El libro y la serie televisiva.

Arrierías 114

Jairo Sánchez

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Hablar o escribir sobre García Márquez y su obra principal, Cien años de soledad, son palabras mayores. Quienes hayan leído el libro y visto la serie, o quienes solo han leído el libro, o aquellos que solo han visto la serie, tienen concepciones diferentes.

Para la lengua española, El Quijote de la Mancha, de Cervantes Saavedra, es el libro más leído, consultado y referenciado dentro de la literatura caballeresca, de aventuras, satírica y polifónica, y, considerada unánimemente como la primera novela moderna de la literatura universal.

Don Quijote de la Mancha: Publicado en dos partes. La Primera Parte fue escrita a principios del siglo XVII y publicada en 1605; la Segunda Parte se publicó en 1615.

Cien años de soledad: Escrita por Gabriel García Márquez entre 1965 y 1966 en México, y publicada finalmente en 1967 en Buenos Aires.

O sea, 361 son los años de diferencia entre estas dos grandes obras maestras de la literatura universal. Y, ¿por qué se mencionan?, porque uno de los más preponderantes escritores mexicanos, Carlos Fuentes, hizo la comparación de Cien años de Soledad como el Quijote latinoamericano, él fue uno de los primeros y más entusiastas en usar esta definición. En una carta a Julio Cortázar, describió la novela como «un Quijote capturado entre las montañas y la selva», celebrando su prodigiosa capacidad para convertir la realidad en un discurso literario único. Esta idea es tan relevante que la correspondencia entre García Márquez y Fuentes se considera una ventana privilegiada a la gestación de lo que Fuentes mismo llamaba el «Quijote latinoamericano”.

Datos relevantes de Cien años de soledad.

Primera edición: 30 de mayo de 1967 (Editorial Sudamericana, Buenos Aires)

Tiraje inicial: 8.000 ejemplares (se agotaron en apenas dos semanas)

Ventas totales acumuladas: más de 50 millones de ejemplares en todo el mundo

Idiomas y traducciones: Traducida a más de 47 idiomas (incluyendo chino, árabe, esperanto y Wayuunaiki).

Ediciones registradas: Más de 100 ediciones catalogadas globalmente.

Lectores estimados: Más de 100 millones (considerando préstamos de bibliotecas, ediciones piratas y pasados de mano en mano) Felicitaciones si Usted es uno de esos lectores.

 Primera tirada agotada: La demanda inicial fue tan descomunal que la editorial preparó de inmediato una segunda tirada de 10.000 ejemplares en junio de 1967.

Edición conmemorativa (2007): La Real Academia Española (RAE) y la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE) publicaron una edición conmemorativa cuyo primer tiraje superó el millón de ejemplares en el mundo hispanohablante.

Se ha dicho que Cien años de soledad fue un «detonante» del «Boom» latinoamericano, descentralizando a Europa como el único corazón de la literatura de vanguardia y colocando a la novela hispanoamericana en el centro del mundo.

Ese movimiento que cambió la visión que el mundo tenía de la literatura latinoamericana tuvo sus inicios con: Juan Rulfo (México): Pedro Páramo (1955).  Jorge Luis Borges (Argentina): Ficciones (1944), El Aleph (1949).  Alejo Carpentier (Cuba): El reino de este mundo (1949), acuñador de «lo real maravilloso».  Miguel Ángel Asturias (Guatemala): El Señor presidente (1946). 

El corazón del “BOOM” Los 4 grandes representantes Gabriel García Márquez (Colombia): Máximo exponente del realismo mágico. Transformó la narrativa hispanoamericana con una prosa poética y cotidiana.  Obras clave: Cien años de soledad (1967), El otoño del patriarca (1975), Crónica de una muerte anunciada (1981). 

Julio Cortázar (Argentina): Maestro del cuento corto y la narrativa experimental. Rompió la estructura cronológica tradicional de la novela.  Obras clave: Rayuela (1963), Bestiario (1951), Final del juego (1956).

 Mario Vargas Llosa (Perú): Destacó por el rigor técnico, las estructuras narrativas complejas y la crítica al autoritarismo y los conflictos sociales.  Obras clave: La ciudad y los perros (1963), Conversación en La Catedral (1969), La fiesta del Chivo (2000). 

Carlos Fuentes (México): Exploró la identidad, la historia y la memoria colectiva a través de técnicas narrativas vanguardistas.  Obras clave: La muerte de Artemio Cruz (1962), Aura (1962), La región más transparente (1958).

 Otros autores esenciales del Boom José Donoso (Chile): El obsceno pájaro de la noche (1970).  Guillermo Cabrera Infante (Cuba): Tres tristes tigres (1967).  Augusto Roa Bastos (Paraguay): Yo el Supremo (1974). Y, José Lezama Lima (Cuba): Paradiso (1966).

Dos escritores de esta lista fueron galardonados con el Nobel de Literatura, García Márquez y Vargas Llosa.

Cien años de soledad es una obra cumbre de la literatura universal que se distingue por una serie de características que la convierten en una experiencia de lectura única e inolvidable. Sus principales rasgos son los siguientes:

Realismo mágico: La fantasía como cotidianidad

Esta es, sin duda, su característica más emblemática. La novela es el ejemplo perfecto del realismo mágico, donde lo extraordinario y lo sobrenatural se integran en la vida diaria de los personajes sin que estos lo cuestionen. Elementos como la levitación de un cura tras beber chocolate, diálogos con fantasmas, la lluvia de flores amarillas o la ascensión al cielo de un personaje son narrados con la misma naturalidad que un suceso común. Esta fusión crea una realidad más rica y compleja que refleja la cosmovisión latinoamericana.

Estructura circular y concepción cíclica del tiempo

El tiempo en Macondo no es lineal. La novela se construye sobre una estructura circular, donde la historia se pliega sobre sí misma. Los acontecimientos y los destinos de los personajes se repiten a lo largo de las generaciones, como si estuvieran condenados a revivir los mismos errores. Esto se refuerza con la repetición de nombres (todos los José Arcadios y Aurelianos) y la profecía de los manuscritos de Melquíades, que solo se descifran al final, revelando que la historia ya estaba escrita.

Saga de una familia y un pueblo

La novela narra la historia de la familia Buendía a lo largo de seis generaciones, desde la fundación de Macondo hasta su destrucción. A través de su periplo, se cuenta también el nacimiento, auge y decadencia del pueblo, que se convierte en un reflejo de la historia y los conflictos de Colombia y Latinoamérica. La fundación, las guerras civiles, la llegada de la compañía bananera y la posterior ruina marcan el devenir de este microcosmos.

 La soledad como tema central

El sentimiento de soledad y aislamiento impregna toda la obra. Cada miembro de la familia Buendía experimenta una forma de soledad particular, a menudo como consecuencia de su incapacidad para amar o de su encierro en sí mismo. Personajes como José Arcadio Buendía, atado a un árbol, o Úrsula, envejeciendo y quedándose ciega, son poderosos símbolos de esta condena existencial que, como reza el final de la novela, parece no tener una segunda oportunidad.

 Prosa y técnicas narrativas

En resumen, Cien años de soledad es una novela total que, a través del mito, la historia familiar y una prosa deslumbrante, explora temas universales como el tiempo, el destino y la soledad, al tiempo que retrata la esencia de un continente.

Los 20 capítulos de la novela se dividen en 4 ciclos, dos míticos y dos históricos.

El primer ciclo abarca el tiempo fundacional, es un tiempo mítico, como una especie de Génesis y Éxodo bíblico, adánico por el destierro luego del asesinato del compadre Aguilar, así como el pecado original. Aparece la descripción tribal, encantatorio, fantástico, garcíamacondino, metafórico, prodigioso, de iniciación, pues las cosas no tenían nombres.

El segundo ciclo, histórico, narra las luchas encarnizadas entre liberales y conservadores, de las cuales hizo parte, sin ningún éxito el coronel Aureliano Buendía.

El tercer ciclo, histórico, también, se desarrolla en el Siglo XX, es una continuación de la guerra civil, pero ahora con la presencia de la United Fruit Company, que, en 1928, marcó un antes y un después en la lucha obrera en Colombia.

El cuarto ciclo, también mítico, narra la decadencia y desaparición de la familia Buendía y de Macondo. Todo sucedido en una estructura temporal circular vislumbrada desde el génesis de la novela.

Lo real maravilloso o, el realismo mágico lo describe García Márquez en personajes como: Los Arcadios, soñadores y trágicos y los Aurelianos, retraídos e impulsivos. Muchos Arcadios y Aurelianos aparecen y desparecen en la obra. Úrsula, la matrona por excelencia que envejece con la narración, pero asumiendo un papel preponderante en el manejo de la familia. Rebeca, la incorregible geofágica, cargando los huesos de sus padres y con sus ojos fosforescentes, Amaranta, Melquiades, el coronel, José Arcadio, Remedios Moscote, Santa Sofía de la Piedad, Arcadio, Pilar ternera, Aureliano José, Remedios la Bella, Fernanda del Carpio, Aureliano segundo, José Arcadio Segundo, los gemelos auto inidentificables, la prolífica externa Petra Cotes, Meme, José Arcadio, Mauricio Babilonia, Aureliano Babilonia, Amaranta Úrsula y Aureliano y muchos ottos personajes que enmarcan el realismo mágico narrado en los cien años que dura la gesta Buendía.

La serie de Netflix para televisión tenía un reto: la fidelidad de la novela conservando el tiempo cíclico, los personajes y a Macondo.

Una crítica publicada por The Independent de Londres, dice: » Creo que nunca había visto una adaptación literaria tan perfectamente elaborada. (…) [Podría] estar destinada a convertirse en algo inusual: una adaptación literaria atemporal tan querida como el libro que la inspiró» 

Se transmitió en dos temporadas y una entrega final con el último ciclo mítico, la desaparición de la casta Buendía y todo su entorno.

Ver la serie es como tener el libro abierto y sentir que los personajes cobran vida.

José Arcadio, buscando con Úrsula un lugar donde acabar el peregrinaje, Macondo. Melquiades con su promesa de alquimia y con las novedades del mundo exterior. El pueblo, desde sus primeras chozas hasta la prosperidad y la decadencia. El coronel Aureliano, con sus guerras fallidas y su soledad consolada con la artesanía de pescaditos de oro. Amaranta, la eterna enamorada y solterona tejedora de su mortaja para morirse cuando le diera la gana, Rebeca, el fantasma come tierra y chupa dedo. José Arcadio quien reaparece luego de dar 65 veces la vuelta al mundo, un macho alfa con atributos sexuales legendarios cuya muerte, todavía no se ha resuelto. La eterna celestina, Pilar Ternera, Santa Sofía de la Piedad, la hacedora de tareas domésticas y esposa de Arcadio, un Buendía sin orígenes precisos, pero, cuya muerte por fusilamiento es un hito en la novela. Los 17 Aurelianos, todos muertos la misma noche, Aureliano José, enamorado frustrado de Amaranta y de Pilar Ternera, su mamá. Remedios la bella y los indistinguibles gemelos Aureliano Segundo y José Arcadio Segundo. Aureliano Segundo, casado con Fernanda del Carpio, pero rejuntado con Petra Cotes, de extraordinaria fecundidad indirecta. Aureliano Segundo se hizo rico por los innumerables partos los animales que criaban. Mauricio Babilonia, el enamorado de Renata Remedios, a quien acompañaban mariposas amarillas, muerto como ladrón de gallinas lo que produce un mutismo permanente en Meme, (Remedios). José Arcadio, el papa que nunca fue, libertino y derrochador, muerto por sus “niños”.  Amaranta, la esposa separada de Gastón. Ella, convive con Aureliano Babilonia, sin saber que son familiares y tienen un hijo, Aureliano, devorado por las hormigas mientras su padre es borrado de la memoria macondiana por una oleada de viento.

La serie tiene un excelente reparto y el guion es muy fiel a la novela. Con sobradas razones ha tenido un recaudo exorbitante en dinero y espectadores.

Personajes que, aparentemente, no tienen mayor relevancia en la novela, también aparecen en la serie televisiva, como es el caso de los únicos y últimos amigos de Aureliano Babilonia: los cuatro discutidores, que el autor de la novela incluye atemporalmente dentro de la obra, el grupo de Barranquilla: Álvaro Cepeda Samudio, Germán Vargas, Alfonso Fuenmayor y García Márquez. Cada uno va dejando a Aureliano solo con su soledad, el último en abandonarlo para viajar a París es García Márquez, ante lo cual Aureliano Babilonia reflexiona y lanza la expresión “los amigos son unos hijos de puta”.

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