Edición 108

DE ESTE LADO DEL MUNDO: JUAN CARLOS MURCIA GIRALDO

By 7 de abril de 2026No Comments

Arrierías 108

Umberto Senegal

PARA el género narrativo, cuentos en específico, en 2025 nuestra región tuvo la fortuna de conocer el trabajo de dos cualificados cuentistas, con dos libros estampando un hito actancial -sujeto, objeto, destinador, destinatario- en la actual cuentística quindiana: Juan Carlos Murcia Giraldo y José Julián Trujillo. Enmarcado, el primero, en la atractiva ficción realista, cuyas historias ficticias ambientadas en espacios concretos se sostienen sobre protagonistas y circunstancias que acontecen en la vida cotidiana, sin elementos de fantasía, centrados en contrariedades humanas permitiendo al lector identificarse con tales experiencias imaginarias. Diez cuentos: Un señor de barba y sombrero, Viviana Flórez, Mañana, Valiente gracia, A quién podría interesarle, Las Ponce, Manual para cogerte a una mujer casada, La pregunta de la sombra, De este lado del mundo, Era la voz de Magda.

“Camila y Alejandra son las hijas de Alberto Ponce, un acaudalado hombre de negocios que supo blanquear la fortuna obtenida en el negocio del narcotráfico invirtiendo en nacientes constructoras y campañas políticas”. Realismo no de tan ficción. Juan Carlos parece conocer intimidades de personajes reales, involucrados con el desarrollo económico y el contorno político del Quindío, camuflándolos con paródicos personajes de este libro suyo. “Las fotos que contenía el sobre de manila quedaron esparcidas por el suelo del recibidor. En ellas aparecían Camila y tres muchachos, desnudos todos, en plena orgía. Ninguno de ellos, entre los cuales se encontraba el hijo menor de Emilita, tuvo reparo en posar para la cámara mientras jugaban a ensartar sus vergas, al tiempo y sin remilgos, en la boca, el culo y la vagina de Camila”.

Estos proposicionales cuentos, varios de los cuales publicó Juan Carlos en Prosa, Revista Literaria (Armenia, abril 15 a noviembre 15 de 2018, siete números) erigen de manera fustigadora, sin misericordia para sus protagonistas, un territorio narrativo donde lo verosímil no imita la realidad de manera mimética. Con prosa golpeadora, escribiendo furioso hacia la sociedad donde debe vivir, esta Armenia que pocos puntualizan con toda su podredumbre y fermentación individual y social humanas, Murcia disecciona varios de estos personajes y espacios y los zahiere, en su dimensión dramática más humana y social, como en Viviana Flórez y Las Ponce, dos con los cuales cualquier lector se identificará moral o inmoralmente al sentirlos parte de sus turbaciones sexuales y experiencias personales.

Cada cuento, con tejidos de arquitectura estructural polifónica no distantes del realismo sucio, sostenidos por situaciones reconocibles, familia, deseos, culpas, precariedades, memorias y marginalidad abordadas con voces narrativas en primera, segunda o tercera personas; omniscientes, testigos o personajes de voces habladas, pensadas o escritas, tensa lo cotidiano hasta volverlo inquietante e incómodo. Pero siempre significativo. En textos como Un señor de barba y sombrero o Era la voz de Magda, la condición humana está herida por el peso del pasado. Voces que persisten como conciencia social que no se puede acallar. Historias entre las cuales Juan Carlos extiende su personalidad y sus arrebatos políticos, sus vivencias de escritor exigente atravesado por su contexto: la ciudad, la familia, los afectos rotos. Algo similar ocurre en Las Ponce o Valiente gracia, donde la vida doméstica y las relaciones de poder, explícitas o soterradas, revelan tensiones de clase, género y supervivencia cotidiana.

Otros cuentos, Manual para cogerte a una mujer casada o A quién podría interesarle, trajinan con ironía y crudeza los pliegues morales del deseo, del cinismo social y las zonas grises de la ética contemporánea. Su realismo narrativo no es complaciente. Exhibe, sin moralejas ni contemplaciones morales, la fragilidad de los vínculos, la soledad compartida, la normalización de incuestionables violencias simbólicas. En La pregunta de la sombra o Mañana, se percibe el tono introspectivo, casi existencial, donde lo social es sombra persistente que condiciona las decisiones íntimas del individuo. Juan Carlos como buen librero, uno de los más notables de Armenia, es lector riguroso. Recalcitrante y selectivo, desde su narrativa y sus temas dialoga con una tradición sólida del cuento realista, de impronta social y humana, cercana a cuentistas como Raymond Carver, Antonio Di Benedetto o Pedro Juan Gutiérrez.

Igual que en numerosos textos de estos, en los de Juan Carlos lo esencial no se encuentra en la anécdota espectacular. Está en el detalle mínimo. En los gestos de trivial apariencia poniendo al descubierto fisuras profundas del carácter y las ansiedades humanas. En conjunto, estos cuentos confirman que el realismo ficticio es para el cuentista quindiano una forma poderosa de interrogación del mundo: literatura que no evade lo social ni lo dramático. No lo desfigura ni adorna. Lo observa con atención y sin condescendencia, confiando en que mediante la creación de historias concretas es posible señalar, aguijonear con algo verdadero y perturbador nuestra manera de vivir, y de amar, y de fracasar, y de resistir en este lado del mundo que a cada lector nos correspondió: “hace unos dos meses los mataron, dijo Andrés, prefirieron morirse antes que desocuparles la tierrita a los paracos”.

El volumen inicial con que ático Editores incursiona en la confiada y movediza empresa de las editoriales independientes, se titula De este lado del mundo, segundo libro de Juan Carlos Murcia. El primero, fue uno de poemas. Cuentos que son una declaración de pertenencia y frontera. Afirma Murcia Giraldo. “Todas esas vidas allí plasmadas en el libro, maneras de ver y entender el mundo, con todo lo que la sociedad tiene y con lo que el establecimiento nos brinda, surgen las tramas, las historias y las reflexiones de cada uno de los personajes. No es un libro difícil de leer y busqué que fuera lo más sencillo posible y agradable a la lectura, aunque me encanta la complejidad narrativa pero el primer libro no podía ser así.

El título del libro bien podría aplicarse a cualquiera de los diez cuentos. “Este lado” supone la existencia de “otro lado”, dicotomía literaria impulsando inferencias de centro y periferia. Visibilidad e invisibilidad. Hegemonía y marginalidad. No se narran desde el centro del poder económico o cultural, sino desde una posición discursiva local o regional. No es el mundo global abstracto. Es el ámbito de situaciones vividas, concretas y cotidianas. Con marcas de clase y territorio, de memoria y lenguaje donde las experiencias sociales del autor nos exigen tomar conciencia de nuestra clase social. De nuestras funciones laborales, familiares, sexuales o políticas, individuos anónimos entre la sociedad que nos corresponde sobrevivir. Si para mejor entendimiento del perímetro social que Murcia decide retratar, encuadramos cada uno de sus textos en la sociología del conocimiento, La construcción social de la realidad, de Peter L. Berger y Thomas Luckmann, el mundo determinado por esta decena de relatos donde Juan Carlos con escritura crítica y prosa virulenta se instala como escritor, nos obliga a ubicarnos en espacios físicos concretos, lugares citadinos de reuniones rutinarias, por ejemplo Benavídez en el café Las Luces, del cuento que abre el libro. Una realidad socialmente construida: “es casi imposible establecer diálogo con estos chinos de ahora, no se despegan del celular, no pronuncian palabra, viven en paralelo”.

De este lado del mundo, exterioriza formas específicas de habitar, percibir y narrar la realidad. Verbigracia, el cuento que sirve de apertura a esto que afirmo. El esquizofrénico personaje del cuento Un señor de barba y sombrero, donde Murcia baraja de manera firme, hacia un desenlace inesperado, de hábil prosa descriptiva, un mundo con códigos morales particulares, ritmos distintos y conflictos reconocibles, en los cuales la ficción realista refuerza esta idea: no se trata de mundos imaginarios o alegóricos. Se trata de escribir y ser escritor para configurar escenarios y dramas sociales reconocibles cuyos personajes están atravesados por estructuras de desigualdad social, precariedad, jerarquías simbólicas, violencias estructurales o silenciosas.

En términos sociológicos, quien narra -Juan Carlos o cualquier alter ego suyo- lo hace desde su experiencia concreta, latinoamericana o provinciana, citadina o periférica, donde la quindianidad no sobrevalora relatos universales impuestos desde otros lados. Diez cuentos, donde nos basta con nuestro lado, exponiéndonos cada uno, o en coro, que, en este lado de Colombia con sus editoriales independientes y sus escritores, también hay un mundo atrayente. Y también hay historias válidas. Y si también se piensa y se sufre, para su estructuración literaria y narrativa como en el caso de Murcia Giraldo, su realismo es técnica de legitimación de lo cotidiano: “Fenómenos actuales como la depresión, la ansiedad y el estrés eran trastornos exclusivos de maricas. los demás, cuando mucho, nos quejábamos de agotamiento, nada que una cerveza fría no pudiera remediar”, se burla Monster Murcia, personaje del cuento A quién podría interesar. Ficción realista como repertorio social, estos cuentos son un archivo narrativo de lo social, libro que se transforma en espacio donde la vida común adquiere densidad literaria. Lo insignificante revela estructuras profundas porque los personajes encarnan amplias tensiones colectivas.

La ficción interroga la realidad y la expone y la hace visible, aunque contraríe la buena moralidad social de nuestros pueblos. Mundos ficcionales no ajenos al lector situado en contextos similares. Compartidos. Reconocibles e incluso incómodos, usted podrá localizar los nombres propios de muchos protagonistas de estos cuentos. Usted podrá, y yo podría, y nosotros podríamos y todos podrían citarlos aquí, pero… no vamos a decirlos en voz alta… de igual manera que Juan Carlos, prudente o temeroso, opta por cambiar los nombres y dejarnos con las correspondientes inquietudes. Desde la sociología de la literatura, Murcia refuerza a lo largo de sus cuentos la idea de una narratividad que dialoga con una comunidad-de-experiencia, más que con una-abstracción- universal. De este lado del mundo, con sus ficciones y testimonios, se desplaza por un territorio social y simbólico, o misterioso como en el cuento La pregunta de la sombra, desde el cual se narra la realidad sin soslayar lo inexplicable. Lugar que no suele ocupar el centro del discurso, pero que en la ficción realista se vuelve visible y legítimo. Digno de ser contado. Y leído.

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