EXORDIO.

“La poesía es más profunda y filosófica que la historia”

Aristóteles.

Cinco poetas. Americanos todos. Afectos a mi espíritu desde mis años juveniles. Durante la crisis de la pandemia, soporté la soledad y los insomnios refugiado en mi biblioteca. Volví a ellos. Decidí, en vastos y duros silencios reflexionar hondo sobre sus obras y sobre sus vidas. Dejé al margen el lenguaje poético. ¿El desafío? Acercarme a su cuotidiana existencia, de cimas y caídas, así como a su conexión con el mundo en que vivieron, conocieron y padecieron.

De Greiff, altísima torre de la poesía colombiana. Irreverente. Escéptico. Ajeno a la mesnada ignara y a los cenáculos del autoelogio. Con su arte no solo calla el voznar palmípedo de los “críticos” de ralo vuelo, sino que enlaza lo nuevo con lo viejo, remoza el español e introduce aspectos musicales de los grandes maestros europeos en su lírica.

Walt Whitman, quizás el máximo poeta de los Estados Unidos, es el bardo de la naturaleza edénica, del naciente e incesante bullir de la gesta fundadora de su país y de sus perfiles imperiales.

Ernesto Cardenal, rara avis en la iglesia católica latinoamericana. Conjuga su sacerdocio con su actividad política en contra de la tétrica y sangrienta dictadura somocista. Asimismo, su poesía es un compromiso con el mundo y con los pobres, además de un yo acuso en contra del armamentismo nuclear que, día a día, nos amenaza. Ese mismo camino poético lo recorre, denunciando la violencia, los odios y la muerte, el antioqueño Carlos Castro Saavedra, a quien no vacilo en llamar El Poeta de la Patria. Padece, en su cuerpo y en su espíritu, la tragedia colombiana de la violencia liberal – conservadora del siglo XX. De ahí que sus versos estén cargados de inconformidad justiciera, democrática y libertaria. Canta a los caídos. Vitupera a los promotores de odios y de banderías. Como si fuera poco, señala a quienes se lucran de la hecatombe en la patria colombiana y se llenan de “condecoraciones”, ¡poder y tierras abundantes!

Por último, Porfirio Barba Jacob, el gran desconocido. Rebelde. Frentero. Satánico. Errabundo. De luminosos momentos y oscuridades insondables. Hijo del pesimismo con entronques cristianos y con perturbadores alaridos luciferinos.

Todos dados a la honda cogitación. Todos autores universales. De ritmos cadenciosos, de poemas iluminados e iluminantes. Todos afincados en lo telúrico y en sus diarias vivencias. Todos de no poca acuidad creativa. Sus obras no son para inválidos mentales ni para quienes se quedan anclados y suspirando por los tiempos idos.

Vivieron sin afiliaciones a cofradías. Tampoco a ismos específicos. Alquimistas, si, de la palabra creadora, del vocablo que hechiza, del poema que los consagra. Ajenos a las normas académicas y conservadoras. Distantes de los alzafuelles de la más varia condición. Los cinco viven su presente, tocan el pasado o avizoran el futuro. No se aferran a vetustas orientaciones. Siempre libres. Siempre creando y, como hijos de su tiempo, llevan al arte sus hondas vivencias o las contempladas en el planeta. Finiquito estas palabras con la reflexión de Arturo Schopenhauer:

“Por eso el poeta mismo puede cantar la voluptuosidad que el misticismo, ser Ángelus Silesius o Anacreonte, escribir tragedias o comedias; representar los sentimientos nobles o vulgares, según su humor o su vocación. Nadie puede al poeta que sea noble, elevado, moral, piadoso y cristiano; que sea o deje de ser esto o lo otro, porque es el espejo de la humanidad y presenta a esta la imagen clara y fiel de lo que siente”

Nosotros, modestos lectores, solo podemos recordar con Emily Elizabeth Dickinson, que

“Para viajar lejos no hay mejor nave que un libro” y como afirma magistralmente el español Javier Cercas: “La literatura es un placer como el sexo”


Acerca del autor.

Raúl Flórez Duque, sevillano de raca mandaca, hombre educador, historiador y literato, de quien siempre he dicho que es de palabra ágil y pluma cadenciosa, nos deleita con un prólogo a su libro Cinco Poetas, otro parto más de su exitosa prole literaria que comenzó años ha, con Memorias Sevillanas, luego Aproximaciones a Teilhard de Chardin, seguido por Contra Europa, Sevilla: Bocetos Históricos, Sevilla: Bocetos Eclesiásticos, Los Libricidas y otros ensayos, además, de su enorme conocimiento sobre la vida y obra de Simón Bolívar, plasmada en el libro, Bolívar: Herencia Ideológica.

Raúl, maestro de trayectoria en El Colegio General Santander de Sevilla y Bolivariano de Caicedonia, es, además, gracias a su disciplina, estudio e interés, uno de los pocos depositarios de la memoria histórica de Sevilla, no es un ejemplar de museo, es una figura representativa del non plus ultra sevillano perteneciente a una generación cuyo sentido de pertenencia por los valores heredados es un tesoro a compartir, y a fe que Raúl lo hace.

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  • Ernesto Pino dice:

    Totalmente acuerdo con el maestro Raul. Estos poetas maravillosos tienen el privilegio inmortal de ponerle alas a nosotros ciudadanos de a pie: una de las pocas posibilidades que tenemos de volar, como palomas, como buitres, como cóndores o como simples colibríes. Por fortuna no podra siquiera, la inteligencia artificial, develar el misterio que significa un verso dedicado a una mujer, a un río, a la tristeza de las despedidas y a la felicidad rotunda del enamoramiento.

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