Edición 113

FATÍDICO 7 y 34: LA MOVIDA CHUECA CON HORROR Y DESESPERO – EL IRREVERENTE

By 31 de agosto de 2026No Comments

Arrierías 113

Héctor Fabio Bedoya Castaño – hefabeka@gmail.com

Lo impensable es escaso, eso es así; todo parece realismo mágico. Un despertar brillante, radiante y luminoso colmaba el horizonte sin premoniciones. Pintaba un día caluroso, con mucha energía. La suerte estaba echada y el mundanal ruido se tomaba la ciudad.

El encuentro formal con sus vecinos a la salida de sus casas reflejaba el jolgorio de un día apasionante para cada sujeto que quería vivirlo con máxima intensidad, fuere en la oficina, la calle, la escuela, en los medios de transporte o en las vueltas de la rutina diaria, cada ángel tenía su devoción.

En el recorrido a laborar, se evidenciaba la satisfacción de quienes iban a cumplir con el rol asignado; en su mayoría, los empleados expresaban gusto por su labor porque con su fruto seguirán alimentando la esperanza de un hogar feliz; los estudiantes, ávidos del conocimiento, ciencia, arte, deporte y de la inteligencia artificial para superar los retos de la escuela y acercarse al mundo universitario y a la vida laboral. Los padres de familia que aún conservan la tradición de llevar a los chicos a la escuela los acompañaban. Los empleados públicos iban a cumplir sus tareas, apurados porque entraban a las 8:00 am; los desempleados, acuciosos de buscar empleo con desespero, apuraban el paso en busca de alguna oportunidad; los informales ya se disponían a buscar el sustento diario a ver cómo juntaban ganancias para mantener a sus familias.

Los abuelos salían con los recibos en busca del banco para hacer las colas con el fin de pagar los servicios o se dirigían a las EPS a reclamar los medicamentos en largas colas o a salir desalentados porque no habría la fórmula completa y quedaban cargados de pendientes; las cafeterías y ventas del tinto llenas por comensales casuales que con un tinto y un pan dizque desayunaban, y muchos más… Todos a la calle salían.

Nadie pensaba en contravía, todos los presupuestos se apuntalaban en cumplir con las obligaciones y generar excedentes para futuras expectativas a corto y mediano plazo para sus familias.

Unos llegaban al trabajo, otros, la gran mayoría, a cumplir con su jornada académica, cuyo propósito se centraría en alcanzar la promoción de bachilleres y llegar a estudios superiores, con propósitos claros y metas definidas.

De repente, todo se convulsiona: el grito de temblor, temblor, temblor… La estampida en busca de sitios seguros, las personas buscando los puntos de encuentro.

Una alarma bulliciosa interrumpe la armonía; la calma se transforma en gritería, gracias al divino hacedor se venían realizando los famosos simulacros de evacuación, los cuales han servido para la toma de conciencia ante cualquier tipo de evento. La inmediatez, la rapidez y la celeridad de todo el personal los llevaron a las zonas asignadas en este tipo de eventos.

Muchos dejaron sus pertenencias; algunos querían regresar por sus celulares, olvidados en los bolsos. Hubo gritería, hubo oración, hubo todo tipo de comentarios. También vimos personas desencajadas, descompuestas, llantos, gemidos, risas de angustia y algunos insensibles y otros poco sintientes. Todos optaron por intentar llamar a sus seres queridos… Colapso total de redes; algunos lograron comunicarse por WhatsApp y otros renegando de la maldita señal. Alguno logró conocer la intensidad del movimiento telúrico y su epicentro. En ese encuentro todos estaban expectantes de posibles réplicas y las hubo de padre y señor mío.

La desesperación se apoderó de cada uno de los sujetos que buscaban las zonas designadas para la evacuación. Algarabía total, alboroto sin fin. Muchos creían que ese infernal movimiento fuese el final del mundo. Inició despacito y tendido, fue aumentando en intensidad. De repente, el impulso fue mayor, la tierra crujía, no sabíamos en qué momento se iba a abrir y empezaría a tragarnos o que se empezaran a desprender los árboles, a derribar las casas y edificios. El mundo se consumía en esos instantes interminables. Qué horror, qué desazón.

Empezó a saberse noticias… que en Cali hubo desastres, que en Pereira se implosionaron varios edificios, que el Chocó sufrió, que Manizales presenta caída de parte de la cúpula de su catedral, que Buenaventura también sufre graves daños… Faltaban muchos reportes de 66 municipios que también sufrían. Mientras tanto, los compañeros directivos y de prevención de desastres tratan de apaciguar a todos los estudiantes. Se especula sobre los daños y empiezan a llegar los padres de familia por sus hijos. La angustia es total y poca señal de telefonía… Muy pocos tuvieron el privilegio de comunicarse. Todo apenas iniciaba a las 7:34.

El docente, calmado y calmando a los alumnos, sin tener noticias de su familia, inclusive quienes tenían a sus familiares hospitalizados o en alto riesgo, sin saber cómo se encontraba su vivienda, sin saber de la magnitud de los daños y sin presentir las pérdidas que les esperaban.

En esos instantes me tocó ver a un macho cabrío, en su impotencia y estado de indefensión, doblegarse ante la realidad real y en medio de un desespero provocado por la furia de natura que lo obliga a implorar por sus hijas, los seres más amados, en un gemido estruendoso da rienda suelta a su ímpetu y sale como volador sin palo en busca de sus amadas criaturas. Al alzar vuelo como una polvorosa nave, no se fijó en nada ni en nadie. Su primer paso casi lo doblega; la respiración se agita y sus piernas se resienten sin saber si llegarían a su objetivo. Cada paso se convirtió en un siglo y en un santiamén; sin saber cómo, avanzó las 17 cuadras de manera rápida, con aceleración del corazón, casi con angina de pecho. Por fin alcanzó la puerta deseada y allí, casi con febril deseo y exhausto, al verlas, recuperó el aliento y algo de su alegría, aunque por dentro sentía ese túnel obscuro que lo intimidaba. No tuvo fuerzas para hablar, menos para escribir, porque su alegría angustiada lo atribulaba.

En el camino a su casa no supo cómo cruzó las calles ni con quiénes se topó, solo supo que el tiempo se alargaba a cada paso que daba y en su mente solo imploraba al divino hacedor que las niñas de sus ojos estuvieran sanas y salvas con su ángel guardián…

No hubo calma. Los gritos del encuentro se volvieron eternos, los abrazos se hicieron interminables y el momento simbolizó el afecto, el amor y la ternura por las niñas, ganó la familia. El personaje permaneció por mucho rato exhausto, en estado de shock. El tiempo posterior le empezó a esclarecer la visión y la mente, aunque el paciente quedó impactado y direccionado al médico por su alta angustia.

No te desesperes, caro amigo. Toma un respiro profundo y fuerte. La vida no la riges tú; la vida es solo un vaivén bucléico que no puedes predecir y menos manipular y moldear a tus caprichos.

El mundo es circunstancial y se mueve en las lógicas y las dialógicas de la naturaleza; tú no tienes la capacidad para manejarla, solo puedes ayudar a mantenerla en condiciones óptimas. Si intentas alterarla, modificarla o manipularla, puede ser contraproducente para tu seguridad y bienestar.

Hoy recibe con el mayor de los gustos estas palabras que, sin ser la panacea, te permiten pensar y reflexionar mejor. Hoy es indispensable tener presente lo que se denomina TRANQUILIDAD. Emerge en estos momentos de desastre y desasosiego; entiendo el grado de dificultad que enfrenta cada uno de mis conciudadanos, pero es necesario y vital asumir con responsabilidad los hechos y tener la paciencia necesaria para afrontar y enfrentar la realidad.

Muchos lo perdieron todo, incluso hasta la vida, otros quedaron con impedimentos físicos y con problemas psicológicos, otros sin rasguños, pero con el temor exacerbado al más mínimo movimiento de las cosas. Sea cual sea tu situación, debes tomar con mucha tranquilidad las cosas, ser asertivo y actuar con paciencia; para ello, valora tu situación, la de tu familia, la de tu comunidad y proyecta trabajo solidario, organizado y planeado con el objeto de tranquilizar a todos. No es fácil porque los dolores propios y ajenos son diferentes, al igual que sus necesidades.

Muchos se entregaron a la oración, dependiendo de su vertiente religiosa, otros lo hicieron desde la acción como protectores del hogar y familia, otros acudirían a tramitar la ayuda para mitigar el duro y circunstancial momento. Muchos quedarán esperando que los trámites burocráticos agilicen cualquier proyecto y que se ejecute con celeridad, como la reconstrucción. Es viable y factible que aparezcan, como siempre, los avivatos y oportunistas que se aprovechan del momento para deslechar al ciudadano de a pie, encareciendo bienes y servicios porque al caído, caerle. A todos estos especuladores del momento hay que tenerles miedo y alejarlos, aunque son como las malditas cucarachas. Nosotros debemos ser tranquilidad, paciencia y resistencia porque somos el Ícaro contemporáneo con grandes capacidades y con la actitud intacta para superarnos y recomponernos.

Ánimos y adelante, la vida es bella.

No te consumas mirando fotos ni videos repetitivos del suceso acaecido con fecha registrada del 10 de agosto en la hora fatídica de las 7:34, lunes también como en el terremoto de 1999, qué curioso. Aquí se trata de no martirizar a nada ni a nadie. Busca la tranquilidad a través de la música y el canto, ejercita tu mente y tu alma, realiza prácticas deportivas acordes a tu gusto y capacidad física, observa la naturaleza y camina plácido en búsqueda de soluciones creativas y operativas para tu vida. Hoy deberías ser como los pajaritos que siempre van alegres interpretando la melodía de la vida en su libertad y engalanan los aires que recorren con su canto y su colorido.

Oye, no pierdas tu activo más valioso, ese que por toda la vida te ha llevado a hacerte sentir a plenitud. No te dejes amilanar por momentos, hechos, circunstancias, adversidades o por los necios. En estos momentos debes solidarizarte y compartir con los otros esa virtud que hace de ti un ser valioso y con la cual puedes aportar al rescate de la humanidad: LA ALEGRÍA. Que gran regalo les puedes brindar a todos en estos tiempos tormentosos.

Mucha escaramuza en medios de comunicación y poca ayuda efectiva, cual politiqueros de oficio; la comunidad requiere atención inmediata y no donación de juguetes ni golosinas, se requiere un plan estructurado de ayudas y no pañitos de agua tibia, no se requieren funcionarios pantalleros, sino personal entregado a una labor de recuperación y reconstrucción social, más cooperación y solidaridad, menos medios.

Buen viento, buena mar.

HÉCTOR FABIO BEDOYA CASTAÑO

Oriundo del departamento del Quindío, licenciado de la Universidad del Quindío del programa de Lingüística y Literatura. Magíster en Educación de la Universidad Católica de Manizales. Docente adscrito a la Secretaría Departamental de Educación del Quindío y vinculado como tutor del Programa PTAFI 3.0 en el Instituto Calarcá. Se desempeño como catedrático de la CUN en Puerto Rico, Caquetá, de la Unitolima a Distancia y de la Universidad del Quindío. Degusta de la literatura y la escritura creativa.

Obras inéditas con registro de derechos de autor  

A tu sola manera

Elementales

Libidinosas

Furtivos

Trivialidades

Aforismos

En coautoría de Jairo Vargas, Jorge Alfredo Velásquez, el libro Convivamos en la escuela.

En coautoría con Álvaro Augusto Correa, Obra de conocimiento: De la creatividad a la poesía: Una andadura compleja

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