Si fuéramos a traducir de manera literal la palabra oasis, tendríamos que describirlo como un lugar verde en medio de un desierto, donde emana abundantemente el líquido vital (el agua) y considerados excepcionalmente agradable.

A los ojos de aquellos que creemos que la vida tiene diferente facetas, y entre ellas, la de la espiritualidad, encontramos que en Caicedonia, Valle del Cauca, se encuentra un sorprendente e  inimaginado oasis, para los que profesamos la fe católica.

Es la Congregación de Jesús misioneros de santa María madre de Dios, liderados y dirigidos por Iselmid Selenne Tamayo Sánchez, un grupo de laicos católicos comprometidos con el hacer el bien y buscar la salvación de todo quien necesite ser escuchado, y quienes ofrecen en muchos lugares del mundo, pero especialmente en la centinela del Valle, un oasis para regocijar el espíritu y alivianar las penas.

Una agrupación de personas sedientas de la misericordia divina y que desde 1994 se han comprometido con la obra de trascender y apoyar a quien lo necesite, y quienes además de su misión evangelizadora, han logrado ejecutar también obras de ladrillo y cemento, que deja una huella indeleble en quien tiene la fortuna de visitar.

Una de ellas es el santuario ofrecido a santa María madre de Dios, un oasis en medio de un exuberante vegetación que invita a caminar con Cristo en la espiritualidad mariana.

Quienes hemos podido visitar y vivenciar las experiencias de buscar sanar enfermedades y encontrar la paz en medio de la naturaleza, damos testimonio de la infinidad de milagros que allí se logra conseguir. La vida y cada día vivido es de por sí un milagro, pero lo que se siente visitando este mágico lugar en medio de cultivos, flora y fauna, solo lo podrá describir quien lo visita.

Es sorprendente que exista tan majestuoso lugar en medio de una vereda y ubicado en un pequeño municipio del Valle del Cauca. La hospitalidad de las hermanas religiosas que reciben a los visitantes, la devoción con que se celebra cada acto y los maravillosos resultados, me obliga a invitar a quien lea este artículo a venir a Caicedonia y llegar a la vereda de Montegrando y buscar vivir la oportunidad de asistir a los diferentes eventos que allí se celebra.

Si husmeas en las redes que nos ofrece la tecnología, podrás encontrar mayor información acerca de lo que con cortas palabras describo aquí.

Acepta el llamado y la invitación de quien todo lo puede, el todopoderoso: Dios.

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