
Arrierías 112
Clarena Vergara Hoyos
—
Mi historia con la música venezolana empieza desde antes de nacer; mis padres se enamoraron en Cali en los años 60 y la banda musical de su romance giró en torno a las grandes orquestas que venían a la ciudad en época decembrina, La Billos, Los Melódicos , y los boleros de Alfredo Sadel y Felipe Pirela, entre muchos otros.
Por supuesto, desde niña era la música venezolana infaltable; recuerdo cada diciembre en Cali escuchando a Tania de Venezuela cantando “Con mi botellita de ron” o la música de fin de año, los aguinaldos, El burrito sabanero, Hugo Blanco y los temas infaltables de año nuevo: Faltan cinco pa’ las doce, Año nuevo, vida nueva, y los éxitos de Pastor López, entre muchos más.
Vivíamos en Armenia, Quindío, y cuando tenía unos siete años le regalaron a mi padre un cuatro; yo ya lo acompañaba en el tiple y eso me facilitó aprender este instrumento tan lindo, tan pequeño, tan sonoro, un juguete para mí. Escuchábamos a Adilia Castillo cantando Española, el Carnaval, y muchos bellos temas que iban dibujando en mi mente esas imágenes de los llanos que compartíamos con el hermano país.

Mi padre escuchaba en ocasiones a Radio Táchira, allí transmitían los festivales de San Fernando, el Silbón, o comentaban sobre las fiestas en Elorza, y recuerdo cuando estaba de moda uno de los primeros éxitos de Reynaldo Armas, Pesadilla entre las Flores, luego Laguna Vieja y posteriormente todos sus grandes temas que, igual que grandes compositores, tenían una bella y romántica poesía.
Siendo adolescente, escuchaba a mis primos llaneros, la familia Manrique, interpretar Alma Llanera de Bolívar y Gutiérrez o el Concierto en la Llanura de Juan Vicente Torrealba. En Colombia, el disco que grabó con Marco Antonio Muñiz hizo historia; todos cantábamos Muchacha de Ojazos Negros, Madrugada Llanera, Solito con las Estrellas, la música de Joseito Romero, Eudes Álvarez, Eneas Perdomo, el Carrao de Palmarito, El Cubiro y muchos más.
Cuando iba a los festivales a Villavicencio o a San Martín, nos deteníamos a visitar a un luthier que hacía arpas, cuatros, maracas, Prisciliano Gutiérrez, como sabía que me gustaba la música, me regalaba casetes de grandes cantoras llaneras como Reyna Lucero cantando Carrao Carrao o el Gabán Perdido, Rummy Olivo, Cristina Maica, María Teresa Chacín y muchas otras .

Cuando estudié psicología en Cali, me integré al grupo Copla y Llanura; allí también interpretábamos temas inmortales como «Vestida de Garza Blanca» o «El Alcaraván Compañero de Pedro Felipe Sosa Caro», colombiano, pero que hizo su carrera en Venezuela, «Egoísmo de Julio Miranda», «La Potranca Zaina» y muchos otros bellos temas de ese rico folklore.

Copla y Llanura.

Copla y Llanura.
Algunos de estos compañeros pertenecían a Cantar Latino, un grupo que va a cumplir 50 años de carrera musical , y allí conocí a quien es hoy mi esposo, Fabio Mejía Duque. En el año 86, él viajó a Venezuela a estudiar Comunicación Cultural y nos dejamos de ver por tres años. Cuando regresó, tocaba bandola llanera y traía un cargamento de música extraordinaria .
Nuestro noviazgo se llenó de música de Simón Díaz, Soledad Bravo, El Cuarteto, Serenata Guayanesa, Cecilia Tood, Lilia Vera, Francisco Pacheco y Un Solo Pueblo, Raíces de Venezuela, entre otros.
Cada tema tenía una exigencia diferente: el merengue, por estar escrito en 5/8, era un reto para cualquier intérprete, las danzas zulianas, similares al bambuco, tenían gran dificultad; los golpes tocuyanos tenían unas letras picarescas que fueron toda una inspiración para mí, la música afrovenezolana con sus tambores me generaba una especie de trance fantástico.
En fin todo un universo sonoro a descubrir y a aprender.
En los años 90, Ricardo Zapata, el gran bajista bogotano, me regaló la compilación del Ensamble Gurrufio. Lo máximo en música folklórica instrumental. Aún sigue siendo la música que nos acompaña en los viajes junto a los grupos vocales argentinos .
He tenido la fortuna de conocer grandes intérpretes y grandes personas de la música de Venezuela, como el maestro Cheo Hurtado, a quien compuse un tema en homenaje por los 10 años de la Siembra del cuatro , un maravilloso proyecto.

Cheo Hurtado.
Alfredo Naranjo
Alfredo Naranjo, vibrafonista y director de la orquesta Guajeo; Corina Peña, gran cantante y gran ser humano. Recientemente he hablado con el maestro José Pollo Sifontes, el compositor de Anhelante, una de las más bellas canciones interpretadas por el gran Gualberto Ibarreto, a quien le escribí un tema para su cumpleaños 70. También, por un evento fortuito, acompañé al gran compositor Ricardo Sandoval, compositor de una de las más bellas obras como es el Cruzao, con el gran violinista Alexis Cárdenas y Paul Dessenne, C4 Trío, ganadores del Latin Grammy. He compartido lindos momentos. En fin, para una cuatrista aficionada, la vida ha sido muy generosa.


Con Corina Peña y María Isabel Saavedra.

Paul Dessenne.

Con la productora venezolana Genny Lara Socorro.
Ya con los años entré a ser parte de Cantar Latino y también allí la música venezolana ha hecho parte de nuestro repertorio , con temas como La puerca, recopilación de Alberto Arvelo Torrealba; El diablo suelto; El mocho, de Domingo Moret; y Caramba, del gran Otilio Galíndez.
Tengo amigos que se han vuelto hermanos, como Jerson Contreras y Antonio Facure de Llano y Melodía, con quienes he competido en varios festivales y obtuve el primer lugar en el festival Hato Viejo Cotrafa en 2022.

Eloy Pérez y Llano y Melodía Bello Antioquia Hato Viejo Cotrafa.
Además, con ellos hicimos una escuela de música para niños y jóvenes migrantes en asoció con el colegio Iném de Cali, intentando mitigar los efectos de la migración que se terminó por la pandemia del 2020.


Escuela Colibrí Consentido para niños y jóvenes migrantes.
He sufrido con sus dolores, he perdido amigos y he luchado sus luchas .
Desde el año 2012, con el gran flautista Manuel Rojas y sus alumnos y posteriormente con todos los artistas que han venido a Colombia, hemos emprendido una cruzada humanitaria de llevar medicamentos a Venezuela y ahora, con el terremoto, con algunas artistas he podido enviarles dinero para ayudar en esa grave crisis. Vivimos un terremoto en Armenia en el 99 y sabemos por lo que están pasando . Colombia ha sido un país solidario, empático, por sus múltiples tragedias, y hoy vuelve a unirse en campañas para apoyar al hermano país. Para mí, he vivido un duelo por los conocidos y los desconocidos y seguiré dando mi mano a ese gran país que he conocido a través de su música y sus artistas.

Comentarios recientes