
Arrierías 108
Orlando Restrepo Jaramillo
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“Cada respiración es un amén natural. Mi soledad es apacible, como agua no tocada”.
Umberto Senegal.
El tiempo con sus buenas intenciones y su albur reinventando sueños. Despertando con puñal de sol entre los ojos, con sal del agua urgiendo la atarraya del día, tras la huida de las horas.
Arrimados a la época, surcada la piel por la línea de los años,
impulsado por el colorido de los semáforos, andando por calles reflejado en vitrinas, arrancando las últimas hojas del almanaque, para tratar, así sea evitando, los temores posibles, los repetidos dichos a pesar de ir cayendo, sin remedio alguno, en sensación de tiempo sucedido, en crucigrama de enigmas, apoyado en incertidumbres.
Ser humano, como todos, con carga de expectativas, demarcado
por horarios y rutinas, en la precaria importancia de ser compelido
por exigencia social, imponiendo ser consecuente con el derroche del ciclo, en marco inventado para acabar los años y empezar “con razón o sin ella, siempre una cosa enfrente de la otra, siempre una cosa tan inútil como la otra, siempre lo imposible tan estúpido como lo real, siempre el misterio del fondo tan verdadero como el sueño del misterio de la superficie, siempre esto o siempre otra cosa o ni una cosa ni la otra”, al decir del poeta portugués Fernando Pessoa. Según se deduce, algo así como recibir, desde los días, convicción irremediable de año nuevo, como si fuera, posibilidad inesperada.
Llegada por WhatsApp oración portuguesa, se pregunta: “¿Qué quieres te traiga el próximo año? Nada, no quiero me traiga nada. Lo único, no me quite nada.
Ni el techo protegiéndome,
el plato alimentándome, la manta abrigándome,
la luz iluminándome,
las sonrisas de mis seres queridos, la salud como tesoro, el trabajo como sustento, la amistad, la compañía, los abrazos, los besos y los sueños. Ni los pedazos de corazón de aquellas personas llevadas por dentro”.
Orlando Restrepo Jaramillo
Cartago
31-12-2025

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