Viendo detenidamente los negativos indicadores económicos en un mundo convulsionado por las injustificables guerras, acompañados por una recesión en muchas regiones y países del planeta y con unos indicadores preocupantes por la falta de consumo (en parte debido a la carestía de muchos productos de primera necesidad), inquieta entonces y de manera alarmante, el futuro de nuestro amado y dolido país, que no ha sido capaz de salir de la tendencia critica de empobrecimiento que se siente y se vive, para la mayoría de actividades económicas, en cada uno de los municipios.

Y si a este panorama, para un país con dependencia agropecuaria como el nuestro, le sumamos los efectos climatológicos debido al calentamiento global y efecto invernadero, convierte a los campesinos colombianos en una población muy vulnerable debido a la mala calidad y falta de buenas cosechas por las inclemencias climáticas.

Pero y de igual manera, conocemos de la capacidad de resiliencia de nuestras gentes que nos llevara, seguramente a “encontrarle la comba al palo”.

Y para explicar las posibles alternativas, tomaremos al producto agrícola insignia de nuestro país, EL CAFÉ como referencia: todo inicia que si logramos diferenciar el café que estamos produciendo o comercializando, buscándole un mercado que logre apreciarlo, y ofreciendo una oferta comercial permanente y novedosa, lograremos un precio más justo del grano y el oportuno aprovechamiento de sus subproductos.

Es posible lograr que todos nuestros caficultores puedan tener buenas prácticas agrícolas en sus actividades y que sean reconocidas para obtener un mejor valor de compra del café en el mundo y que, ojala, sean sostenibles en el tiempo, trabajando además con el mejor grano del planeta, y con sus subproductos, como lo son: la pulpa del café, la cascarilla del grano seco, las flores ya secas en el árbol y sus ramas.

La pulpa del café y que corresponde al 25% del producto, es comúnmente para los caficultores un estorbo a titulo de basura que en algún momento contamina el aire, la tierra y las aguas, porque en su descomposición, no se aprovecha el gas metano que libera y que es altamente contaminante y no se aprovecha bien los lixiviados que libera dicha pulpa, contaminando la tierra y las aguas vertidas, además del mucilago de los granos de café (la baba que recubre el grano) y que corresponde al 5% genera un ácido húmico y fulvico que poco se aprovecha y que también contamina las aguas.

Estos dos subproductos, por ejemplo, pueden convertirse en unos productos que sirvan como alimento funcional y materia prima para bebidas energizantes en humanos, libre de gluten, totalmente vegano, rico en antioxidantes y con probióticos naturales, además, de la posibilidad de generar energía (capturando el gas metano) y de convertirse también, en fertilizante para los mismos cultivos de café.

La cascarilla del café seco, que equivale a un 20% del peso del café pergamino, es hoy bien apreciada bien sea como complemento alimenticio para concentrados de animales o como combustible para calderas y hornos.

La flor seca de café, puede servir para servirse como infusión en bebidas aromatizantes y las ramas de cafetos sirven para adornar ramos ornamentales de alto precio.

Y por último, poder lograr vender nuestro café pergamino o nuestro café procesado (trillado o tostado) a unos mercados que logren diferenciar nuestras buenas prácticas agrícolas, el origen del grano, la variedad de nuestros cafetales, la diversidad del beneficio (pelado y secado) con el que tratamos el grano, buscando al final del proceso que el esfuerzo se vea representado en el precio de venta.

Y eso es posible, si y solo si, hay cultura y voluntad de generar las condiciones para estos procesos y la disposición de la dirigencia gremial y política para este fin.

Las alternativas para consolidar al producto insignia de nuestro país, para darle estabilidad social al campo y salirle al paso a la crisis cafetera están dadas. Esperamos pues que la nueva gerencia de la Federación Nacional de cafeteros implemente a través de los comités municipales de cafeteros y su departamento de extensión la cultura necesaria para emprender el negocio desde otra perspectiva y que el gobierno nacional apoye de manera cierta y desde el ministerio de agricultura y desarrollo rural los rubros necesarios para lograr este fin.

Y como el café, muchos otros productos producidos en nuestras montañas, laderas y valles necesitan de una reingeniería para lograr colocarlos con un mejor valor agregado en el mercado local e internacional.

Es posible para nuestros campesinos emprendimientos con responsabilidad social y ambiental!

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