
Arrierías 112
Orlando Restrepo Jaramillo
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“La ciudad es un sentimiento al que la gente se acoge para seguir viviendo”.
En Colombia existe una imagen profundamente arraigada del norte del Valle del Cauca, región de evocadora nostalgia de aquella Antioquia Grande, forjada con la valentía épica de hombres y mujeres de emprendimiento, quienes lucharon para conquistar la montaña.
Después de la Guerra de los Mil Días y de la trashumancia de aquellos hombres de hacha y machete, de caminos en espiral y sueños intactos, llegaron en busca de tierras labrantías para reconstruir las familias destrozadas por violencia partidista lacerante, traumática e irresponsable. Como dijera la poeta payanesa Matilde Espinosa al referirse a esa época nefasta:
“En su vientre, los ríos
levantan cementerios
y la muerte se cierra
en círculos morados
que sacuden los peces
y devoran la sangre”.
Durante la primera década del siglo XX nacieron la mayoría de los municipios y corregimientos del norte del Valle. El café se convirtió en la gran esperanza de progreso. Y aunque la violencia también ensombreció estas breñas, con el odio y la incomprensión, fueron innumerables los hombres y mujeres levantando hogares, patrimonio y comunidad, heredando el espíritu de la histórica tribu Burila, quienes en otro tiempo disfrutaron de las bondades de esta tierra prodigiosa.
Las decisiones del centralismo político terminaron fragmentando región compartida en vocación campesina y cafetera. Con la creación de los departamentos de Caldas, Risaralda y, posteriormente, Quindío, municipios como Caicedonia, Alcalá, Ulloa y Sevilla permanecieron en el extremo oriental del Valle del Cauca, aunque su identidad cultural, geográfica y económica siempre ha estado íntimamente ligada a la montaña cafetera.
Caicedonia conserva esa vocación de breña fértil, de cultivos de café y de pan coger, de paisajes donde los guaduales, los yarumos, las jacarandas y las quebradas salpican de verde esmeralda sus lomas. A más de 1.100 metros sobre el nivel del mar, su clima abraza como primavera permanente. Sobre las tradicionales camillas donde el café se seca al sol y al rastrillo nace producto de exportación fortaleciendo economía fecunda y emprendedora. Prueba de ello es la Cooperativa de Caficultores, orgullo de la región, que reúne a más de 3.500 familias cafeteras distinguidas por su trabajo, fidelidad y empeño.
Según diversas fuentes, el nombre de Caicedonia proviene del apellido del doctor Lisandro Caicedo, en cuyos terrenos comenzó a levantarse la población, como reconocimiento a uno de los personajes pioneros de la histórica Compañía Burila.
Caicedonia es empuje; es cultura; es esencia. Su fortaleza descansa en la calidad de su gente, en su capacidad de construir comunidad y de preservar identidad trascendida en el tiempo.
Un antiguo proverbio japonés afirma: “El universo no es padre; es socio. No responde a la súplica, sino a la identidad”. Y pocas frases señalan, la identidad de esta tierra, orgullosamente reconocida como la Centinela del Valle.

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