Edición 112

TE REPITO: LEE ESTE CUENTO DE EDGAR ALLAN POE

By 26 de julio de 2026No Comments

Arrierías 112

Luis Carlos Vélez

El escaso tiempo de que dispongo para leer un cuento de Edgar Allan Poe me pone en situación de pedir ayuda al amigo que tiene a cargo las reseñas literarias en un diario local. Pero su respuesta por correo electrónico genera dudas respecto a si leyó el cuento, pues supongo que sí conoce la obra de Pierre Bayard. Cómo hablar de los libros que no se han leído; escapó por la tangente a mi pedido.

Mi solicitud versaba sobre un mínimo análisis y tres o cuatro palabras a modo de invitación a su lectura. He aquí su respuesta:

“Poe anuncia al lector no creer en lo que va a narrar; a pesar de ser algo familiar, sus consecuencias aterrorizan, y manifiesta que si alguien las creyera, estaría loco.

La carga significativa del adjetivo extraordinario denuncia y describe el estado mental del protagonista con sustantivos apropiados a la narración (sentidos, testimonio, sueño).

Poe minimiza la narración invocando que quien posea una inteligencia lógica hallará en todo algo normal.

Desde la infancia del protagonista, su carácter suave lo hace amigo de los animales, y tiene varios en casa (un matiz para apaciguar la tensión y justificar la aparición del gato). Reflexiona sobre las relaciones existentes entre el hombre y sus mascotas. Atribuye a ellas cualidades humanas: desinterés, sacrificio, a los cuales contrapone la amistad mezquina y la frágil fidelidad del hombre.

La esposa comparte sus gustos (esto explica la presencia de otros animales en casa), y enumera los favoritos, además del gato Plutón (aquí utiliza breves líneas descriptivas: bello, fuerte y sagaz), a quien ella considera, por su color negro, una bruja disimulada. Resalta la docilidad del animal y cuánto cuesta evitar que el gato lo siga a la calle. Confiesa que, por la variabilidad en el comportamiento de Plutón, la amistad decae y afecta el temperamento del amo, al punto de volverse indiferente a los sentimientos de sus animales favoritos, a quienes termina por maltratar.

Repite su inclinación a la perversidad, y prepara al lector para dar un giro al relato.

Plutón escapa a las agresiones por un tiempo, pero envejece y empieza a sufrir la perversidad del dueño.

Poe acelera las acciones para densificar la atmósfera narrativa. Las cosas empeoran la noche en que llega borracho y Plutón, por defenderse, araña a su dueño.

Aumenta el proceso de tensión y expectativa con frases cortas sobre su interioridad, y las descripciones descarnadas de los sucesos. El amo enfurece y, endemoniado, le vacía un ojo con el cortaplumas; luego se arrepiente, pero vuelve a lo mismo.

Plutón huye, y el amo se irrita cada vez más. No obstante la autocrítica, descubre que un sentimiento de perversidad lo domina, al extremo de colgar al animal con una soga, por el hecho de que lo ama. Consumado el crimen, las reflexiones llevan a la conclusión de que ni Dios lo perdonará.

La casa del protagonista se incendia y escapa para entregarse a la desesperación, y da en especular sobre los sucesos.

Del hogar solo queda un tabique, el cual causa extrañeza y singularidad en la multitud que presencia la destrucción. Se acerca para descubrir, esculpida, la imagen de un gato gigantesco con una cuerda al cuello. Concluye que la cal del muro, las llamas y el amoníaco del gato originaron la imagen.

Esto satisface la razón, pero no la conciencia del protagonista. El remordimiento persiste y decide reemplazar al gato por otro; continúa el examen y juzgamiento de su interioridad.

Pasan los meses. Poe acude a las coincidencias y a una diferencia. Una noche, en el bodegón, descubre sobre un tonel a quien considera un gato semejante a Plutón, pero tiene su mancha blanca de contornos indefinidos en el pecho.

El dueño del nuevo gato se niega a venderlo y, por las caricias que el protagonista prodiga al animal, éste lo sigue hasta la casa, en donde se hace amigo de la esposa.

Aquí reinicia el proceso de narrar el comportamiento del nuevo gato y los cambios paulatinos que desembocan en el mismo maltrato de antes.

A poco, otra vez la ternura lo irrita y cobra antipatía al animal. El fastidio y disgusto degeneran en odio. El remordimiento por lo que hiciera, hace que esquive al animal y aumente su horror por él, pues, al igual que Plutón, le falta un ojo, y la esposa lo quiere mucho.

El animal, indiferente y zalamero, va tras él a todas partes; pero el odio y los deseos de matarlo aumentan.

Poe recurre a la única diferencia entre los gatos y aprovecha para agregar un ingrediente fantástico a la narración. Con horror y pánico, el protagonista descubre que la mancha blanca en el pecho del gato, antes de contornos indefinidos, semeja con claridad escalofriante una horca. Se condena por lo ocurrido y narra su angustia cuando despierta para sentir el aliento tibio y el peso ‘de la cosa’ sobre su pecho. Ahora no solo odia al gato, sino a toda la humanidad, y describe su infortunio.

Se dirige al sótano. El nuevo gato hace que tropiece de cabeza, y cuando enloquecido ataca al animal con el hacha…

(Aquí mi amigo interrumpe su reseña y sugiere: “Si quieres saber lo que pasa, lee cuento”). ¿Se burla de mí?

La pérdida de control termina en locura. El manejo de los tiempos y la progresión del desequilibrio mental del personaje concluyen cuando, endemoniado… Te repito, lee el cuento.

El protagonista actúa con frialdad y cálculo; la inteligencia viene en su ayuda.

Resuelto a esconder el crimen, estudia varias posibilidades de cómo deshacerse del nuevo gato. Decide buscarlo en vano. Aliviado, piensa que huyó y da por asegurada su felicidad futura.

La narración entra en la fase de desenlace. Al cuarto día se presenta la policía, y el asesino se muestra imperturbable. Cuando la búsqueda está por terminar, el júbilo lo traiciona. Suben las escaleras y, por alardear de la solidez de las paredes, golpea con fuerza el sitio preciso que oculta… Mi amigo persiste: “Lee el cuento y sabrás a quién”.

Para Poe, la palabra fuerza es vital. Un golpe suave no habría derribado la pared. Poe recurre a los adjetivos adecuados para recargar la atmósfera de la escena final.

Del hueco de la tumba sale un gemido que aumenta hasta convertirse en alarido horroroso y extendido, inhumano, brotado del infierno.

El protagonista desfallece; se apoya en la pared opuesta. Los seis policías se detienen, terminan de derribar la pared y descubren… este aviso en un papel: Te repito: lee este cuento de Edgar Allan Poe.

Manifiesto que hace meses intento comunicarme con mi amigo, para pedirle explicaciones sobre su último mensaje, y no contesta.

7 de octubre de 2001

Total Page Visits: 6 - Today Page Visits: 6

Leave a Reply