
Arrierías 112
Jairo Serna Salazar
—
Brindo por ti, ciudad de la amalgama:
del pasado rojo-sangre y la verde-esperanza
que viste un día clarear tus bosques
por brazos nobles: corazón y hacha.
–
Hijos de la hidalga Antioquía,
dirigieron su mirada a tierra extraña:
escalaron montes, vadearon ríos,
desafiaron fieras, trazaron surcos
y, por fin; sembraron en sus huertos almas:
–
Y la tierra extraña desplegó su manto,
extendió sus brazos y aceptó ser patria:
–
Se acercaron pueblos: costumbres, anhelos…
Familias de puntos distantes: ideas y sangre…
Para formar -cual forma el poeta sus versos
en la silente soledad del sueño-
una raza altiva, un pueblo con nervio tan grande
que es imposible llegar a olvidarlo:
–
¡Cómo no amarte ciudad!
¡Cómo no amarte!
Si fuiste la causa de tantos pesares
y das el reposo, adentro en tu alma,
a los ascendientes que fueron mi sangre.
–
¡Cómo no amarte, ciudad!
Por ti, por ti que me has dado sonrisas y llanto,
en tu nombre brindo:
Porque sea más verde tu verde esperanza:
Y aunque fueras injusta en ciertos momentos
– si acaso lo fuiste por tus propios hijos-
se te perdona todo, mi ciudad del alma.

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