Edición 110

CARINIANA

By 8 de junio de 2026No Comments

Arrierías 110

Laura Alejandra González Vitonás

Hacía dos meses que se había anunciado el casamiento de Cariniana. La muchacha de pieles de barro y cabellos salvajes que aparentaban moverse al ritmo lejano y vulnerable de los ríos. Ella inspiración eterna de distintas canciones y poemas alabadores de sus anochecidos ojos, que con mortuorios destellos  contemplaron tiempos pertenecientes a la incertidumbre que a todos nos consume. Cariniana, Cariniana, repetían incesantemente las mentes y los latidos de los jóvenes y ancianos del pueblo. Muchacha, propietaria de voz de orquídea y cuerpo de diosa; nacida del vientre de los ríos que surgen de las nubladas y vírgenes montañas que danzan en los lejanos horizontes; muchacha que todos desean, mírame a los ojos y cuéntame con cantadas suplicas el desespero de tu amor. Muchacha, dime tu verdad en esta noche de luminarias, muchacha, no temas, y yo no temeré, porque bien sabes que esto es lo que somos. Nos llaman de la oscuridad… hacia la oscuridad nos llaman.

En el pueblo hubo un gran alboroto cuando se anunció esa boda. Las viejas feas y arrugadas en sus chozas de bareque se inclinaban temblorosamente cuando anunciaban a sus hijos y esposos la futura desgracia que caería sobre el incauto marido, a causa de aceptar a ese demonio en carne viva, que era esa muchacha Cariniana; en el pueblo y en sus habitantes, especialmente en los viejos y  en las viejas de lenguas amargas se arraigó un creciente sentimiento de desesperación e intranquilidad, que se acrecentaba en las noches oscuras y silenciosas en las que la luna llena desplegaba con gran fulgor una luz amarilla de contorno malicioso que creaba un ambiente lóbrego y desalentador en todos los alrededores y hogares del pueblo.

El día en que Cariniana recibió su vestido de novia se rumoreo por todo el pueblo que en este había aparecido una mancha roja que impregnaba a todo aquel que lo tocaba con un rancio y ferroso olor a sangre, y que por más que se lavó en las aguas frías del madrugado rio, esta no salía; y que solo fue posible quitarla cuando se le realizo un rezo, aunque, a qué santo fueron dirigidos los rezos nunca se especificó, porque el relato cambio muchas veces como para que el nombre del santo permaneciera vigente. A partir de esto, extraños sucesos que perturbaron al pueblo empezaron a suceder: La noche en que Cariniana y su futuro marido salieron a caminar por las calles del desolado pueblo tomados de la mano. Misteriosamente el gallo de una señora que nunca había entonado ningún sonido esa noche cantó tres veces. A la mañana siguiente un viejo que según la gente y su familia estaba tan sano y vigoroso como un joven roble amaneció muerto. La gente estaba horrorizada y en el funeral del anciano sus familiares, amigos y enemigos injuriaban a Cariniana, diciendo que era ella la culpable de la muerte del anciano, como si la tos de perro que lo había acompañado durante toda su vida de la noche a la mañana se hubiera convertido en su fiel salvadora y dadora de vida.

A causa de esto unos días después una señora de cabellos ralos que seguía obsesionadamente los acontecimientos que habían estado ocurriendo, decidió que avisar a la madre del novio a cerca del peligro que correría su hijo si se casaba con aquella muchacha, sería lo más acertado. Así que sin esperar más de lo que es debido empezó su tropel dirigiéndose a cumplir su cometido. Al llegar al lugar le conto sin omitir ni una verdad ni una mentira los raros sucesos que habían estado ocurriendo, además endulzo la historia remontándose a los hechos que habían acompañado el nacimiento y procreación de Cariniana. Conto que la madre de aquella joven también fue en extremo hermosa, y que según contaban los viejos un extraño hombre proveniente de lugares lejanos y desconocidos se fijó con gran pasión en ella y que un día en el que las fiestas del pueblo estaban en su máximo esplendor, y los padres y familiares de la joven estaban consumidos por el elixir del licor, el hombre hizo aparición montando un caballo de renegridos cabellos en medio de músicas y canticos perversos que embrujaron a la joven para que esta se fuera sin aparente consciencia con aquel maligno ser a parajes no gratos en el conocimiento colectivo. A pesar de la búsqueda frenética que realizaron los padres de la joven, estos no obtuvieron resultado alguno. Hasta que en una noche de diciembre en la que la oscuridad era pesada y generaba a su paso un gran desasosiego, se escuchó el llanto desgarrador de una mujer proveniente  del seno del virginal bosque. Y cuando los hombres se dirigieron a fiscalizar el lugar se encontraron con la joven que había estado desaparecida tendida sobre un matorral de helechos y con múltiples quemaduras y golpes en su desnudo y  derruido cuerpo. Al llevarla a su casa y revisar más detalladamente su estado notaron que la desdichada llevaba en su interior el fruto oscuro de aquel hombre que la había raptado. Al pasar de los meses el vientre se empezó a abultar y el cuerpo de la joven se volvió cada vez más famélico y delgado, como si se estuviera secando. Se cuenta que la piel de terciopelo que en tiempos pasados la había bautizado se volvió como las hojas de los árboles muertos de los montes y sus cabellos brunos se empezaron a caer por marejadas dejando a la que alguna vez los llego poseer y adorar con tanto orgullo y dedicación como una figura desconocida y aberrante que lloraba día y noche al ver su  desgraciada condición. Mientras la madre se desmoronaba y moría con el paso lento de los días la gran barriga solo crecía y se alzaba asemejando una pequeña montaña de carne maligna.

El día del parto cuando la partera saco a la bebé, la madre soltó un alarido maldito que la calló para la eternidad, pero que aún sigue retumbando en todos los rincones de la casa y de la mente de aquellos que lo llegaron a escuchar. Del cuerpo inerte de la madre broto una laguna de sangre que inundo la casa. Pero para sorpresa de los presentes y dolientes la niña que había nacido estaba sana y extremadamente gorda, como si se hubiera alimentado malvada y excesivamente de la madre. Los padres de la joven al ver esto tuvieron el gran deseo de acabar con la recién nacida, y siguiendo este anhelo se dirigieron al fogón donde aun ardía una buena llama. Pero cuando estaban a punto de arrojar a la niña vieron un brillo en su rostro que les recordó a la recién fallecida. Este brillo les borro de su corazón el deseo de acabar con la niña.

Al terminar ese relato, la mujer le  pidió encarecidamente que no permitiera el casamiento de su único hijo con esa maldita mujer. Terminando así su labor salió de la casa dejando atónita y muerta de miedo a la madre del novio, que hasta el momento se había mostrada orgullosa ante la boda de su hijo con la bonita muchacha,  mas ahora se veía inundada por un incalculable temor. Mando llamar a su hijo y le conto a firme palabra lo que la mujer le había narrado, mas al notar que su hijo le prestaba oídos sordos, entre gritos le ordeno cancelar de inmediato esa alocada boda, pero este al escuchar dichas palabras de su madre, sintió una incontrolable ira que poco a poco le fue creando el fuerte deseo de acabar con la mujer que tenía frente a él. Y cuando estuvo a punto de hacerlo recordó que era su madre y contuvo bravamente sus ansias de hacerle daño, y solo expreso con ciertos tintes de agresividad su negación ante aquella propuesta y como argumento dijo sentir un intenso amor por Cariniana y alegando esto salió como una fiera de la casa de su madre.

El novio tuvo el incandescente deseo de ver a Cariniana, así que a paso acelerado se dirigió al hogar de la joven, y mientras lo hacía recordó el día en que la había conocido y se gestó su fascinación y amor por ella.

 Era una tarde soleada de julio y su madre estaba muy molesta porque tres de sus pollos de engorde habían desaparecido, así que lo mando a buscarlos o al menos a preguntar por ellos ante sus vecinos. Mientras el joven caminaba por los terrenos enrastrojados vio un rastro de plumas y sangre que avanzaba algunos metros hasta adentrase en los montes de los alrededores. Al seguirlo se encontró con la gran sorpresa de ver a una joven de belleza infernal sentada a orillas del rio mientras consumía ávidamente el cuerpo ensangrentado y mutilado de un animal, que en sus mejores tiempos había sido un buen pollo de abundantes carnes. Al verla el joven sintió un enorme deseo de poseerla, aun contemplando su temerario estado. Se acercó a paso lento y parándose frente a ella le confeso en imperativa voz que el seria su esposo.

Cariniana se encontraba peinando tranquilamente sus cabellos de palma, mientras miraba orgullosa su figura desnuda que se erguía alta e imponente ante el espejo de marco de guadua que su abuelo había hecho con tanto amor para ella. Cariniana pensó con ciertos sentimientos de asco por qué su abuelo simplemente no le habría comprado un bonito y moderno espejo de la ciudad, en vez de perder el tiempo haciendo ese horrible y pobre espejo. Sus pensamientos se vieron interrumpidos ante la aparición de su prometido en la habitación, este la contemplo y se maravilló de ver su hermosa figura libre de manto alguno que la cubriera. Cariniana lo miraba a través del espejo de manera apacible y por su mente se coló un  deseo de sangre que corrió a sus entrañas como si un hambre que hubiese estado dormido durante años se hubiera despertado súbita y descontroladamente. Cariniana sintió que en su boca sus dientes creciendo como los de un animal salvaje y que sus uñas se tornaban como las espuelas asesinas de aquellos gallos de pelea que su abuelo tenia amarrados en el patio. Cuando Cariniana se disponía a atacar vio en el rostro de su prometido un rubor de vergüenza e infantilidad, que ocasionaron que su deseo de sangre volviera rápidamente a aquellos subsuelos de donde provenía. Tranquilamente Cariniana se dirigió a su cama donde reposaba una blanca bata de suaves telas que utilizo para cubrir su desnudez. El prometido al ver esto cerro abrupta y rápidamente la puerta de la habitación invadido por un bochorno expansivo que reinaba todo su cuerpo.

Las semanas pasaron con un vilo interminable que se acrecentaba día a día en los habitantes del pueblo. Hasta que… finalmente llego el tan aborrecido y esperado día de la boda. Era medio día cuando Cariniana salió de la iglesia luciendo su gran y hermoso vestido nupcial, hecho de telas límpidas y de bordado natural e inmaculado. La piel de limo resaltaba en aquel cándido vestuario, y el velo le regalaba a la novia un aura de natural majestuosidad.  Como platillo principal para la boda se sirvió el pusandao de carne en rojo vivo que la madre del novio había estado preparando dedicadamente desde las horas nocturnas. El cual esta había pedido se le dejara la preparación a ella sola, ya que su método de cocina era familiar e irrevelable para otras mujeres. Cuando la gente probó aquel platillo fueron víctimas de una gran aversión, ya que la carne destilaba mares de sangre. Pero para desagrado y sorpresa de todos los presentes Cariniana se veía embelesida al probar aquel platillo. Cariniana sentía como su deseo de sangre iba aumentando a cada bocado, hasta que al terminar su plato notó que sus ansias de sangre habían llegado a un punto incontenible. Deseaba más, pero repentinamente un dolor inimaginable broto de su estómago. Su piel se desgarraba, sus ojos diabólicos se desorbitaban de forma grácil y excesiva y de su boca montones de sangre salían, su albo vestido era ahora irreconocible. La gente la miraba horrorizada. Su marido al tratar de ayudarla se vio envuelto en llamas de colores y olores que recordaban al abismo. Ese abismo inexorable que nadie conoce, pero al que todos pertenecemos.  Los dos amantes producían un coro de gritos y desesperación, que de forma inexplicable alegro a todos los presentes, los cuales comenzaron a bailar y cantar  alrededor de la escena influenciados por un gozo misterioso. Al terminar el sufrimiento de los recién unidos en santo matrimonio, toda la alegría efervescente llego a su fin. Lo que Dios a unido nadie podrá separarlo. Y con esta alabanza final la gente del pueblo agotada, pero con un enorme sentimiento de sosiego en sus mentes y almas se dirigieron a descansar tranquilamente a sus desgastados hogares de bareque. Nos llaman de la oscuridad… hacia la oscuridad nos llaman.

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