COLUMNA PALABRA EMPEÑADA.

Cuando la vida nos da la oportunidad de vivir un año más de vida y estamos ya a finales de diciembre, regularmente hacemos el balance de lo que fue el año que inmediatamente está terminando, seguramente analizamos de la mejor manera, lo positivo y lo negativo que las circunstancias más significativas han influido en cada una de nuestras acciones y de nuestras actividades.

Y para nosotros los colombianos que estamos evidenciando, además de un nuevo cambio de gobierno, el vivir un drástico cambio del estilo económico al cual estábamos acostumbrados a maniobrar, notamos atentamente las concebidas consecuencias que estos actos de gobierno ha generado.

Nos informa el DANE que la inflación para este año será del 14% aproximadamente y ya se anunció el alza del salario mínimo del 16%.

Inicio con esas cifras, porque nos sirven como antesala al análisis que hago del comportamiento económico del país. Si bien la inflación ha subido en la mayor parte del globo terráqueo, queda evidenciado que a nuestro país NO le va para nada bien en este resultado final. Y si a este indicador le anexamos la altísima devaluación del dólar especialmente incidida por las políticas macroeconómicas del actual gobierno, el balance para fin de año de la deuda externa nacional (que es lo que cada uno de nosotros le debemos al mundo) y de las proyecciones inflacionarias para el próximo año, preocupan bastante.

Es justo un buen aumento del salario mínimo para compensar el valor adquisitivo de los empleados, pero cuando este aumento es obligado por los altos niveles de la inflación, el equilibrio o aumento de las proyecciones de crecimiento económico se ve seriamente amenazado.

Todo a nuestro alrededor lo notamos y sentimos más y más caro cada día: la canasta familiar, los artículos de aseo, los servicios públicos, la educación, en fin, hasta el agua que consumimos. Hoy no nos alcanza el dinero para comprar lo que hace seis meses podíamos adquirir….preocupante.

Pero además debemos recordar los estragos que ha suscitado este desbordado invierno y que ha disminuido las cosechas y ha aumentado las tragedias y las afectaciones de muchas poblaciones, y de las veredas, y fincas en el territorio nacional, y que incide directamente en la reducción de los ingresos de nuestros agricultores y personas de bajos recursos.

Ojala que los anuncios hechos por los ministros de agricultura y de desarrollo económico, entre otros, se cumplan y así se logre encausar el camino de recuperación agropecuaria.

Seria responsabilidad tiene el gobierno nacional para redireccionar nuestra sufrida y golpeada patria, deseándole de mi parte mucha sabiduría y acertadas decisiones que beneficien especialmente a toda la cadena productiva de nuestro país para el próximo año.

Solo me resta desearle a todos los lectores de ARRIERIAS un feliz fin de año y un muy prospero 2023.

Mil bendiciones para todos. 

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