
Arrierías 112
Harold Alvarado Tenorio
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Cuando fuimos uno con otro
Cuando fuimos uno con otro
contamos numerosas estrellas.
Cuando creímos en el amor
las noches se detuvieron en la nuestra.
Cuando de palabras nos recibimos
escribimos un libro.
Los dioses no han sido derrocados
y su poder nos asignó varios caminos.
Cuando nos separamos,
todo regresó al futuro y al vacío.
Habíamos liberado nuestro destino
y el pasado habitaba en el olvido.
Si nunca vinieron
Si nunca vinieron
¿Por qué desesperas?
Tu casa no tuvo puertas
donde golpear
ni zaguanes para pasearse de tarde.
Dime,
¿qué hacemos aquí parados
en esta noche de polvo?
Buses de muerte pasan veloces,
borrachos de camisas sudadas
eructan y eyaculan solitarios.
Sólo los que habitan pueblos de olvido
conocen la cercanía de la muerte,
el hedor de la soledad,
la máscara del tedio.
La amistad
La amistad, entendieron otros,
era una prolongada conversación
sobre el consumo del tiempo
haciendo los días perdurables.
La amistad era goce de las palabras
y un memorioso ajedrez
terminando partidas en placer,
por jugar con los gestos y la voluntad.
La amistad, vieja moneda errabunda,
es ofrecida ahora por ancianos,
enfermos, animales, borrachos y locos.
Nada saben, los hombres, de ella:
la fugitiva de los siglos.

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