Una tarea permanente para conservar el patrimonio del Paisaje Cultural Cafetero.
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Arq. Juan Carlos Olivares C.
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Hace unos días tuve la oportunidad de participar en un importante espacio académico sobre turismo, cuyo tema central fue la innovación y el diseño de productos turísticos a partir de conceptos construidos desde el territorio. Este encuentro propició una reflexión entre los diferentes actores de la cadena de valor sobre cómo podemos contribuir a un turismo sostenible y responsable, que reconozca y valore los atributos del Paisaje Cultural Cafetero Colombiano (PCCC).
Durante el encuentro se planteó una premisa que considero fundamental: poner la actividad turística al servicio del territorio y no el territorio al servicio del turista. Esta idea me llevó a reflexionar sobre una modalidad de turismo que viene ganando presencia en el PCCC: el denominado Instaturismo o turismo de Instagram. Una tendencia que, bajo la lógica de generar experiencias atractivas para las redes sociales, puede terminar promoviendo actividades comerciales sin considerar suficientemente sus consecuencias sobre el territorio. De continuar sin criterios claros de planificación y sostenibilidad, podría convertirse en una amenaza adicional para la conservación del paisaje.
Al investigar el significado del término Instaturismo o turismo de Instagram, encontré una definición que lo relaciona con el uso de esta plataforma de redes sociales para compartir experiencias de viaje, fotografías y contenidos entre usuarios, incluidos creadores de contenido e influencers que cuentan con miles de seguidores.
Aunque este tipo de turismo puede parecerme trivial y poco significativo desde el punto de vista de la experiencia cultural, es evidente que responde a una tendencia de mercado y que puede representar un éxito comercial tanto para quienes producen los contenidos como para quienes promueven estos lugares. Sin embargo, más allá de su popularidad y rentabilidad, es necesario preguntarnos qué valor aporta realmente al territorio y cuáles son sus consecuencias a largo plazo.
El asunto de fondo, sobre el cual debemos reflexionar quienes hacemos parte de la cadena de valor del turismo, comienza con dos preguntas fundamentales:
- ¿Desde dónde y cómo estamos construyendo valor para conservar y desarrollar nuestro territorio como Paisaje Cultural Cafetero y, al mismo tiempo, promover un turismo sostenible?
- ¿Qué impactos generan los productos turísticos que diseñamos y promovemos en zonas de alto valor paisajístico y en los pequeños lugares de un territorio inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial por su Valor Universal Excepcional?
Para abordar estos interrogantes, retomaré algunas de las reflexiones surgidas en el taller de turismo al que asistí la semana pasada. Considero que este debate académico debe continuar y ampliarse con la participación de los diferentes actores vinculados al sector.
La experiencia turística: construir conexiones con el territorio

Uno de los aspectos abordados en el taller fue la experiencia del viajero, la historia que desea vivir en nuestro territorio y la manera como estamos construyendo y comercializando el destino.
El reto consiste en crear conexiones profundas entre el visitante y el territorio, propiciando experiencias auténticas que permitan comprender sus valores culturales, naturales y sociales. Para ello, es indispensable que exista coherencia entre la identidad del destino, sus narrativas y los productos turísticos que se ofrecen.
Cuando esta relación no existe, corremos el riesgo de vaciar de significado el destino y de apostar por productos turísticos cosméticos, diseñados principalmente para producir imágenes atractivas y generar consumo inmediato, pero que aportan poco al reconocimiento del patrimonio y al bienestar colectivo. En estos casos, los beneficios económicos pueden concentrarse en unos pocos actores, mientras que los costos sociales, ambientales y territoriales terminan siendo asumidos por las comunidades y las instituciones públicas.
Los impactos de los productos turísticos cosméticos

Otro aspecto que debemos analizar son los impactos que estos productos turísticos pueden ocasionar sobre los lugares donde se desarrollan, especialmente cuando su diseño y operación no responden a criterios adecuados de planificación, capacidad de carga y sostenibilidad.
El primer aspecto está relacionado con la concentración de visitantes. La llegada masiva de personas interesadas principalmente en tomarse fotografías puede generar largas filas, congestión y frustración. El problema, sin embargo, va más allá de la experiencia individual: las estrechas vías de acceso comienzan a presentar congestiones vehiculares, mientras que la insuficiencia de espacios de estacionamiento seguro incrementa los riesgos y las molestias para visitantes y residentes.
Estas condiciones deterioran la calidad de la experiencia turística y pueden afectar la reputación del destino, reduciendo la intención de regresar o recomendarlo. Paradójicamente, una actividad que busca atraer visitantes puede terminar perjudicando la sostenibilidad y competitividad del lugar que pretende promocionar.
El segundo aspecto tiene que ver con la gobernanza del territorio donde se desarrolla la actividad turística. Aquí surgen preguntas que deben ser abordadas desde la planificación territorial, la gestión pública y la responsabilidad de los actores privados:
- ¿Qué autoridades tienen competencia para autorizar cambios en el uso del suelo agrícola y bajo qué condiciones?
- ¿Cuáles son los criterios técnicos, urbanísticos y ambientales que sustentan las licencias y autorizaciones para este tipo de intervenciones?
- ¿Cómo se distribuyen las cargas y los beneficios derivados de estas actividades, tanto para los propietarios como para las comunidades vecinas?
- ¿Quién asume los costos de las inversiones públicas necesarias para garantizar el acceso, la movilidad y los servicios que requiere una actividad comercial privada?
- ¿Dispone el lugar de la infraestructura y los servicios necesarios para atender la afluencia de visitantes sin comprometer sus valores ambientales, paisajísticos y culturales?
Estas preguntas no pretenden desconocer la importancia de la iniciativa privada ni los beneficios económicos que puede generar el turismo. Por el contrario, buscan poner de manifiesto la necesidad de establecer reglas claras, fortalecer la coordinación institucional y garantizar que los beneficios de la actividad turística sean compatibles con la conservación del patrimonio y el bienestar de las comunidades.
El compromiso con el Paisaje Cultural Cafetero como Patrimonio Mundial

El tercer aspecto, y quizá el más delicado, se relaciona con las implicaciones de desarrollar este tipo de actividades en un territorio reconocido como Patrimonio Mundial.
Para abordar este asunto, considero necesario volver sobre los principios de la Convención sobre la Protección del Patrimonio Mundial Cultural y Natural de la UNESCO y sobre los lineamientos internacionales que relacionan el turismo con la cultura y la conservación del patrimonio.
Desde esta perspectiva, el turismo en los sitios de Patrimonio Mundial representa una oportunidad para dar a conocer sus valores culturales y naturales, fortalecer su conservación y contribuir al desarrollo sostenible. Sin embargo, esta oportunidad implica también una responsabilidad: la actividad turística debe gestionarse de manera que no comprometa los atributos que justificaron el reconocimiento patrimonial.
Un referente importante es la Declaración de Mascate sobre Turismo y Cultura, adoptada en Mascate, Sultanía de Omán, los días 11 y 12 de diciembre de 2017. Este documento invita a fortalecer la relación entre turismo, cultura y desarrollo sostenible. Recomiendo su lectura a los diferentes actores de la cadena de valor del turismo, pues ofrece elementos para construir una visión compartida sobre la responsabilidad de crear valor en los destinos patrimoniales.
Entre los principios y compromisos recogidos en este marco internacional, me permito destacar los siguientes:
1. El turismo como factor de enriquecimiento del patrimonio cultural.
El Código Ético Mundial para el Turismo, adoptado por la Asamblea General de la Organización Mundial del Turismo en 1999 y respaldado por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2001, reconoce el potencial del turismo como factor de aprovechamiento y enriquecimiento del patrimonio cultural de la humanidad.
Este principio nos recuerda que el turismo no debe limitarse a consumir los atributos de un lugar: debe contribuir a su reconocimiento, valoración y conservación.
2. El respeto por las comunidades y la diversidad cultural.
Entre los compromisos relacionados con la articulación entre turismo, cultura y desarrollo sostenible, se destaca la promoción de una cultura de respeto entre los turistas y las comunidades locales, sus identidades, formas de vida y creencias, especialmente en los destinos vinculados al turismo cultural sostenible.
En el PCCC, este principio exige reconocer que el paisaje no es solamente un escenario para la actividad turística. Es un territorio habitado, construido históricamente por sus comunidades y portador de prácticas, conocimientos y tradiciones que deben ser respetados.
3. La promoción de modelos de turismo innovadores que fortalezcan el intercambio cultural.
La relación entre turismo y cultura también puede consolidar espacios de encuentro, diálogo e intercambio entre visitantes y anfitriones. Para ello, es necesario promover modelos de turismo innovadores que valoren la diversidad cultural y el patrimonio, y que fomenten la participación y el empoderamiento de las comunidades locales.
La innovación turística, por tanto, no debería medirse exclusivamente por la capacidad de atraer visitantes o generar imágenes para las redes sociales. También debe evaluarse por su capacidad para fortalecer la identidad territorial, generar aprendizajes significativos y ampliar las oportunidades de participación de las comunidades.
4. La gestión responsable y sostenible del patrimonio cultural.
Otro de los compromisos fundamentales consiste en promover la gestión sostenible de los sitios culturales mediante una administración eficaz de los flujos de visitantes, el uso eficiente de los recursos y la garantía de una experiencia turística de calidad.
Este planteamiento resulta especialmente pertinente para el PCCC. La conservación de sus atributos requiere comprender los límites del territorio, anticipar los impactos de las actividades económicas y asegurar que las decisiones de inversión y promoción turística estén articuladas con los instrumentos de planificación y manejo del paisaje.
Referencia: Declaración de Mascate sobre Turismo y Cultura, Mascate, Sultanía de Omán, 11 y 12 de diciembre de 2017.
Construir el destino es más que venderlo
Las reflexiones anteriores nos llevan a reconocer que el futuro del turismo en el Paisaje Cultural Cafetero depende, en buena medida, de las decisiones que tomemos hoy sobre el territorio. No basta con diseñar productos atractivos, incrementar el número de visitantes o posicionar determinados lugares en las redes sociales. Es necesario preguntarnos qué tipo de destino estamos construyendo, qué valores estamos transmitiendo y qué patrimonio estamos dejando a las generaciones futuras.
Construir un destino implica comprender su identidad, reconocer sus atributos culturales y naturales, fortalecer la participación de las comunidades, mejorar la gobernanza y orientar las inversiones hacia un desarrollo compatible con la conservación del paisaje.

En consecuencia, el desafío de los actores públicos y privados de la cadena de valor del turismo consiste en pasar de una lógica centrada exclusivamente en la promoción y la rentabilidad a una visión integral en la que el territorio sea el fundamento de la experiencia turística y su conservación constituya una responsabilidad compartida.
El Paisaje Cultural Cafetero no puede reducirse a una escenografía para fotografías ni a un recurso comercial disponible para cualquier tipo de intervención. Su valor reside en la relación histórica entre las comunidades, la cultura cafetera, las prácticas productivas y las condiciones naturales que han configurado este paisaje excepcional.
Por eso, construir el destino es una tarea permanente que exige conocimiento, planificación, corresponsabilidad y compromiso con el patrimonio.
Construir el destino es diferente de vender el destino. No todo vale.




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