La política es un acto de equilibrio entre la gente que quiere entrar y aquellos que no quieren salir. – Jacques Benigne Bossuet

Tuve que ir a pagar algunas facturas y decidí caminar por la carrera 14, desde el Parque Sucre. Cuando había recorrido unas cuatro cuadras, una amiga me saludó. Digo amiga, porque, a pesar de que pocas veces me saluda, en esta ocasión fue muy formal y se detuvo a darme la mano. Nunca lo había hecho, aunque ya la conocía.

Ese hecho me pareció extraño, pero inmediatamente, decidí invitarla a compartir un café. Aceptó (otra vez me dejó atónito) y fuimos a una cafetería cercana.

Allí, pedimos café y comenzamos a conversar. Le pregunté sobre su vida y milagros, pues poco o casi nada habíamos hablado y en realidad, desconocía sobre su vida en los últimos años. Sabía que se había graduado como profesional. Que ejercía, pero nada más.

De pronto y como para que yo quedara noqueado, me dijo: “¡Me lancé al Concejo! Quiero que me ayudes”. Así y sin acabar de tomarme el café, sentí como algo extraño, al calor de un café.

¿Por qué?, atiné a preguntarle. “Es que no hay nada qué hacer en Armenia y esta es una buena oportunidad”, me contestó.

Ahí, en ese momento, me sentí peor, mal, con ganas de sentir desgano. “¡Qué tristeza!”, pensé. Sin embargo, continué la conversación y le pregunté sobre su partido, el número, los simpatizantes y los por qué.

Los por qué ya me los había dicho. Era uno solo, no había más. No tenía empleo.Y mi ayuda, esa que ella me solicitaba, era para conseguir los votos, porque quería ser concejal. ¿Para qué? Ni idea, porque ni ella sabía qué diablos iba a hacer allí en ese respetable sitio.

Después de haber charlado un buen rato, salimos y ella se fue a buscar patrocinadores para su candidatura. Imagino que, como todos los demás incógnitos que se han lanzado a una aventura como esta, sin saber para qué, por qué o cómo llegar. Además, sin conocer a fondo qué es ser concejal y qué se hace en un Concejo.

Así es la vida. Me quedó grabado lo de: ¡Me lancé al Concejo! Y recorriendo calles y avenidas, he visto vehículos con publicidad, pendones, nombres, apodos y todos los deseosos de llegar al Concejo, porque aquí no hay trabajo y ese es un gran empleo.

Es decir, no solamente sigo desorientado sin saber qué hacemos con la corrupción, el desempleo, los jóvenes, la ciudad, el departamento, el país, sino con los doscientos y tantos candidatos al Concejo que no saben para qué se lanzaron. O mejor, que buscan allí una oportunidad para escampar sus angustias, soledad y falta de dinero.

Si en este país se pensara distinto y se reflexionara mejor, no sentiría lo que en ese momento y ahora tengo. No entiendo por qué cualquiera puede ser concejal, así como a todos les dicen doctores. Es que estamos mal, muy mal.

Para que haya un buen Concejo, nada mejor que un consejo: Deberían dividir las ciudades y pueblos por el número de concejales requeridos en esa ciudad o pueblo. Por ejemplo: Armenia tiene 19 concejales. ¿Por qué no dividir a Armenia en 19 partes y cada concejal representa ese espacio, ese sector? Así, la dinámica sería diferente. Además, ¿por qué no hay una exigencia de una profesión?

Claro que en un país corrupto como este, donde algunos egresados de las mejores universidades son los más grandes ladrones, ¿Qué podemos esperar?

Por lo pronto, estoy seguro que mañana me encontraré con otros, algunos recién egresados de la universidad y que no tienen empleo, pero candidatos al Concejo. Qué desprestigio para un cargo que merece respeto.

Sabrán los candidatos: 

  1. –  ¿Qué es un Concejo?
  2. – ¿Qué es un proyecto?
  3. – ¿Cómo se elabora un proyecto?
  4. – ¿Qué es un Acuerdo?
  5. – ¿Qué hace el Alcalde?
  6. – ¿Cuántos habitantes tiene Armenia?
  7. – ¿Qué necesita Armenia?
  8. – ¿Qué requieren los barrios?
  9. – ¿Lucharán contra el CVY?
  10. – ¿Saben qué es el CVY?

Definitivamente, muchos candidatos son intachables.

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