Edición 110

SALUD INTEGRAL, ¿UN RETO POSIBLE?

By 7 de junio de 2026No Comments

Arrierías 110

Clarena Vergara Hoyos. Psicóloga – Especialista en gerencia social.

La atención en salud implica muchos factores sociales que influyen en el bienestar de una persona. Hay aspectos externos al acto médico que determinan el estado de salud, como el sitio donde se nace, dónde vive, donde trabaja etc.

Escuché algunos datos en estos días sobre la incidencia del suicidio en el Quindío, que enfrenta tasas superiores a la media nacional (90-100 por 100k Hab), superando las 140. Fuente: Eje Cafetero RAP https://share.google/BFgS3qa3W1694oaco

El Chocó, que tuvo tasas de intento de suicidio más bajas en comparación con el Quindío, tiene una   situación alarmante en sus comunidades indígenas, dónde las cifras son drásticamente superiores a la media nacional.

 Se argumenta que esto tiene que ver, aparte de la pobreza, con la confrontación armada y sus secuelas. Pero la población afro también está expuesta a estos factores y las cifras son diferentes ¿Qué hace que está población reaccione de otra forma, y que factores protegen de alguna manera la salud mental de la población afro del Chocó?

Algunos autores refieren que vivir en comunidad protege de la depresión, sentir apoyo, afecto, preocupación, da un soporte que se ha ido perdiendo en grandes ciudades. Aparte de esto los factores culturales como la alegría, la celebración, la música, la danza, la religiosidad, la alimentación, son otros factores que permiten la resiliencia con mayor facilidad.

Poder atender integralmente a un paciente requiere de unas condiciones excepcionales tanto de los profesionales como de las instituciones.

Cómo psicóloga siempre me vi enfrentada a esos dilemas. Pacientes deprimidos por haber perdido el trabajo, por estar a punto de perder su casa, por dificultades para entrar a la universidad, por no tener tiempo de recrearse a causa de múltiples obligaciones. En fin, factores no médicos, que determinaban parte de su salud.

Recientemente tuve un caso que estuve atendiendo ya como jubilada, pero que me conmovió.

Un joven de unos 23 años que llevaba tres años sin salir de la casa sin poder asistir a sus controles médicos, por un trastorno obsesivo compulsivo, trastorno de pánico agudizado por la pandemia, autismo atípico, su madre con múltiples patologías, sospecha de cáncer y padre con una enfermedad autoinmune que le generaba grandes limitaciones para trabajar.

Conseguí el dinero para apoyarlos con unas citas especializadas domiciliarias pues el Sisbén no hace consulta de psiquiatría en casa, y pensé ¿cómo más puedo   ayudarlos?

Escribí al Minuto de Dios pues ya no hay programa de mi casa ya del gobierno, detallé el caso y solicité una vivienda para ellos.

 Me contestaron y me pidieron algunos datos demográficos y qué clasificación del Sisbén tenían, entre otros.

Me lleve una sorpresa cuando el padre de familia, muy estresado, me dijo que no quería darme los datos ni solicitar la vivienda. Me molesté porque me parecía asombroso que me hubieran contestado y que ellos no quisieran darme esa información.  Me explicaron que dónde el gobierno supiera que tenían un beneficio de una casa le quitaban la ayuda en los medicamentos y del servicio médico. Esos medicamentos eran demasiado costosos y así tuvieran casa no podrían pagarlos.

Comenté el caso con una persona que trabajó en el Sisbén y me dijo que era así; que habían subido las exigencias para la clasificación en el Sisbén, y me contó un caso de un habitante de calle que algunos amigos le estaban pagando una pieza en un inquilinato y cuando fueron representantes del Sisbén a visitarlo, vieron que la casa tenía piso de baldosa y la dueña tenía nevera y lo sacaron se la clasificación de pobre, subiéndole los costos de atención médica y medicamentos.

Me informaron que era un riesgo si ellos tenían casa porque todos los medicamentos y los servicios médicos subirían a precio normal y como todos estaban gravemente enfermos perderían las ayudas en salud.

Me tocó desistir. Aceptar que los pobres no pueden salir de pobres y que no es fácil ayudarlos.

Fui afortunada de trabajar en una EPS de una Caja de Compensación en la época de oro, donde había ética, coordinación y buen servicio.

Yo atendía el paciente y lo motivaba a inscribirse en los programas deportivos, de recreación, académicos, o a la agencia de empleo, si veía que su preocupación era por el arriendo los motivaba a solicitar el subsidio de vivienda. En fin, aparte de mi labor como psicóloga, la psicoterapia tradicional, teníamos programas preventivos como educación en salud para niños con trastornos de aprendizaje, jóvenes, embarazadas, programas integrales de riesgo cardiovascular, VIH, cuidadores, salud mental entre otros, podía llegar hasta el apoyo social a la familia.

No sé imaginan la felicidad que se siente cuando alguien comentaba que había podido conseguir trabajo o que su niño era vinculado a una selección deportiva o que habían obtenido el subsidio de vivienda.

La psicología es una labor frustrante. Podría decir que gran parte de las problemáticas tienen que ver con factores sociales externas que no podemos resolver. Yo lo intenté y fui feliz.

La reforma a la salud debería tener una visión integral, desde programas recreativos que puedan ejecutarse en cada plaza o escuela de cada pueblo, como la Aero rumba, los bailes folklóricos, el acondicionamiento físico, que podría incluso dirigirse a través de los medios de comunicación públicos, esto tiene un impacto inmenso en la salud y tiene que ver con nuestra alegría colombiana, yo lo hice en mis grupos preventivos y funcionó muy bien.

La educación en alimentación saludable, promoción de huerta casera, programas similares a Master chef, podrían ayudar generando un gran impacto social.

La educación a las madres de familia en atención primaria en salud, reduciría notablemente las consultas médicas, la atención domiciliaria de enfermedades, crónicas, el arte y el deporte para todas las edades son factores protectores en la salud mental y el trabajo a todo nivel de mejores prácticas de comunicación y resolución de conflictos.

Si continuamos polarizando a la población y dividiéndonos entre ricos y pobres, empresarios y trabajadores, blancos y negros, de extremos políticos, la guerra será indefinida y seguirá habiendo suicidios en el Chocó y en todo nuestro hermoso país.

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