Sobre la cama, mirando un punto fijo en el techo del lecho que me cubre en esta noche sempiterna, tas cerrar el libro “El cartero” de Bukowski parece que la náusea me invade, una náusea como la que refiere Sartre esa que sabe a duda a crisis existencial, estoy una vez más en el fondo o en el medio, quizás en la cima y ¿no lo veo?, cansancio, insomnio, 12 horas de trabajo, contracturas en la espalda y un sufrimiento profundo que no logro explicar me acompañan, tal vez hasta que los pájaros canten y salga el sol, así que, suena el despertador y no se ni siquiera  a qué hora pude dormir, voy a arreglarme para ir a desayunar con una gran amiga que ha logrado hacer que salga de mi casa en mi único día de descanso.

Como no suelo salir este día, voy 40 minutos tarde a mi reunión y el celular parece que va explotar por las llamadas y mensajes, seguramente preguntando donde voy, sin embargo, al llegar, mi amiga conservaba su buen humor, como es característico, buscamos un lugar para ubicarnos, era un parque con mucho verde y espacio al aire libre, colocamos un tapete , ella saco unos deliciosos panes, me pregunto cómo estaba y manifestó que se encontraba preocupada por mí ya que hacía varias semanas no respondía sus mensajes, bromee con que lo más importante era que estábamos justo ahí, desayunando juntas, me miro y las lágrimas brotaron sin dar más espera, de modo que, le conté que tenía un indescifrable desaliento y haría cualquier cosa para que fuera diferente.

Me miro, sonrió y dijo que entendía, así como, agradecía que confiara en ella ya que también había pasado por algo similar y después de contarme su historia me paso el numero de un analista, no obstante, al día siguiente, llame para agendar una cita la cual fue acordada para el jueves en la tarde, logre llegar, al manifestarle a mis jefes la necesidad de acudir a psicoterapia y que esta era de vital importancia para mí, ahora espero en un pasillo, con el corazón algo acelerado para entrar al consultorio, mientas miro mi celular, escucho que una puerta se abre y alguien dice. Buenas tardes.

Entonces, como una catarsis liberadora surgió aquel encuentro, más aun, como un desencuentro con mis afectos, aunque, apenas empiezo siento como durante mucho tiempo tuve un gran estigma al pensar en aspectos de la mente, la psique o el alma, para buscar soluciones a mis dificultades relacionas con esos temas, pensando que esto era para “locos” o “locas” y como el sistema de salud nunca me ofreció esta alternativa ¿Por qué?  Es así como desde la crisis abrazo el caos como un acto subversivo y transformador.

 

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