Si no es susto; sí asombro. La inteligencia artificial anda de boca en boca y todo el que quiere emite una opinión sobre el asunto sin saber a ciencia cierta de lo que está hablando o lo que sucede con ella.

Pintores, escritores, periodistas, fotógrafos, diseñadores etc. andan con los pelos de punta porque se asegura que con lo de la “IA” o Inteligencia Artificial estas profesiones u oficios serán ya inútiles.

Especulan que dentro de poco no serán necesarios los periodistas en las salas de redacción pues la inteligencia artificial redacta mejores textos, más rápido y lo mejor sin tener que pagar por el trabajo. También se dice que los artistas plásticos deberán colgar sus caballetes y guardar los pinceles ya que algunos programas de IA, pintan mejor, más rápido, más bonito y más barato. 

La cosa esta jodida, o al menos, eso parece.  Porque si uno prueba algunos de estos programas que ya se han adueñado de las redes queda asombrado, «pensamientoso» boquiabierto y turulato.

El ChatGPT, de Open AI, por ejemplo, puede generar distintos tipos de contenido que le dejan a uno asombrado. Pero, y esta es la cuestión por la que no debemos asustarnos —por el momento— es que para poder realizar esas hazañas que hoy todos ponderamos debió haber sido «alimentado» es decir, entrenado con miles de millones de textos y se le ha programado para dar respuestas coherentes y de alguna relevancia a las preguntas que se le hagan. Pero el ChatGPT, de Open AI está lejos de poder producir sus textos de manera «emocional», es decir «le falta pelo para moña» para producir un texto a partir de emociones, como lo hace cualquier poeta principiante cuando la amada estornuda.

La diferencia es que nosotros, estos simios erguidos que somos, tenemos ideas, muchas ideas, mismas que nos permiten realizar un proceso, desarrollar un texto, hacer una pintura; pero desde dentro, desde una serie de emociones que posteriormente nos dictan el producto final; bueno o malo pero ha sido filtrado por nuestras emociones cosa que hasta ahora no tienen las aplicaciones de “IA” ya que todo lo que producen es «prestado», es decir programado.  Y claro que asombran esas aplicaciones que permiten hacer obras de arte o dibujos o fotos extraordinarias a partir de darles unas pocas órdenes o de dibujar unos cuantos trazos para que la aplicación nos entregue un producto impresionante.

Así que por el momento debemos dejar nuestros temores de lado;  la Inteligencia Artificial se convertirá en una novedosa y útil herramienta para los creadores, ayudará en el pulimento de algunos textos, provocaran ideas puntuales sobre un tema específico, ayudará gramaticalmente en algunas cosas, pero no tendrán la emocionalidad que le puede poner una persona a un relato, salido de su observación particular de su sentir como humano.

Seguirán los cantores creando sus canciones, —los boleristas y los reguetoneros— los pintores pintando sus cuadros, los fotógrafos con sus cámaras registrando lo que sucede en el mundo,  los periodistas alquilando su pluma a los poderosos de turno —perdón ese es otro tema— mejor dicho, la Inteligencia Artificial será la nueva herramienta que permitirá mejorar en algunos aspectos las tareas que desempeñamos, pero no reemplazaran la actividad humana —no aún— que todavía realiza importantes logros u horripilantes acciones.

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