Se perdía por días y volvía a darle a la bebida, a las mujeres y a otras vainas aburridoras, usted sabe… Les salió fácil contratarlo, estaba marcado, vale…”.

De repente, en el sueño estoy en otro lugar, sentado en un muro y a mi lado un hombre que fuma, de cabello negro ensortijado, ropa sucia, y a quien tomo por reciclador y habla sin mirarme:

“Antes de viajar yo le presté la gorra y la chaqueta. Él era comerciante, fornido, gustaba tomar cerveza en una cantina de mala muerte, por allá en un barrio malo de la ciudad, frente a una iglesia cristiana y a un cementerio católico”.

…para que me bese como despedida cuando ya me dejen con la tierra encima…

Otra voz, de alguien que no veo, dice:

“Como a su hermano le dio miedo disparar lo mataron a él. Los flojos no sirven para este oficio… ni para ninguno. Así es… ¿o no?”.

…para que me bese como despedida cuando ya me dejen con la tierra encima…

Me estrujan… despierto y restriego mis ojos: siento el frío del arma que apunta a mi cabeza.

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