Hay historias que me llegan y las escribo, así como me las cuentan. Pero es que hay jóvenes que son buenos y los vecinos no entienden.

No voy a negar que hay jóvenes bullosos, ruidosos, escandalosos, pero son buenos. Huyen de la droga, el licor, el cigarrillo. No comparten esos elementos, pero lo que hacen, de pronto escandalizan al más sordo.

Es que hay jóvenes a quienes les encanta el rock y son bateristas; les encanta la balada en inglés y son bateristas. Esa es su bulla, ese es su ruido. Es su único escándalo.

Claro que entiendo a los vecinos y también a las familias. Me toca entenderme, pues mi hijo es baterista. ¿Qué hago? Escuchar. Nada más. Tengo que silenciar todo para escuchar su batería, su ritmo, su ruido, su bulla y su escándalo. Porque hace 5 años le compré una batería, porque es una de sus distracciones. Además del baloncesto, lo que tenga que ver con el ruido de tambores, es su vida.

Gracias a Dios ni fuma, ni toma, ni ha tenido que ver con drogas. Es callado, tímido, agradable y muy buen muchacho. Sus 18 años los ha invertido en deporte, música y estudio. Ve televisión y goza con los programas de humor (mis favoritos).

Una de sus amigas también resultó baterista. Tiene en su casa una batería y a ratos, juega con ella, toca, canta, sueña, se distrae. Es otro de sus cuentos. Tampoco toma, se droga, o fuma.

Ahora resultarán algunos jóvenes que dirán que estos son unas «boletas» o peor, «talonarios». Y no les voy a creer. Ellos, esos jóvenes que se burlarán de mi nota, no entienden que todavía hay jóvenes que vibran por las cosas bellas, sencillas, la vida hermosa sin droga, licor o humo. No son los únicos que conozco. Hay muchos más, entre los miles que creen que la droga, el licor, el cigarrillo y el desenfreno son la vida.

Pues bien, los vecinos de la niña baterista, andan recolectando firmas para que le quiten la batería a la niña, porque no aguantan sus ruidos, aunque sea su amor por la música.

Lo curioso es que, estoy seguro que si ven a niños o jóvenes consumiendo droga, bebiendo o fumando, no hacen lo mismo. Pasan y de pronto dicen: «Estos jóvenes de hoy…»  Y creo que esos vecinos saben del comportamiento de la niña. La conocen perfectamente, porque saben quién es su familia. Son sus vecinos, pero pueden preferir el olor a droga, los niños borrachos y la humareda en el sector.

Si a la niña le encanta la batería y es su vida, ¿Dónde puede ensayar? Es su música, ¿Dónde puede practicar?

¿Será que esos vecinos saben qué ven sus hijos en televisión o qué escuchan en radio y no les hace daño al espíritu? Ojalá tuviesen en cuenta los comportamientos de sus hijos para que dedujesen si el ruido que hace la baterista es un ruido musical o si lo que hacen sus hijos es un comportamiento normal.

Muchas veces, nos hacemos los ciegos para no ver lo que sucede alrededor, es malo y daña a nuestros hijos. Otras veces, nos hacemos los sordos para no escuchar lo que en verdad debemos denunciar.

Hay mensajes que me transmiten que me ponen a pensar. Hay jóvenes que quieren hacer algo bueno, pero la intolerancia hacia lo bueno, no lo permite.

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