De madrugada el canto de las aves abunda, solo ellas en el mundo. Sin embargo, la casa se reduce en el encierro. Vive una extranjera coleccionando novedosas plumas estilográficas. Ella piensa que salir a la calle es morir de la risa. Su amigo el costeño empieza a saludar con el codo. Junior el perro de su amiga caleña, hace piruetas para que le den más comida. Procuran guardar un metro de distancia.

Se dispara el proyectil a mediados de marzo. Las lecturas de la prensa abruman, crecen las teorías conspirativas; es preferible creer que todo estará bien. No se pensó que Colombia también lidiaría con la crisis, la salud de la población y la economía. Entre expatriados hablan de la situación mundial. Su amigo mexicano se ha vuelto chef, no le pagarán por cuatro meses. Con un corazón noble es inevitable navegar por el océano directo a la patria y recordar la fragilidad de existir.

Vuelve su mente a Jamaica, ahora los fines de semana se compra comida mexicana. Es difícil atrapar ecos en el papel. El celular no deja de sonar por las notificaciones, las estadísticas, la subida de precios y demás. La música invade la habitación, cincuenta tablones por camión en Italia, el asesinato en Wuhan y sin saltarse detalles si se trata de olvidar.

Empieza el verano de mayo, el deseo de hundirse en la arena y beber sal marina se apodera de su sangre. Sin sentir el calor del pañuelo, viven todos con miedo de respirar o por la tos del otro. Con el recordatorio de pertenecer a la especie más destructora del planeta. 

Antes de volver a casa ella va de compras, pero enfermó al ver dos aves aplastadas. Terrible la marca de los neumáticos en sus cuerpos. La joven no tomó el cuerpo de las aves, murió junto a ellas. La pluma comprada se desprendió del seno, el codo ya no duele y Junior aún hace piruetas. 

No le causó a ella dolor ver un par de aves evaporarse, minutos antes la hembra sentía el cuerpo frío de su compañero de vuelo. En silencio el macho murió siete segundos antes de tocar su mejilla el pavimento. La tinta negra rodeó sus cuerpos, nadie trajo tablones.


Angie Vanessa Ramírez Castillo

Nacida en La Dorada Caldas, radicada en Jamaica desde el 2019.

Es normalista Superior, tecnólogo en Contabilidad y Finanzas, licenciada en Español y Literatura.

El 17 de abril del 2020 ganó el concurso de relato corto realizado por “Cabaret literario”

Ha publicado poemas y cuentos en revistas nacionales.

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