Edición 112

POR LA EDUCACIÓN CREADORA

By 26 de julio de 2026No Comments

Arrierías 112

Carlos Alberto González Quitian. Arq. Mgs. Desarrollo educativo y social. Director Centro de Investigación y Consultoría Procrea/Pronova. Colombia. Pereira, Risaralda.

La educación está profundamente ligada a nuestro imaginario cultural, el cual a su vez está ligado a los paradigmas de civilización y desarrollo, dimensiones que requieren ser reflexionadas de manera crítica en un plan educativo o en cualquier proyecto educativo institucional. Difícilmente podremos construir una senda educativa apropiada sin escudriñar y develar la mediación que ejerce en la educación la visión de cultura y desarrollo que detentamos. En general, la educación se encuentra empleada al servicio de las coyunturas de poder vigentes, del paradigma de la Ilustración y del pensamiento desarrollista, los cuales le determinan sus estrategias y alcances.

Los esquemas participativos que se profesan en los planes de educación para su formulación, encuentran una barrera frente al poder de los círculos autocráticos de toma de decisión al aprobarlos, además del encadenamiento que sufre la educación en su modelo de evaluación, que con la más loable intención de realizar seguimientos y controles en torno a la calidad y cobertura, arriesga encarcelar la pedagogía y la cultura, mediante discutibles indicadores de logro y de estado, convirtiendo la educación en una mercancía destinada a moldearse y acomodarse al vaivén de las coyunturas e intereses particulares al servicio de tendencias de desarrollo, convirtiendo su sentido en un fin utilitarista, reduccionista, mediático, y a responder con aplausos a los parámetros definidos por las autoridades de turno.

En este escenario, la educación básica orienta sus mejores esfuerzos al logro de la alfabetización y de algunas competencias, la mayoría instrumentales del saber, la educación media dirige gran parte de sus esfuerzos a la preparación de los estudiantes para dar respuesta de forma mecánica a las pruebas de estado; y la educación superior, por su parte, orienta los esfuerzos a mostrarse eficiente en indicadores productivos para las pruebas técnicas elaboradas por el Estado, obviamente respondiendo al paradigma de desarrollo coyuntural que lo rige y lo sustenta.

La educación concebida como el proceso por el cual la sociedad facilita, construye y acompaña el desarrollo humano (cognitivo, emocional, formativo, comunicativo, productivo, valoral, lúdico, político, etc.), y cuya acción es la formación, el acercamiento al conocimiento y la reflexión, que da cuenta de la preservación y edificación de los intereses de la cultura, requiere reorientarse para ser autónoma, crítica y deberse como fundamento a sí misma. Es en esencia una práctica social para la vida, la felicidad y la trascendencia, que se apuntala en la interacción de la calidad humana de los actores y escenarios sociales que acompañan el proceso y en el saber, y se materializa en la tarea de aprender a pensar, aprender a aprender, aprender a crear y aprender a ser, actividades poco ponderadas en la educación en nuestro país, tareas por las cuales estamos en forma repetida perdiendo el año.

Dos estudios importantes sobre el tema en los albores del nuevo milenio nos ofrecen luces; uno sobre pensamiento integral y otro sobre creatividad, ambiente y aula, desarrollados por el grupo de investigadores representantes de cinco universidades en Colombia (U. Nacional, de Caldas, de Manizales, U. Autónoma y U. Católica, GRINCREA. 2001-2005), los cuales demostraron en la población universitaria investigada procedente de diferentes regiones del país que no existían diferencias significativas en cuanto a la capacidad de resolver problemas entre un estudiante que ingresa a la universidad y un estudiante que cumple con el ciclo profesional, e igualmente determinaron que no existían diferencias significativas en cuanto a pensamiento creativo entre un estudiante que ingresa a la universidad y uno que culmina los estudios.

Igualmente, se estableció en los antecedentes, que los estudiantes, a pesar de poseer altas capacidades, habilidades y destrezas, su creatividad había sido inhibida desde la familia y la escuela. Los procesos comprensivos eran altamente deficientes y su educación en general no respondía a un aprendizaje significativo y los niveles de comprensión e interiorización del conocimiento eran mínimos.

Así mismo, se evidenció de manera contundente en la investigación que buena parte de la evaluación solo se orientaba a saber si el alumno estudió, no si aprendió, y que la mayoría de las pruebas estaban destinadas a retención de conocimientos y no a la formación integral del estudiante y al aprendizaje interiorizante. Lo lamentable de la situación, es saber que estos resultados siguen estando presentes, salvo alguna mejoría en determinadas prácticas y didácticas. Luego de casi tres décadas, tanto en la educación básica como en la educación superior, seguimos haciendo agua en los procesos de educación integral y aprendizaje.

Sin profundizar más en estos procesos de investigación, para nadie es un secreto que del aprendizaje en la educación formal queda muy poco, algo de instrumentación en la educación básica y de profesionalización en la educación universitaria, además de un descuido significativo en la formación en cultura nacional, universal y ciudadana. Desde lo pedagógico, si un extenso adiestramiento para cumplir con los índices de la evaluación estatal y la certeza de que el estudiante haya repetido eficazmente lo que el profesor quiere escuchar, se determina en las investigaciones citadas que el estudiante que se vuelve experto así no lo interiorice, en expresar lo que el profesor quiere escuchar.

Desde la dimensión del desarrollo, además, cabe el preguntarnos: ¿por qué en la educación superior las nutridas maestrías y doctorados no han producido cambios significativos para el país?, ¿por qué una buena parte de los gestores del delito y la corrupción, son formados con títulos y honores en la educación básica y universitaria? El conocer sobre qué deben saber y hacer los educandos, los programas, las prioridades de inversión, lineamientos de seguimiento e instrumentos de control son importantes, pero igualmente se hace crucial para no equivocarnos con verdadero acierto o planear una excelente mala educación, incluir en la formulación de los programas educativos la reflexión sobre el sentido de la educación y su papel develativo y transformador.

¿Continuaremos afianzando una cultura y un desarrollo fundados en el tener en menosprecio del Ser? ¿Se debe seguir fomentando una educación que privilegia la ilustración y el tener sobre los valores? ¿Se debe invertir en un desarrollo que atropelle, que deprede, que sea indiferente e indolente con el ambiente, los derechos humanos, la justicia o la equidad, generando indolencia o remedios que pueden ser peores que la enfermedad, o que puedan llevarnos a la desaparición como especie?

Es necesario para esta reflexión incorporar a manera de colofón expresiones sabias en cuanto al sentido de la educación en boca de algunos de nuestros más experimentados e insignes científicos y maestros:

Desde la ciencia. Albert Einstein: Me parecería mejor que empezaras a enseñarles a otros solo después de que tú mismo hayas aprendido de manera trascendente algo.
En otro aparte expresa: “…el propósito de la educación es formar individuos pensantes e independientes, quienes a su vez deben prestar un servicio a la comunidad, su más alta aspiración en la vida”.

Desde la educación y la pedagogía. Jean Piaget: “La educación debe enfocarse en formar individuos capaces de crear e innovar, más que en la simple transmisión de conocimientos… Educar es formar a través de los propios sujetos; todo lo que se enseña impide ser inventado”. En otro aparte expresa una frase totalizante y contundente: “Para mí, educación significa formar creadores”.

Desde la filosofía. José Antonio Marina: Aprender no es almacenar cosas en la memoria, sino saber hacer y transformar cosas… En el escenario de la educación, la inteligencia y la creatividad deben fundarse en los valores, ¿para qué inteligencia y creatividad en seres despiadados? Y en otro aparte expresa con toda convicción: “Para educar bien a un niño, hace falta una buena tribu.”

Tres aportes fundamentales a esta reflexión: consciencia, trascendencia y creación; el desarrollo económico, social, cultural, ecosistémico y ambiental, tecnológico y científico, que edifica y transforma la cultura y nos ofrece avance, nace de una buena educación.

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