Vivir en una sociedad en la que a diario escuchas como miles de mujeres son abusadas sexualmente se convirtió en el pan de cada día, tanto que para muchos ya ni siquiera es algo que los asombre, pues con decir pobre mujer, pobre niña, ya nos quitamos esa carga de encima. Sin embargo día a día crecen las cifras, las redes sociales se inundan de denuncias y personas indignadas por estas víctimas. En promedio el 3.3% de ellas son niñas entre los seis y los trece años y el 2.4% entre los cero y cinco años, sin mencionar a las demás.

Pero hoy no escribo para volver a contar lo que ustedes ya saben y se hacen los de la vista gorda. Pues fue un día como cualquier otro en el que una simple tarea para la clase de periodismo me permitió detenerme a pensar en mi niñez, recordando que tuve la niñez más linda y llena de amor que un niño puede tener a pesar de que alguien lo quiso arruinar. Mi madre siempre luchando por sacarme adelante, pues en mi corta edad la veía buscando en un trabajo y otro para darme un buen bienestar, por otro lado, están mis abuelos quienes me han brindado los recuerdos y las experiencias más lindas que estaba pequeña y luego esta mi padre el hombre más puro y bueno que pudo existir, él partió de este mundo cuando yo tan solo tenía siete años.

Durante muchos años creí que su muerte había sido el aconteciendo que partió mi vida en dos, pero me costó tener veintidós años para darme cuenta que no era así. En mi mente llevaba una imagen que rondaba en mi cada noche, una que al mirarme en el espejo me robaba el brillo el cual yo creía tener, muchas veces en el proceso de crecer me daba vergüenza tener una pareja por que sentía que era menos; y podrá parecer absurdo para muchos, pero el miedo a que te juzguen o te rechacen es lo peor que como seres humanos podemos pasar.

Vivimos en una sociedad en la que es muy fácil juzgar a los demás sin saber que batallas lleva por dentro, a lo largo de los años he visto como las mujeres en especial, han sido humilladas, criticadas y denigradas por esta sociedad de seres aparentemente “perfectos”, los cuales dedican su tiempo a burlarse y a señalar en lugar de ayudar a su prójimo,y esta vez contaba con la infortuna de que la persona a la que quizás señalarían sería a mi. Pero que culpa tiene una niña de solo 5 años el ser víctima de la curiosidad de una adolescente que no sabe lo que hace o quizás ¿si?Porque si, las mujeres también pueden abusar de otras, también hacen daño y no sólo los hombres como hemos vivido convencidos por mucho tiempo.

 Me tardo muchos años aceptar que la culpa no la tenía yo y mucho menos mis padres, que esa persona que ultrajo mi cuerpo y mi inocencia era la única culpable y que yo no tenía de que avergonzarme, al contrario me auto felicito por haber sido tan valiente durante años, por pelear día a día con esos monstruos nocturnos que no me dejaban dormir y por llevar en silencio esa carga tan pesada durante gran parte de mi vida, una carga de la que solo fui capaz de liberarme con aquella persona con la que hoy comparto mis días y noches, una persona que justo cuando pensé no poder más se sentó a mi lado a escuchar aquello que tanto dolor me causaba y sin juzgarme, me abrazo y me susurro “no te sientas culpable, no tienes nada de que avergonzarte yo estaré aquí para apoyarte” y fue así como sentí que en ese momento me libere de ese gran peso.

Maria y su padre

Es por eso que hoy tengo la madurez y la valentía para compartir con ustedes algo doloroso pero que ya no pesa, algo de lo que ya no me avergüenzo, por que solo fui una víctima, una niña inocente que confío en su “amiga» y que por el contrario me permite ponerme en los zapatos de miles de mujeres que como yo han sido víctimas de abuso y viven en una pequeña burbuja de cristal escondiendo su dolor, por que así como a diario escuchamos cientos de casos y hay otros cientos que ni siquiera conocemos, que la personas que menos imaginamos pueden estar pasando por difíciles momentos. Descubrí que el dolor no pudo borrar el gran amor que recibí en mi niñez, pues una persona me quiso hacer creer que era solo era un juego y que mecostó crecer para darme cuenta que era una más.


María Alejandra Cañizalez Naranjo.

Estudiante de octavo semestre de Licenciatura en Literatura de la universidad del Valle, Regional Palmira. Se caracteriza por ser una persona muy alegra, creativa, le gusta bailar, dibujar y escribir.

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