Edición 107

PARADOJAS II

By 4 de marzo de 2026No Comments

Arrierías 107

Mario Ramírez Monard

En el mundo de la política, tanto nacional como internacionalmente, Colombia se reconoce y es reconocida como un Estado democrático con mucha historia y, además, por tener una de las Constituciones más avanzadas de América Latina; tanto es así que el artículo 1 es claro cuando establece que “Colombia es un Estado Social de Derecho…”, pero, ¿realmente lo es?

La duda surge cuando leemos el artículo 132 modificado por el Acto Legislativo 01 de 2009: “Los miembros de cuerpos colegiados de elección directa representan al pueblo, y deberán actuar consultando la justicia y el bien común… El elegido es responsable políticamente ante LA SOCIEDAD y frente a sus electores del cumplimiento de las obligaciones propias de su investidura”.

Entonces, si el elegido es depositario de un voto que obliga a consultar y/o tener en cuenta al elector, al pueblo, a la comunidad que lo elige, ¿por qué jamás consulta y actúa siempre en forma individual o acatando la orden del dueño del partido o a lo que eufemísticamente llaman bancada? ¿Incumple un mandato constitucional? ¿Es Colombia una democracia real, plena? He ahí la paradoja.

Estamos en tiempo de elecciones y es en estos períodos como por arte de birlibiloque, por magia, aparecen carteles, propagandas masivas y unos candidatos que atosigan a los transeúntes en centros comerciales, calles, barrios deprimidos o comiendo en restaurantes populares, ocultando, muchos de ellos, el asco que les produce normalmente abrazar, dar la mano y visitar casas donde la pobreza está a la vista, tratando de crear una imagen de solidaridad y de futura lucha por los derechos de los de abajo, los “del pueblo” como eufemísticamente llaman. Los políticos en Colombia, en su gran mayoría, son mentirosos patológicos.

Planteamos lo anterior por la cantidad de promesas que son llamativas en campañas, pero cuando estos personajes obtienen el voto, las promesas se esfuman y quedan solo las vallas, pegatinas, grabaciones como las enunciadas en anterior columna y las que hoy presentamos. He aquí los ejemplos:

– La honestidad no se negocia.

– Seguridad total.

– Sólo con Pepito Pérez ganaremos todos.

– Más oportunidades, más orden.

– En la cordillera, refresquemos esta vaina.

– Renovación y futuro.

– Dignidad en el Valle, rectitud en el Congreso.

– Juntos por la transformación del valle

– El camino es la cultura.

– El trabajo y los resultados continúan.

– Contá conmigo.

– Caicedonia, es nuestro turno.

– Coraje y compromiso.

– Un hombre de palabra.

– Seguimos pa¨lante.

En fin, cantidad de frases insulsas unas, estúpidas otras, imposibles la mayoría, sin sentido la gran mayoría, como si un candidato o aspirante pudiese actuar solo frente a las grandes y cerradas estructuras de poder que gobiernan. Todas las campañas igualitas, mentirosas, desordenadas, desequilibradas y aparentemente unipersonales como una forma dolosa de engaño al votante.

¿Que Colombia es una democracia? Claro, lo es en el papel, en los códigos, pero no en la realidad. He ahí la paradoja central.

POST SCRIPTUM

Unos criminales, delincuentes que se hacen llamar políticos en la costa norte de nuestro país, ante los grandes problemas que la naturaleza ha causado, con gran culpabilidad del ser humano, ha generado en la región afectando servicios básicos como el agua, está cambiando o exigiendo dar el agua en canecas, tarros o baldes a cambio de votos para estas elecciones. Bandidos, deberían estar presos.

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