Sí. He escrito muchos textos, frases, palabras en las redes sociales, sobre mi hermano. Y lo seguiré haciendo cuantas veces sea posible y tenga tantos recuerdos inmensos para mostrar sobre quien fuera un verdadero hermano de todos sus hermanos. Y de quien formara una familia maravillosa, digna de mostrarse en todas partes.

Porque su alegría y su bondad siempre estuvieron presentes en nosotros, donde iba, estaba, laboraba, compartía.

Fue un hermano lleno de cualidades. Y todos reconocemos en él a un gran ser humano. Una persona que se entregó a sus hermanos y a su familia.

Nacimos del mismo árbol y aunque nuestras ramas vayan en distinta dirección, siempre nos unirán nuestras raíces.

El diálogo, el juego en familia y el respeto son tres temas principales que consideramos importantes en la crianza amorosa que nos dieron en casa.

Los abrazos hicieron parte de esa educación. Y los abrazos jugaron un papel preponderante en nuestras vidas. Porque los abrazos son una gran medicina. Porque los abrazos fortalecen el espíritu. Porque los abrazos son importantes. Porque los abrazos deben darse hoy y todos los días.

Siempre, cuando íbamos a su casa o cuando venía a la nuestra o en su consultorio, un abrazo de saludo y despedida era fundamental. A mi hijo siempre le hacía una seña con su mano derecha para que se agachara y poder abrazarlo, pues es muy alto. Mi hijo se reía. Después de un buen tiempo, ya mi hijo no necesitaba la señal de mi hermano.

Mi hermano logró consolidar una hermosa familia. Una familia como deben ser todas las familias. Un ejemplo a seguir.

Anécdotas hay muchas, demasiadas, porque siempre estaba dispuesto a sacarle un chiste a una puntilla, jugo a la vida.

Y así, molestaba, reía, hacía reír…

Pululan sus momentos graciosos en las reuniones familiares, con médicos, con amigos o allá en el Bolo Club, donde era conocido y querido por muchos socios.

Muchas veces, me preguntan qué pasó, porque me ven llorando…creen que me dijeron algo nuevo. No, simplemente, recuerdos…recuerdos maravillosos, increíbles de un hermano que nos dejó cuando menos lo imaginamos.

El año pasado, por primera vez en mi vida, estaba yo tan mal, en cuidados intensivos en la Clínica Comfamiliar de Pereira. Los médicos le dijeron al gordo y a mi familia que yo no tenía remedio, que no saldría de allí con vida. Que se prepararan.  

Terminaba su labor en su consultorio, organizaba su agenda y salía temprano para Pereira. Se acercaba y me daba un beso y todos los días, cuando me visitaba, hacía lo mismo. Ese era siempre el saludo: un beso en la frente…Eso nunca lo había sentido tanto…recuerdo y lloro…lloro, porque no pude ir a verlo y hacer lo mismo.

Mi petición sincera, sencilla es que haya abrazos por doquier. Que no se niegue un abrazo. Porque los abrazos son como vitaminas que producen energía y llenan el alma de amistad. Para todos, un gran abrazo.

Gracias, Señor, por habernos dado este hermano. Gracias, querido hermano por la huella que dejaste en todos.

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