Edición 110

¿POR QUÉ CAICEDONIA ES UN NICHO BIOCULTURAL DE FRONTERA? UNA RELECTURA DESDE LA ONTOLOGÍA RELACIONAL Y LA MEMORIA DEL PAISAJE

By 7 de junio de 2026No Comments

Arrierías 110

Rafa Davidzen

Introducción. El Nicho Biocultural como matriz de coevolución

El Nicho Biocultural (NBC) constituye una configuración relacional emergente donde los ecotonos operan como interfaces topológicas dinámicas entre sistemas ecosistémicos diferenciados. En estos bordes no ocurre una ruptura absoluta, sino una continuidad topológica tensional que permite flujos variables de materia, energía, información y prácticas culturales entre polos relacionales distintos. Esta condición genera procesos de acoplamiento y desacoplamiento adaptativo que difieren de aquellos observables en nichos bioculturales centrales, caracterizados por mayores niveles de estabilidad ecosistémica y menor variabilidad relacional. Desde esta perspectiva, es posible diferenciar entre Nichos Bioculturales de Frontera (NBF), definidos por alta permeabilidad y plasticidad adaptativa, y Nichos Bioculturales Centrales (NBC), asociados a dinámicas más estables de conservación ecológica y persistencia cultural.

Desde la ecología humana contemporánea, el concepto de nicho biocultural no se limita a un entorno geográfico; constituye una unidad funcional de co-creación histórica donde las dimensiones biológicas y las prácticas culturales heredadas se moldean recíprocamente. Bajo este paradigma, la Teoría de Construcción del Nicho (NCT) (Odling-Smee et al., 2003) sostiene que los grupos humanos no son receptores pasivos de la selección natural, sino «ingenieros de ecosistemas» que modifican su ambiente, alterando las presiones selectivas para las generaciones futuras.

En el contexto de la colonización antioqueña del siglo XIX, y como investigador en nichos bioculturales, he venido reevaluando el mito de la “tabula rasa” territorial. Es decir, la idea tradicional de que los colonos mestizos llegaron a un territorio vacío, salvaje e inhóspito. Por el contrario, propongo que estos grupos protagonizaron un «retorno al nicho» ancestral, concibiendo el territorio como un palimpsesto colmado de memoria histórica (Castaño, 2025).

Este proceso consistió en la reactivación de rutas y paisajes, en una especie de continuidad histórica y cultural inmersa en un territorio que ya había sido esculpido por milenios de interacción indígena. Sin embargo, este retorno no fue un fenómeno homogéneo. Mientras que los municipios del Quindío central se consolidaron como núcleos de estabilidad, con una mayor permanencia de la arquitectura y de las tradiciones asociadas a la colonización antioqueña, Caicedonia emergió como un nicho de frontera ecotonal, caracterizado por dinámicas de hibridación y tensiones ontológicas únicas en el suroccidente colombiano.

A diferencia de municipios como Salento, Filandia o Circasia, donde persisten formas arquitectónicas, instituciones y paisajes culturales relativamente estables, Caicedonia experimentó transformaciones urbanas, sociales y ambientales mucho más aceleradas. Esta diferencia no puede explicarse únicamente por factores económicos o administrativos, sino también por su condición de territorio ecotonal, es decir, de espacio de transición entre ecosistemas, memorias culturales y formas distintas de habitar el territorio.

Figura 1. La colonización paisa no sucedió sobre terrenos o “selvas vírgenes”, por el contrario, muchos vestigios arqueológicos que impulsaron procesos de guaquería. Fuente: creación propia.

La estructura del contraste: nichos bioculturales centrales vs. nichos bioculturales de frontera. Foto: Creación propia.

Un Nicho Biocultural de Frontera (NBF) se define como un espacio de transición geográfica y cultural (ecotono) donde convergen múltiples sistemas ecológicos, composiciones poblacionales heterogéneas y legados históricos en tensión. A diferencia de los Nichos Bioculturales Centrales (NBC)—caracterizados por la estabilidad institucional y la homogeneidad cultural—, el nicho de frontera es un laboratorio de complejidad relacional cuya estabilidad depende de su capacidad de transformación continua.

El NBF se ubica en ecotonos, que no son simples bordes, sino espacios de emergencia sociocultural y ontológica. Ecológicamente, presentan una alta variabilidad ecosistémica y diversidad beta (recambio de especies). Por ejemplo, Caicedonia actúa como un NBF al situarse en la transición entre el Orobioma Andino Bajo (OBA) y la vertiente del alto Cauca, integrando el Zonobioma Alterno-Hídrico Tropical (ZAHT) con ecosistemas del Orobioma Bajo de los Andes (CVC & Funagua, 2010). Para comprender la especificidad de Caicedonia, es imperativo contrastarla con los nichos bioculturales centrales del Eje Cafetero, tales como Salento, Filandia, Circasia, Pijao y Génova. Estas áreas representan estados de estabilidad situada, donde la colonización directa y continua permitió la preservación de tradiciones paisas en una suerte de «conservadurismo de nicho». En estos núcleos, la persistencia arquitectónica del bahareque y la estructura urbana de plaza e iglesia operan como dispositivos ontológicos de fijación identitaria plenamente integrados al bosque montano típico.

Figura 2. Arqueología de la frontera: el río Barragán como límite norte del Nicho Biocultural caicedonita.

Caicedonia, en el nororiente del Valle del Cauca, actuó históricamente como un Nicho Biocultural de Frontera (NBF), con dinámicas distintas a los Nichos Bioculturales Centrales (NBC) del eje cafetero. Los nichos centrales (por ejemplo, Circasia, Filandia, Salento, Pijao y Génova) son áreas plenamente integradas al paisaje cultural paisa: recibieron colonización directa y continua, además comparten clima templado y bosque montano típico, y han mantenido o conservado buena parte de las tradiciones de la colonización paisa (Santa, 1993; ColombiaTravel, s.f.). En contraste, Caicedonia se ubica en un ecotono: en la antigua hoya prehispánica del Quindío, entre la Cordillera Central y la vertiente del alto Cauca. Este borde ecológico y cultural generó fronteras históricas claras, no sólo republicanas, sino coloniales (siglos XVI-XVII) y más atrás prehispánicas (Siglos VII-XVI) (Castaño 2021, 2025).

La evidencia arqueológica fundamenta la tesis de Caicedonia como territorio de influencia dual. Investigaciones en la cuenca alta del río Barragán indican la existencia de una frontera cultural prehispánica (Castaño 2021). Mientras que al norte predominaban los complejos Quimbaya, al sur (en Caicedonia) las investigaciones de Karen Olsen Bruhns (1975) detectaron prácticas de producción y comercio de sal que vinculaban el área con el alto Cauca (probablemente asociados con los representantes de la Cultura Buga del Período Tardío II). Aquellos antiguos caminos de intercambio no sólo movilizaban sal, oro o cerámica; también conectaban visiones del mundo, formas de habitar la montaña y maneras distintas de relacionarse con el paisaje.

Asimismo, Herrera (1990) identificó una distribución de asentamientos —denominados «patios» o lotes o cortes de ladera— que difiere estructuralmente de los patrones del Quindío central. Desde mi Teoría del Retorno al Nicho, estas diferencias materiales son la expresión de nichos bioculturales diferenciados que, aunque conectados por continuidades topológicas, generaron ontologías territoriales diversas. La llegada de grupos pijaos a esta zona, atraídos por el oro y la sal y la abundancia de suelos fértiles y biodiversos probablemente durante el siglo XV, convirtió a Caicedonia en un nodo de alta densidad relacional donde se interceptaban mundos simbólicos en disputa. No era una frontera vacía, sino un territorio vibrante donde confluyeron rutas, memorias y tensiones culturales mucho antes de la llegada de los colonos antioqueños.

Figura 3. Caicedonia como frontera ecotonal.  Fuente: creación propia.

En el contexto de la colonización antioqueña del siglo XIX, se ha propuesto que los colonos mestizos no “le quebraron la vértebra al monte” sino que protagonizaron un «retorno al nicho» ancestral. Este proceso consistió en la reactivación epigenética y cultural de rutas y paisajes que ya habían sido esculpidos por milenios de interacción indígena. En otras palabras, muchos caminos de la colonización siguieron antiguas huellas abiertas por sociedades prehispánicas que conocían profundamente los gradientes ecológicos de la región. Sin embargo, este retorno no fue un fenómeno homogéneo. Mientras que los municipios del Quindío central se consolidaron como núcleos de estabilidad, Caicedonia emergió como un Nicho Biocultural de Frontera ecotonal, (limítrofe entre ecosistemas) caracterizado por dinámicas de hibridación y tensiones ontológicas únicas en el suroccidente colombiano. Tensiones entrelazadas con intereses empresariales (v.gr. : Compañía Burila (Palacios 2009)). Por ello, Caicedonia terminó desarrollando una identidad más móvil y flexible, donde las transformaciones urbanas y culturales ocurrieron con mayor rapidez que en los nichos centrales del paisaje cafetero.

Nichos Bioculturales Paisas, Retorno al Nicho  y las manifestaciones ontotópicas a través de Dispositivos Ontológicos- Ecológicos (DOE)

Las manifestaciones culturales que he denominado ontotópicas (de onto: ser; topos: sitio) de los seres humanos dentro de un Nicho Biocultural paisa son aquellas hibridaciones y expresiones materiales, espaciales y simbólicas del territorio (loci) que actúan como Dispositivos Ontológico-Ecológicos (DOE). Estos dispositivos permiten estabilizar la relación metabólica y existencial entre el habitante y su entorno mediante la reactivación de una memoria territorial previa, especialmente en paisajes de montaña donde el ser humano aprendió históricamente a convivir con la pendiente, la humedad y la biodiversidad andina.

Bajo la Teoría del Retorno al Nicho (TRN), estas manifestaciones no operan como mera «decoración», «folclor» o «tradición» superflua. Son, en cambio, operadores ontológicos que organizan la vida cotidiana y recuperan la coherencia de un paisaje que ya había sido inscrito por sociedades ancestrales, activando tanto la memoria epigenética del sujeto como la memoria biofísica del paisaje. En otras palabras, son formas de habitar que conectan emocional, material y simbólicamente al ser humano con el territorio que ocupa.

A continuación, una aproximación a estas manifestaciones ontotópicas que emergen de la caracterización de estos nichos:

1. Dispositivos de integración ornamental y doméstica en Nichos Bioculturales de Centrales.

Representan la herencia ecológica de integrar la matriz biofísica al espacio privado para humanizar el hábitat andino y mitigar la hostilidad del relieve. Muchos de estos dispositivos fueron incorporados en Caicedonia. Entre estos destaco:

  1. Balcones con jardines colgantes: En municipios nodales como Salento y Filandia, los balcones repletos de macetas desbordadas de flores y helechos superan la función estética. Actúan como zonas de resonancia con el bosque montano y de niebla, manteniendo vívido el vínculo metabólico con la flora local en el corazón del espacio urbano. No son solamente adornos coloridos; son pequeños fragmentos del bosque incorporados a la vivienda, como si la montaña intentara entrar nuevamente a la casa.

Figura 4. Balcones paisas con vegetación colgante. (Toamado de https://www.instagram.com/p/DM1RS90M6j-/

  1. Zonas de claustro y patios interiores con vegetación: La arquitectura vernácula de bahareque y tapia pisada integra patios centrales que funcionan como micro-refugios bioculturales. Estos espacios permiten que el ciclo hídrico y la vegetación nativa coexistan con la vivienda, replicando la lógica de habitabilidad situada del Homo loci. La sombra de los árboles -no en todos los claustros los había-, la humedad del patio y el canto constante de las aves convertían estos espacios en verdaderos núcleos de equilibrio climático y emocional para las familias campesinas.
  1. Jardines fronteros a las chambranas en fincas típicas de la colonización antioqueña: Lo que hoy llamamos «jardines delanteros» en las fincas de esa época no era un diseño paisajístico de retiro urbano, sino una prolongación orgánica de la casa hacia el campo, estructurada con los materiales del mismo entorno. La vivienda no se concebía separada de la naturaleza, sino entrelazada con ella en una continuidad cotidiana entre el adentro y el afuera.

En la vivienda rural cafetera, ese espacio exterior inmediato se configuraba de forma muy específica como dispositivo ontológico, analicemos los siguientes casos.

  •  El límite de la «Chonta» y la madera

Las casas de finca solían estar rodeadas por corredores perimetrales con balaustres. Para separar el espacio doméstico del terreno de trabajo (el secadero de café o los potreros), se utilizaban chambranas o estructuras bajas hechas de chonta (la madera dura de la palma de chonta) o maderas nativas.

Alrededor de esta estructura de chonta, y justo debajo del balaustre del balcón o corredor, se sembraban las plantas de manera lineal. Esta barrera o jardín frontero, es característico de este tipo de construcción por lo que se convierte en un dispositivo ontológico – ecológico.

Figura 6.  Jardínes externos fronteros (colgantes y de tierra). Tomado de  https://www.eltiempo.com/

No era un «antejardín» plano para ser caminado; era una barrera viva y aromática que protegía la casa del barro, el ganado y los insectos. Estos aromas se entretejían con otros para dar una característica olfativa propia de estas fincas, que se perciben al ingresar a sus perímetros. Era un paisaje sensorial completo: el olor de la tierra húmeda, las flores, la madera recién cortada y el café secándose al sol construían una memoria del habitar profundamente ligada al Nicho Biocultural paisa.

2. La Finca Biodiversa como Archivo Viviente

La finca diversa constituye la manifestación ontotópica más potente de la Colonización Antioqueña en sus Nichos Bioculturales tanto Centrales como de Frontera. Los colonos trataron de integrar elementos naturales, los cuales estaban entretejidos de manera indisoluble con su ancestralidad por vía materna. A pesar que las transformaciones económicas incentivaban cada vez más la intervención y transformación de su entorno. Sin embargo, esto no ocurrió de facto, sino gradualmente. La finca tradicional no nació únicamente como unidad productiva; también funcionó como un espacio de memoria ecológica donde el paisaje, la alimentación y el habitar permanecían profundamente conectados. Entre los sistemas encontrados que se aplicaron de los nichos bioculturales de frontera en la colonización paisa, fueron:

  1. Policultivos de ladera: La combinación magistral de café, plátano, maíz, fríjol, guamos, cítricos, hortalizas y frutales que rompe con la lógica geométrica del monocultivo extractivo actual.

Figura 7. Policultivos en fincas de la colonización antioqueña. (Creación propia)

b. Conversación interespecie: Cada planta en la finca diversa activó una relación ancestral. Es un agroecosistema alelopático donde los cultivos se protegen entre sí y coevolucionan con los períodos de lluvia, restaurando el equilibrio termodinámico, la soberanía alimentaria y la resiliencia del nicho. El campesino tradicional comprendía intuitivamente que ciertas especies “se acompañaban” y otras se rechazaban, construyendo así una agricultura basada en relaciones vivas más que en la simple explotación del suelo.

Figura 8. Colonización paisa siguiendo rutas de caminos prehispánicos ya establecidos. Foto: Creación propia.

3. Dispositivos de Reactivación de Infraestructuras y Prácticas Ancestrales

Dispositivos espaciales y tecnológicos que demuestran que la colonización paisa a menudo operó como una reocupación de matrices preexistentes. En muchos casos, el colono no abrió el territorio desde cero, sino que reinterpretó antiguos corredores ecológicos y culturales ya reconocidos por sociedades prehispánicas.

  1. Reocupación de la infraestructura vial prehispánica: El retorno al nicho se materializa físicamente cuando los colonos reactivan los caminos indígenas. Lejos de abrir rutas aleatorias, siguieron los canalones empedrados y pasos nivelados de los quimbayas y pijaos, reconociendo en el relieve una «guía silenciosa» de habitabilidad ya probada evolutivamente. Este fenómeno ha sido rigurosamente documentado en los Nichos Bioculturales paisas de la Cordillera Occidental, en especial los antiguos caminos indígenas que funcionaron como memorias inscritas en la montaña, verdaderas cicatrices del paisaje que orientaron posteriormente la movilidad de la colonización antioqueña. (Blanco, Robayo & Zapata. 2021).
  2. Control vertical de pisos ecológicos: La distribución de los asentamientos y parcelas en diferentes gradientes altitudinales (modelo de archipiélago vertical) permite el aprovechamiento diferencial y complementario de recursos (oro, sal, maderas, agricultura en época prehispánica). Esta estrategia de complementariedad eco-topográfica prehispánica fue reactivada adaptativamente por el colono para asegurar la estabilidad sistémica del nicho, esto es, fincas que aprovecharon los diferentes gradientes altitudinales para sus cultivos. Así, la montaña no era un obstáculo, sino un mosaico de posibilidades térmicas y productivas que permitía diversificar alimentos, materiales y formas de subsistencia en distancias relativamente cortas.
  3. Guaquería como «Prospección Poética»: Aunque la historiografía tradicional reduce la guaquería al saqueo patrimonial, para el habitante situado funcionó como una metodología de prospección ecológica. La presencia de «cementerios de indios» (necrópolis) funcionaba como un bioindicador de la fertilidad de la tierra, la disponibilidad hídrica y la estabilidad geológica. Los restos arqueológicos actuaron, así, como balizas que guiaron el retorno hacia nichos ya configurados por la sangre ancestral. En muchos relatos de colonización, la aparición de tumbas, cerámicas o vestigios antiguos era interpretada como señal de que allí ya había existido vida estable y, por lo tanto, posibilidades reales de habitabilidad: “Si hubo indios, la tierra es fértil”.

Figura 9. Colonización paisa y guaquería en La Tebaida  (Qdío). Creación propia.

Es extraño que la historia de la gran mayoría de municipios del Quindío esté asociada a procesos de guaquería incluyendo guaqueros fundacionales, mientras que la historia oficial de Caicedonia, está desprovista de estos personajes que abundaban en la colonización pionera antioqueña en el Eje Cafetero. Lo anterior sugiere que falta investigación en el asunto, o que efectivamente Caicedonia tenga otra dinámica fundacional muy diferente a las poblaciones del Quindío, lo que parece ser una explicación plausible de diferenciación fundacional. Esta ausencia resulta llamativa porque podría indicar que Caicedonia no siguió exactamente el mismo patrón de apropiación territorial observado en los núcleos centrales de la colonización paisa, reforzando la hipótesis de un Nicho Biocultural de Frontera con dinámicas históricas propias.

4. Dispositivos Tecno-Materiales de Adaptación de Montaña

La cultura material como una extensión directa de las restricciones y posibilidades que dicta la ecología del paisaje andino. En los Nichos Bioculturales paisas, las tecnologías tradicionales no surgieron separadas del entorno, sino profundamente entrelazadas con las dinámicas hídricas, climáticas y topográficas de la montaña.

  1. Uso multifuncional de la guadua (Guadua angustifolia): Este recurso es un DOE estructural clave. Al emplearse indistintamente en la ingeniería del bahareque, cercados, canalizaciones de agua, vasijas e instrumentos musicales, demuestra una coevolución técnica que nace de la disponibilidad hídrica y la topografía escarpada. La guadua es el tejido conectivo entre la necesidad humana y la elasticidad del paisaje de montaña. Su flexibilidad permitió a las comunidades adaptarse a terrenos sísmicos, húmedos e inestables, convirtiéndose en una especie de “columna vertebral vegetal” de la colonización antioqueña. No es casual que los territorios donde la guadua prosperó también desarrollaran arquitecturas más resilientes y profundamente integradas al paisaje andino.

Figura 10. Arrieros beneficiando la guadua para construcción de casade bahareque.

5. Dispositivos semióticos y de regulación conductual

Aquel andamiaje inmaterial (lenguaje, mito y rito) que evita el vaciamiento ontotópico de la terra incognita e inscribe límites ecológicos en la psique colectiva. Estos dispositivos permitieron transformar el territorio desconocido en un espacio cargado de sentido, memoria y orientación simbólica para las comunidades situadas.Toponimia como Marcador Ontotópico: Los nombres asignados a las veredas (v.g., Burila y Dabeiba (este último, aunque se refiere a una población antioqueña, tiene  origen probablemente de la toponimia Catía) y accidentes geográficos no son etiquetas nominales vacías, sino operadores de relación. Al conservar fonemas indígenas o referenciar elementos biogeográficos (filos, peñas, ríos), el colono inscribe en el lenguaje una comprensión relacional del territorio, dotando de ser al espacio físico. Nombrar el paisaje era también una manera de apropiarlo simbólicamente y de reconocer sus particularidades ecológicas, sus peligros y sus posibilidades de habitabilidad.

Figura 11. Mitos y leyendas de la colonización antioqueña como dispositivos ontológicos ecologicos. Creación propia.

  1. Mitos y leyendas locales: Narrativas de la tierra como la Madremonte, la Patasola o el tesoro del cacique Palomino operan como tecnologías de regulación conductual y tabúes ecológicos. Estas historias cartografían fronteras simbólicas estrictas entre el espacio domesticado y el «monte indómito», protegiendo nacimientos de agua y zonas de reserva natural mediante el miedo reverencial y el respeto ritual. Estabilizan el nicho limitando la voracidad de la explotación material. Lejos de ser simples relatos fantásticos, estos mitos funcionaban como verdaderos códigos ecológicos transmitidos oralmente entre generaciones. En muchos casos, el bosque no era percibido únicamente como recurso económico, sino como un espacio habitado por fuerzas vivas que exigían prudencia, respeto y límites frente a la expansión humana.

Colonización tardía y ambigua.

Caicedonia fue fundada oficialmente en 1910 (se consolidó como municipio en 1923) por colonos venidos principalmente de Antioquia y Caldas, y en menor proporción de otras zonas del país. No obstante, a diferencia de otros pueblos cafeteros (muchos fundados finales del XIX), en Caicedonia la ocupación formal se dio tardíamente y en medio de conflictos de tierras. El balance historiográfico indica que su fundación estuvo vinculada tanto a iniciativas empresariales (la Compañía Burila intentó atraer colonos) como a movimientos espontáneos de campesinos (Londoño, 1995). En los primeros años hubo disputas entre colonos y agentes de la compañía (Aprile & Mosquera, 1992). En la práctica, esto significó que las primeras décadas de Caicedonia transcurrieron sin instituciones fuertes ni planes de asentamiento propios característicos de la colonización antioqueña, pues mediaron otros actores (Santa, 1993; Univalle, 2014). El resultado fue una incorporación tardía al núcleo paisa: muchas familias llegaron ya en el siglo XX, cuando las plantaciones de café competían con cultivos tradicionales del Valle (plátano, caña, yuca). En ese contexto fronterizo, la continuidad de las tradiciones antioqueñas se vio afectada por la llegada constante de personas del centro del Valle y de otras regiones colombianas.

Topografía y ecosistemas. Las condiciones naturales de Caicedonia difieren marcadamente de las de los municipios centrales del Quindío. La zona urbana de Caicedonia (~1100 msnm) se asienta en un piso térmico medio-cálido de bosque medio húmedo, con precipitaciones anuales superiores a 2000 mm. Originalmente estos valles bajos de la Cordillera Central eran selva tropical andina con especies de la región del Pacífico (páramos inferiores y bosque premontano). Por el contrario, Circasia, Filandia, Salento, Pijao y Génova se encuentran entre ~1400 y ~1900 msnm, con clima templado a frío, correspondiente a bosque medio húmedo en montaña fluviogravitacional con un clima más templado, hasta muy frío (cordillera Central). Por ejemplo, Salento tiene una temperatura media anual de ~18 °C y su población está en 1700–1800 m. Salento además se extiende hasta las alturas de páramo (2600–5321 m) en el Parque Los Nevados integrando gradientes de bosque húmedo y alto andino. En esos pisos altos templados la agroecología permite la agricultura campesina (maíz, café, frutas finas) y favorece la retención de vegetación nativa o agroforestal. En contraste, el bosque medio húmedo en montaña gravitacional al borde del piedemonte diluvial, justo el ecotono donde se ubica la cabecera de Caicedonia posee suelos volcánicos muy fértiles pero fue rápidamente transformado en cultivos comerciales (café, plátano, caña). La combinación de abundantes lluvias y fuertes pendientes dificultó establecer las tradicionales fincas-pueblo de la colonia paisa (con sus cercas de guadua y jardines), promoviendo sistemas de cultivo más intensivos, pero con suelos más inestables. En síntesis, mientras los municipios centrales del Quindío forman un nicho ecológico homogéneo andino, Caicedonia se halla en un ecotono transicional entre el cálido Zonobioma Alterno Higrico Tropical del valle del río Cauca y la cordillera Central con flora tropical (heliconias, bromelias, bambúes), que lo hace muy biodiverso, pero también multicultural, situación que no sucede en nichos bioculturales más centrales.

Figura 12. Fachada de una casona con estilo arquitectónico de la denominada colonización antioqueña, que aún persiste en la zona del parque de Caicedonia. Foto: Rafa Davidzen.

Patrimonio arquitectónico y paisa. En los municipios centrales —especialmente dentro del Paisaje Cultural Cafetero UNESCO— se conservan numerosos vestigios de la colonización paisa: viviendas de bahareque y tapia pisada, fachadas pintadas de colores vivos, balcones de madera tallada y ventanales, corredores amplios y techos de teja. Como señalan estudios históricos, los paisas imprimieron a sus pueblos un carácter homogéneo: la arquitectura vernácula con todos sus componentes era parte de su legado cultural. Por ejemplo, en Salento “con un clima promedio de 18 ºC… destacan sus casas hechas de bahareque […] que nos recuerdan la manera de construir de nuestros antepasados”, con fachadas multicolores y balcones “repletos de macetas desbordadas de flores y helechos”. Filandia y Circasia exhiben plazas porticadas con casonas centenarias similares, y Génova o Pijao aún conservan casas rectangulares con corredores interiores. Estas localidades, al ser fundaciones del XIX la mayoría excepto Pijao (1902) y Génova (1903) se pueden considerar nichos bioculturales centrales, y han tenido cierta preservación social de esa arquitectura (aunque incluso ellas han sufrido pérdidas por terremotos o modernización). Además, en ellas las haciendas cafetaleras cercanas mantienen jardines floridos y parterres: por ejemplo, la Finca El Ocaso (Salento) conserva “amplios jardines con una gran variedad de flores y árboles nativos”[, manteniendo la tradición paisa de integrar naturaleza ornamental al entorno doméstico.

En Caicedonia, sin embargo, la permanencia de esas tradiciones es mucho menor. Aunque el poblado homologa ciertas tipologías paisas de casa (bahareque, balcones), su grado de conservación patrimonial es bajo y la fisonomía urbana es distinta. El centro histórico de Caicedonia no presenta la misma concentración de balcones floridos ni plazas arboladas que Salento o Filandia. Las calles anchas y casas sencillas de bahareque que se mencionan en crónicas de viajeros reflejan más una adaptación práctica al ambiente (colchón de tejas anchas para lluvias intensas) que una preocupación por el embellecimiento típico paisa Si bien desde un principio el urbanismo permitió calles anchas, y en ciertos barrios el arbolado ha sido abundante, en la actualidad la expansión urbana carece de arbolado público abundante o jardines comunitarios: los barrios residenciales surgieron con menos espacio agrícola en torno, y las plantas ornamentales son escasas fuera de parques pequeños.

Cuadro comparativo (en narrativa). En resumen, las diferencias clave son:

Colonización: En Circasia, Filandia, Salento, Pijao y Génova la colonización antioqueña (finales s. XIX y princiio del s. XX) se dio en Nichos Bioculturales Centrales de un sistema cafetero relativamente estable, predominando iniciativas de colonos espontáneos apasionados (Santa, 1993). Esas localidades nacieron con un fuerte arraigo paisa que incluyó la arquitectura característica. En Caicedonia, en cambio, la fundación (1910) ocurrió en un contexto de frontera administrativa y conflicto de tierras. Ahí coexistieron colonos mestizos con quizá descendientes de pueblos indígenas (los “buliras” o pijaos) y flujos de empresas terratenientes, lo que fragmentó el proyecto cultural de los paisas puros.Arquitectura y paisaje: Los pueblos centrales conservan ejemplos vivos de la casa tradicional: porches con balaustradas, tapia pisada y amplias puertas dobles, protegidos como patrimonio (ColombiaTravel, s.f.). Estos edificios suelen integrar patios centrales con vegetación. En contraste, Caicedonia no preserva ese aspecto visual en grado comparable. Sus áreas rurales pasaron a monocultivos (café, plátano, cítricos, frutales, caña), limitando los jardines familiares; las zonas urbanas se planificaron con menos plazas pequeñas y más énfasis en viabilidad vial. Así, la imagen urbana caicedonita carece de la vegetación ornamental en nuevas áreas de expansión. El cemento sucedió al bahareque y quizá el mantenimiento de esas casonas no fue tan rentable para sus propietarios, que decidieron tumbarlas y dar un nuevo uso urbano distinto al de sus ancestros paisas.

Figura 13. Municipio de Caicedonia. Recuperada de: https://www.infobae.com/

Ecosistemas: Los Municipios citados (nichos centrales) comparten bosque medio húmedo en montaña fluviogravitacional frío a muy frío (Clima templado, con bambúes, helechos de sombra, palma de cera aledaño). Este ambiente templado permitió el florecimiento de bosques nublados y cultivos de café con alta retención de cobertura arbórea. Caicedonia, en contraste, está en la transición de la cordillera al valle cálido lluvioso (bosque tropical húmedo premontano), con suelos ricos pero abundantes lluvias que favorecen vegetación densa. Este ecotono implicó mayores desafíos: la humedad favoreció enfermedades del bahareque, la variedad de cultivos desplazó viejos cafetales, y la conexión ecológica con el ZAT cálido del valle del Cauca (diversidad de palmas) introdujo paisajes muy distintos al arquetipo paisa.

En conclusión, las condiciones de Caicedonia como  Nicho Biocultural de Frontera (NBF)—su posición ecotonal, su historia como zona intermedia prehispánica y de colonización antioqueña, su colonización tardía y conflictiva— distinguen su evolución cultural. A diferencia de los Nichos Bioculturales Centrales (NBC)quindianos, donde la tradición arquitectónica y de jardín interno paisa se preservó en la transición a modernidad, en Caicedonia esa herencia se diluyó. Las casas de bahareque locales y otras manifestaciones paisas son mucho menos abundantes y los entornos urbanos carecen al igual que en los pueblos paisas, de arbolado en las aceras, sin embargo, el colono antioqueño compensaba con jardines internos, plantas ornamentales en balcones y materas y arbolado en un patio trasero.. En palabras de Santa (1993), la arquitectura y los espacios verdes son parte sustancial de la “colonia paisa”; en Caicedonia, el pulso territorial diferente de un Nicho Biocultural de Frontera interrumpió esa continuidad (Davidzen, 2021; Davidzen, 2025).

Discusión y deducción sociológica y bioantropológica de los resultados

Desde una perspectiva sociológica y bioantropológica, los resultados obtenidos permiten deducir que Caicedonia constituye un caso singular de reorganización histórica de un Nicho Bbiocultural de Frontera ecotonal cuya dinámica no puede explicarse adecuadamente mediante modelos clásicos de colonización lineal, economicista o culturalista. La evidencia integrada entre arqueología, ecología histórica, antropología del paisaje y teoría relacional muestra que la estabilidad social y la persistencia cultural no dependen exclusivamente de variables económicas o institucionales, sino de la capacidad adaptativa de las comunidades para sincronizarse con configuraciones ecosistémicas específicas.

La primera deducción importante es que los nichos bioculturales de frontera producen estructuras sociales menos rígidas y más plásticas que los nichos bioculturales centrales. Mientras municipios como Salento, Filandia o Circasia desarrollaron procesos de fijación institucional y arquitectónica asociados a ecosistemas andinos relativamente estables y homogéneos, Caicedonia evolucionó sobre un ecotono de alta variabilidad ecosistémica y conectividad regional. Esto generó un sistema social más permeable, dinámico y heterogéneo, donde las identidades culturales no se consolidaron alrededor de una sola matriz ontológica, sino mediante ensamblajes relacionales múltiples.

Desde la sociología ecológica, ello implica que la permanencia de la arquitectura paisa tradicional no depende únicamente de factores patrimoniales o simbólicos, sino de la existencia de condiciones ecosistémicas que favorezcan la reproducción estable de ciertas prácticas culturales. Los nichos centrales actuaron como sistemas de conservación cultural debido a que la relativa estabilidad climática, topográfica y económica permitió la reproducción intergeneracional de patrones arquitectónicos, formas de parentesco, ritualidades y memorias colectivas relativamente homogéneas. Por el contrario, Caicedonia funcionó históricamente  (desde época prehispánica, y después colonial) como un sistema de frontera sometido a flujos permanentes de intercambio, migración, circulación económica y tensión ecológica, lo que favoreció procesos continuos de transformación urbana y desacople patrimonial.

La segunda deducción relevante consiste en que la colonización antioqueña no puede interpretarse como un fenómeno homogéneo ni como una expansión cultural uniforme. La investigación demuestra que los colonos no ocuparon territorios vacíos, sino paisajes previamente estructurados por sistemas de habitabilidad indígena altamente sofisticados. En consecuencia, la colonización debe entenderse como un proceso de acoplamiento diferencial a nichos bioculturales preexistentes. La persistencia de caminos indígenas, terrazas habitacionales y patrones de ocupación detectados por la arqueología indica que las fundaciones urbanas exitosas ocurrieron en lugares donde existía una convergencia favorable entre agua, fertilidad, conectividad topográfica y diversidad ecológica.

Desde la bioantropología, esto permite deducir que las poblaciones humanas desarrollan memorias adaptativas vinculadas a configuraciones ecológicas específicas. La TRN introduce aquí un concepto particularmente potente: el retorno al nicho no ocurre únicamente como una decisión racional económica, sino como una resonancia ecosistémica entre las poblaciones y determinados gradientes ambientales. En otras palabras, las comunidades tienden a reorganizarse espacialmente en territorios que presentan compatibilidades metabólicas, climáticas y relacionales con experiencias históricas previas.

Figura 14.  Caicedonia: Nicho Biocultural de Frontera (NBF). Ciudad de la diversidad. Fuente: Creación propia.

Esta interpretación adquiere especial relevancia en el caso de Caicedonia, donde convergieron poblaciones procedentes de diferentes regiones andinas y del Valle, pero también memorias territoriales asociadas a antiguas ocupaciones agroalfareras tempranas, tardías y por último a pijao-buliras-bintima y a corredores prehispánicos de intercambio entre montaña y valle. La frontera ecotonal permitió precisamente esa coexistencia de ontologías parciales, generando un territorio donde la diversidad cultural no se estabilizó en una única identidad rígida, sino en una dinámica híbrida y fluctuante.

Otra deducción central es que los ecotonos no constituyen simples zonas de transición ecológica, sino espacios de emergencia sociocultural y ontológica. Desde esta perspectiva, la frontera no divide únicamente ecosistemas, sino también regímenes de percepción, temporalidades y formas de organización social. Las diferencias detectadas arqueológicamente al sur y norte del río Barragán pueden interpretarse entonces como la expresión material de nichos bioculturales distintos, aunque parcialmente conectados mediante continuidades topológicas.

La investigación también sugiere que la diversidad cultural observada en territorios de frontera no debe interpretarse como fragmentación social o debilidad institucional, sino como una estrategia adaptativa frente a contextos de alta variabilidad ecosistémica. En sistemas ecotonales, las comunidades requieren estructuras sociales flexibles capaces de responder rápidamente a perturbaciones ambientales, económicas o políticas. Por ello, los NBF tienden a favorecer identidades híbridas, polivalencia ocupacional y gobernanzas menos rígidas que los nichos centrales.

Desde una perspectiva ontológica, la TRN permite deducir que cada nicho biocultural genera realidades parciales diferenciadas. Aunque distintos grupos humanos compartan elementos lingüísticos o ancestrales comunes, sus formas de habitar el mundo divergen según las tensiones ecológicas y relacionales del territorio que ocupan. Esta interpretación supera los esencialismos culturales clásicos y propone que las ontologías territoriales son procesos emergentes derivados de la interacción entre memoria histórica, flujos energéticos, paisaje y prácticas adaptativas.

Finalmente, desde una perspectiva de sistemas complejos, Caicedonia puede interpretarse como un sistema adaptativo de frontera cuya estabilidad depende precisamente de su capacidad de transformación continua. A diferencia de los nichos centrales, donde la estabilidad emerge de la persistencia y repetición institucional, en los nichos ecotonales la estabilidad es dinámica y se basa en la reorganización permanente frente a flujos múltiples. La pérdida relativa de arquitectura paisa tradicional y de jardines urbanos no representa necesariamente una ruptura cultural absoluta, sino la manifestación visible de un sistema territorial históricamente sometido a mayores niveles de intercambio, tensión y plasticidad adaptativa.

En consecuencia, la principal conclusión sociológica y bioantropológica de esta investigación es que los Nichos Bioculturales de Frontera generan formas específicas de existencia social, memoria histórica y organización territorial que no pueden analizarse mediante modelos homogéneos de colonización o identidad regional. Caicedonia emerge, así como un laboratorio histórico de complejidad relacional donde la estabilidad no depende de la inmovilidad cultural, sino de la capacidad del territorio para articular diversidad, transformación y continuidad topológica entre múltiples realidades ecológicas y humanas.

Conclusión: Caicedonia como laboratorio de resiliencia

Caicedonia emerge, por tanto, como un laboratorio histórico de complejidad relacional. Su estabilidad no depende de la inmovilidad cultural ni de la homogeneidad étnica, sino de su capacidad para articular diversidad y transformación bajo una continuidad topológica. Como nicho de frontera, este territorio demuestra que la memoria del paisaje persiste incluso frente a los intentos de borramiento institucional.

En última instancia, el estudio de Caicedonia desde la TRN y la NCT nos obliga a reconocer que el ser humano no es dueño del territorio, sino un nodo en una red de coherencia resonante. La restauración de la coherencia en estos nichos bioculturales es, quizás, la única vía sostenible para habitar los Andes en el siglo XXI, devolviendo al paisaje no solo su productividad, sino su dignidad y su memoria activa.

Referencias

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Arrierías número 49: Alegorías en la “Sierra Alta de los Pijaos” durante la época Colonial. Ver: https://www.arrierias.com/alegorias-en-lasierra-alta-de-los-pijaosdurante-la-epoca-colonial-autor-rafael-davidzen/

Arrierías número 50: ¿Por qué los Pijaos hurtaban las campanas católicas?

Ver: https://www.arrierias.com/por-que-los-pijaos-hurtaban-las-campanas-catolicas-por-rafa-davidzen/

Arrierías número 51: Que significó la exclamación ¡Santiago y a ellos! En el sur del Quindío.

Ver: https://www.arrierias.com/que-significa-la-exclamacion-santiago-y-a-ellos-efectuada-al-sur-del-quindio-en-el-ocaso-del-siglo-xvi-por-rafa-davidzen/

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Ver: https://www.arrierias.com/fue-la-hoya-del-quindio-tierra-de-frontera-cultural-prehispanica-por-rafa-davidzen/

Arrierías número 54: ¿Quiénes eran los bintima o bintimay, los verdaderos habitantes de la Caicedonia ancestral en los albores del siglo XVII?

Ver: https://www.arrierias.com/quienes-eran-los-bintima-o-bintimay-los-verdaderos-habitantes-de-la-caicedonia-ancestral-en-los-albores-del-siglo-xvii/

Arrierías número 55: La historia desconocida de los buliras de Caicedonia y del sur del Quindío. Parte I.

Ver: https://www.arrierias.com/la-historia-desconocida-de-los-buliras-de-caicedonia-y-del-sur-del-quindio-por-por-rafa-davidzen/

Arrierías número 72: ¿Qué tipos de animales sagrados existieron en Caicedonia?

Ver: https://www.arrierias.com/que-tipos-de-animales-sagrados-existieron-en-caicedonia-por-rafa-davidzen/

Arrierías número 73 y 74: Acerca del vacío investigativo de 250 años de historia antes de Caicedonia (siglos XVII y XVIII)

Ver: https://www.arrierias.com/acerca-del-vacio-investigativo-de-250-anos-de-historia-antes-de-caicedonia-siglos-xvii-y-xviii-rafa-davidzen/

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