Aunque la tradición habla de la operacionalidad del “cepo” donde eran acondicionados quienes cometían algún delito, este elemento fue desapareciendo para darle paso a la conformación de un espacio donde los detenidos debían purgar sus penas.

En uno de los costados de la plaza se construyó una casa de dos pisos y amplios patios, que después fue acondicionada como cárcel municipal. En el lugar funcionó la corregiduría, y otros espacios fueron habilitados como penal.

Esta casona de dos pisos sobre la carrera 10 frente a la plaza principal, ya desaparecida, un portón amplio permitía el ingreso a un lugar de guardia, el que a su vez se comunicaba con el patio interior de reclusión a través de una pequeña ventana abarrotada. A un lado, una mediana puerta daba paso al interior conformado de manera principal de dos patios, siendo el primero de ellos cubierto y a la vez circundado por unas altas y grandes piezas, las cuales en las noches servían de dormitorio a los reclusos. En otro de los costados de este lugar había un espacio para baños y orinales.

El segundo patio estaba casi al aire libre, cerrado por altas paredes que colindaban con las casas vecinas y uno de los potreros tutelares; en su derredor otra serie de pequeños espacios, igual servían de dormitorios, y en el medio un lavadero, donde los detenidos lavaban sus ropas.

El segundo piso en ocasiones albergó el destacamento de policía, quienes a la vez ejercían vigilancia en el lugar. En otras, la operación de una inspección de policía, por igual convocaba a sus funcionarios a sumarse a los encargados de la seguridad carcelaria.

Parte alta del interior de la cárcel, desde los guardas podían mantener la custodia y actuaciones de los detenidos

La segunda planta con varios salones, permitió la funcionalidad del comando policial cuando este no contaba con sede propia o de la inspección, dormitorios para la guardia, y casi sobre el patio, una serie de reducidas celdas, los conocidos calabozos y cuyo espacio menor albergaba detenidos que tenían el carácter de incomunicados o castigados por la comisión de alguna falta dentro del penal, retenidos en el marco de redadas o quienes por su beligerancia generalmente por consumo desmedido de licor, protagonizaban escándalos callejeros.

El centro carcelario fue escenario del ingreso de muchas personas, y de manera especial cuando la fatídica violencia o durante la nefasta persecución política, quienes ejercían el poder, no escatimaban accionar para que muchos inocentes fueran a dar entre las paredes de la cárcel municipal, agregándose que en aquellas épocas, la dirección del centro, era uno de los cargos apetecidos en la repartición burocrática par parte de los actuantes en el poder.

Con grandes ventanales a la calle, plaza principal, la cárcel de Génova, es una remembranza de variados sucesos

Uno de los sucesos más relevantes allí ocurridos tuvo lugar el 9 de abril de 1948, cuando un grupo de personas alteradas por el trágico hecho acaecido en la capital de la República, se dispusieron a “deponer” al alcalde Argemiro Prado Montes, quien buscó refugio en el lugar. Los manifestantes amotinados intentaban tomarse el lugar, pero fueron repelidos por la policía, con un saldo de tres heridos y la terminación de la bronca.

Fueron muchas las ocasiones, donde beodos protagonizando riñas por igual se enfrentaban con la policía, negándose con muchas artimañas a dejarse conducir al penal, lo cual generaba un espectáculo que era seguido por numerosos curiosos.

El centro carcelario generó muchas historias, conociéndose la de algún personaje que la mantenía como su casa, pues sus espacios de libertad, al cumplir una condena no pasaban de horas o de mínimos días.

A veces la aglomeración de personas en el lugar creaba un gran hacinamiento, especialmente los sábados o domingos, cuando con motivo de la cosecha cafetera, con el consumo de licor proliferaban las peleas, cuyos actores eran conducidos al lugar.

Con el correr del tiempo, la escasa presencia de detenidos a más del deterioro de la planta física, así como su insalubridad, fue haciendo obsoleto el lugar. En la década del 2000, una de las administraciones del orden municipal determinó su demolición, y la historia del ya viejo centro de reclusión quedó por el suelo.

Una iniciativa posterior ocupó el espacio con un especial sentido cultural, enmarcando la plaza con una nueva obra de especial servicio.

Tanque y lavadero utilizado por los detenidos para adelantar tareas de lavado de ropa, a su alrededor celdas que eran dormitorios

Con el paso del tiempo y la renovación generacional, se pierden los recuerdos de este penal que como se nota en otras de estas remembranzas, por igual hace parte de la historia a lo largo de muchos años.

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