Edición 109

LETRADOS Y SUS LETRAS

By 5 de mayo de 2026No Comments

DAVID REINOSO D’JESÚS – MISCELÁNEA

Poesía – Primera edición

Arrierías 109

Umberto Senegal

Un libro de poemas para disfrutarlo en una hora. Tal vez en dos, releyendo algunos de sus versos. Y para quedarnos pensando, muchas horas más, en los fondos que se vislumbran entre líneas. Nada literario ni poético el título. Miscelánea. Revoltijos, combinaciones o conjuntos, entre algunos otros de sus significados. Misceláneas cuotidianas plenas de reservadas observaciones donde uno encuentra al hombre, al poeta asombrándose con cuanto parece hecho no para admirar sino para que conviva entre nosotros, como objetos rutinarios despertando vagos pensamientos. “Un secreto vive tras puertas cerradas. / No conocemos su rostro/ solo imaginamos un óvalo sin ojos, sin nariz y sin boca”. Pero que, si nos detenemos en el poema algunos minutos y observamos más allá de sus palabras, si lo reflexionamos con atención, va a conducirnos a resquicios ontológicos desde donde resistir la angustia.

La introducción del libro es una ambigua, sincera y extraña declaración de femenina masculinidad donde David confiesa: “fui la fiel fotocopia de las mujeres, el más femenino de los hombres, el menos hombre de todos”. De algo comienza previniéndonos, para entrar a su poesía: “soy poco hombre, casi nunca he ido al estadio, nada sé de carros, motocicletas o actividades ‘estrictamente masculinas’. Soy un hombre femenino en muchos aspectos y me siento orgulloso de serlo, porque ser criado por mujeres te hace intuitivo, sensible y tierno”. Me sucedió algo semejante. En este maduro lapso de mi vida, mi madre de 92 años sigue cuidándome como si yo tuviera cinco o nueve años. Y claro que sí, tengo menos cuando escucho su protectora voz. Estas páginas introductorias, retazos autobiográficos de David, son directa confesión que nos trasladará a una poesía colmada de sensibilidad al nombrar los objetos cotidianos de la casa o del barrio o las calles. Jabones, lavaderos, sábanas, pan, vasos, agua, cajas de cartón, papeles arrugados, tornillos, puertas cerradas, grifos, paraguas, cuchillos, llaves, techos… Reinoso construye la subjetiva belleza del mundo que percibe o que imagina, con la materialidad de aquello que le rodea: “Es duro lidiar con el muerto/ver su rostro cuando desayunas/sentir su piel cuando te duchas”.

Cuatro de los poemas breves, en su mayoría lo son, tienen forma y contenido propios del cuento atómico. Los comparto porque en estos identifico elementos narrativos del subgénero sobre el cual teorizo desde varias décadas atrás: Transparencia. – Nada tan limpio como un pedazo de pan/ de manos de un mendigo. (13 palabras). El prófugo. – Una patrulla atascada en el tráfico de la ciudad/el bandido huye en paz. (14 palabras). Accidente. – Los transeúntes pasan/ y apartan la mirada de inmediato/ Aun se mueve las ruedas de la bicicleta. (17 palabras). Maquilladora. – El día de ayer es el mismo de mañana/ Mientras pensamos en esto/ la muerte nos va desmaquillando. (18 palabras). No fueron escritos como tales. Son poemas concisos. El primero, casi un monóstico. Tal vez, David, hace siete años cuando por este libro le otorgaron el Premio municipal de poesía Alcaldía de Chía, portafolio de estímulos 2019, nada sabía de planteamientos y microestructuras del cuento atómico.

Pero aquí están los cuatro poemas, oscilando entre la poesía y la ultramicronarrativa. Seductores entre lo narrativo y lo poético. El lacónico título del libro, Miscelánea, no es simple indicación de variedad. Podemos entenderlo y leerlo como poética coherente, según vamos descubriendo su hilo conductor verso tras verso. Nombrar así un conjunto de 26 poemas, implica asumir que la fragmentación no es debilidad sino método. La aparente dispersión es una forma de unidad más profunda. La miscelánea no es caos. Es en la disposición de los poemas, ordenada constelación desde la cual David Reinoso D’Jesús propone una cartografía de lo humano donde cada poema es, además de objeto autónomo, un nodo metafórico que dialoga con los demás: “Fantasea, mientras un gato con calcetines/improvisados/interpreta Tocata y Fuga en la madrugada”.

La división en tres secciones -Intangibles, Sin código de barras y Perecederos- manifiesta una arquitectura conceptual clara. Casi ontológica. Tres modos de existencia: aquello que no se puede tocar; esto que no puede ser reducido a mercancía, y cuanto está destinado a desaparecer. Por ende, en tal tránsito el breve libro se mueve de lo etéreo a lo concreto. Y de lo concreto a lo mortal, trazando una breve metafísica de la experiencia contemporánea: “Amo a quien arranca sus alas/y las da a un desconocido”. En la primera parte, Intangibles, los títulos mismos sugieren una exploración de estados perceptivos y emocionales: Ceguera, Instantánea, Transparencia, Tambor, Un secreto, mediante los cuales el poeta trabaja con aquello que no puede fijarse del todo en el lenguaje, pero insistiendo en aparecer como huella o resonancia. Ceguera, no alude solo a la falta de visión, sino a una forma de conocimiento distinta: ver desde la oscuridad. En este sentido el poema se convierte en tentativa de explicar cuanto escapa a la mirada directa. Instantánea, por su parte, captura la paradoja del tiempo. Fijar un momento que por naturaleza es fugitivo: “La vida pasa frente a nosotros y no la vemos”. Verso inicial del poema que remite a la frase de John Lennon: “Vida es todo lo que sucede mientras estamos haciendo otras cosas”. Emblemático axioma de Lennon en su canción Beautiful Boy cuya letra en inglés dice: Life is what happens to you while you’re busy making other plans. La idea original fue de Allen Saunders, quien escribió una versión idéntica en una columna para la revista Reader’s Digest en 1957. El poema se vuelve entonces un dispositivo de detención. Pausa en el flujo de lo real.

Transparencia, sugiere tensión entre visibilidad y ocultamiento: lo transparente no es lo evidente. Es aquello que, por no ofrecer resistencia, pasa inadvertido. En esta línea, Un secreto, reafirma que su lenguaje poético, sus vivencias, la reafirmación de quien admiraba en su madre “su facilidad de nombrar sus palabras y su habilidad para leer entre líneas”, no revela, sino que rodea e insinúa, protege el misterio. El mendigo que ofrece un pedazo de pan. Nada tan transparente como este acto de compartir, en quien poco o nada tiene. Hay en esta sección una estética de la levedad no superficial porque lo intangible aquí pesa, afecta y configura. Reinoso parece decirnos que lo esencial no siempre es lo visible ni nombrable. Y que la poesía es el lugar donde lo invisible adquiere forma sin dejar de ser enigma.

La segunda parte, Sin código de barras, introduce un giro crítico. El título sugiere una oposición clara a la lógica de la mercantilización: aquello que no puede ser escaneado, clasificado ni vendido. Es una sección que reivindica la singularidad frente a la estandarización. Los poemas: Las bicicletas, Ama de llaves, El condenado, El prófugo, entre otros, construyen una galería de figuras marginales o cotidianas que escapan a la lógica del mercado. Las bicicletas, debe leerse como símbolo de movilidad libre, no mecanizada por sistemas de control. Desplazamiento humano vulnerable, pero autónomo. Uno de los más definidos poemas del libro. “Pocos hablan de las bicicletas”, afirma David. Y entonces él hablará por ellas. Descubrirá los secretos de todas ellas cuando “mueren de tristeza bajo escaleras o depósitos”. Sin embargo, no son pocos. Ruedan o están quietas por los poemas de muchos otros poetas: Rafael Alberti, Jacques Prévert, Fernando Pessoa, Mario Benedetti, Nicanor Parra, Octavio Paz, Pablo Neruda. Ángeles Mora, Alexis Díaz Pimienta, Carmen Villoro, Henry Charles,William Stafford. En El condenado y El prófugo aparece una tensión con la ley, con el orden social. Exploración de subjetividades que quedan al margen de las estructuras normativas, estos poemas no idealizan, pero sí humanizan. Muestran que hay vida y poesía más allá de las categorías impuestas. Esta sección es, para mi entendimiento, el núcleo ético del libro que le da a Miscelánea su sello de resistencia: reunir cuanto el sistema dispersa dándole voz y tono, a todo eso que, en la vida diaria de las personas, poetas o no, carece de etiqueta. No todo puede ser reducido a un código.

La tercera parte, Perecederos, cierra el libro con una reflexión sobre el tiempo y la muerte. Los títulos: Demolición, Agorero, Cataléptico, Tocata y fuga, Bridas, Maquilladora, indican un cosmos donde lo efímero y lo terminal se vuelven centrales. Demolición no es solo destrucción material, sino también simbólica: la caída de certezas, de estructuras internas que sin embargo dejan “el tiempo intacto”. Agorero, introduce la figura del que anticipa el fin, mientras que Cataléptico sugiere un estado intermedio entre la vida y la muerte, una suspensión inquietante. “Al muerto lo llevamos a todas partes”. Tocata y fuga, título que evoca una forma musical, puede leerse como metáfora del paso humano: una breve ejecución seguida de la desaparición. La vida como pieza que se interpreta y se disuelve. Bridas y Maquilladora, introducen, por su parte, imágenes de control y de simulación: contener, adornar, ocultar el desgaste.

En esta sección, el lenguaje de David Reinoso se vuelve más denso y consciente de su propia fragilidad. Si su poesía no pretende vencer al tiempo, sí deja una marca, una huella mínima frente a lo inevitable. Miscelánea, con cada uno de sus poemas optando más por la brevedad que por la extensión, asume la heterogeneidad como forma de pensamiento. No busca una voz única ni un tema central. Explora múltiples registros para construir una visión compleja de la experiencia humana. La división en tres partes organiza un recorrido de lo invisible a lo irreductible. Y de aquí a lo efímero. El mayor logro del libro radica en su capacidad para articular una poética de lo diverso sin perder coherencia. Cada poema es distinto. Pero todos comparten una sensibilidad: atención a cuanto suele pasar inadvertido. Resistencia a la simplificación. Conciencia del tiempo. Poemas que son declaración estética y ética en un mundo que tiende a clasificar, reducir y acelerar. Acto filosófico de apertura. Leer este libro es aceptar su invitación para habitar dicha diversidad reconociendo que la experiencia humana no cabe en una sola forma y que, por consiguiente, la poesía sigue siendo necesaria. La revista Ulrika 48, destacada publicación de poesía colombiana, presentada en abril de 2013, coincidiendo con la XXVI Feria del libro en Bogotá, 13 años atrás incluyó una muestra de seis breves poemas de David, Estuche de contrabajo, con presentación del fallecido poeta Robinson Quintero Ossa afirmando que “David Reinoso liga con uno de los temas insistentes de los poetas colombianos de las últimas décadas del siglo XX: la poesía como útil crítico que critica a su vez la poesía, y que desde esa mirada a sí misma, desde esa honestidad, la afirma, aunque traiga desencanto”.

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