Edición 113

FEDERICO GARCÍA LORCA – EL DUENDE DE LA PASIÓN Y LA LITERATURA

By 31 de agosto de 2026No Comments

Arrierías 113

Francisco A. Cifuentes S.

“Cuando una morena baila, cuando Belmonte hacía prodigiosas suertes de capa, cuando Velásquez producía, sobre ellos divagaban el ángel y la musa. Pero ellos tenían duende. Sí, señores; tener duende es lo más caro que puede ofrecer la vida a los intelectuales. El duende es ese misterio magnífico que debe buscarse en la última habitación de la sangre” (RIVERAS, Alberto F. “Rossini fue cocinero y músico con mucho de eso que llaman Duende”. En: “Palabra de Lorca Declaraciones y entrevistas completas”. Edición de Rafael Inglada. Barcelona. 2017. p.187)

De cómo me llegó Federico García Lorca

Hacia 1971, cuando en el pensum de Bachillerato existía la denominada “Hora de Lectura” u “Hora de Biblioteca” todos los alumnos debíamos ingresar en pleno silencio a esa pequeña catedral de las letras en la cual nos íbamos sumergiendo con la guía de algún profesor que con esmero y pasión nos inculcaba ese amor por los libros. Estando allí, siempre veía con mucho interés una gran colección de la Editorial Aguilar, con gruesos tomos, tal vez con tapas de una piel delicada que invitaba a acariciar cada texto, lleno de páginas en papel de arroz o papel Biblia, las que despertaban una inmensa curiosidad por los nombres de autores en otros idiomas como Shakespeare, Nietzsche, Tolstói o Wilde. De entrada, escogí el libro de Lorca que contenía nada más y nada menos que 1.800 páginas y cuya fecha de edición coincidía con la de mi nacimiento (1957); aclarando que la primera es de 1954 y la última de 1962 (GARCÍA Lorca, Federico. “Obras Completas”. Aguilar. Madrid. 1957).

Dada mi amistad con la señorita bibliotecaria y mi asidua visita de lector, logré que me la prestara para llevármela un fin de semana para una finca durante la cual leí muchos apartes junto a mi novia. Inmediatamente quedé enamorado de la poesía de Lorca y logré apreciar su grandeza, considerándolo de entrada un artista e intelectual integral; pues por mis ojos pasaban prosas, poemas, obras de teatro, delicados dibujos, facsímiles con su curiosa firma, partituras para piano y guitarra y fotografías. Desde entonces consulto esa y otras ediciones, entre ellas una que prologa su compañero de generación Jorge Guillén y cuyo epílogo se le debe a Vicente Aleixandre, bardo que también integró la “Generación del 27”.

Por ese mismo año de mi fascinante descubrimiento conseguí “Romancero Gitano” (Salvat. Barcelona. 1971) y desde entonces lo he comprado, regalado o perdido y siempre regreso a ese viejo tesoro que se encuentra en cualquier agáchese, librería de viejo o “Mercado de las Pulgas”.

Muchísimo después conocería algunas de sus biografías, siendo la más recomendada la escrita por el historiador e hispanista, el irlandés Gibson (IAN, Gibson. “Vida, pasión y muerte de Federico García Lorca 1898-1936”. Random House. Barcelona. 2016), autor que nació en 1939 en el mismo Dublín de Oscar Wilde, William Butler Yeats, James Joyce, George Bernard Shaw y Samuel Beckett, Este se nacionalizó en España en 1984 y le ha dedicado textos a Dalí, Machado y Buñuel, precisamente contemporáneos de Lorca.

Otra de las formas para acercarme a la poesía de Federico García Lorca fue escuchando algunas piezas en las voces de Camarón de la Isla, Miguel Poveda, Manzanita y Ketama y Joan Manuel Serrat, que también ha musicalizado a poetas como Antonio Machado, Miguel Hernández y Mario Benedetti. Todos estos discos animaron por muchos años nuestras tertulias literarias, escuchándolas con mucha devoción hasta altas horas de la noche, y desde entonces supimos que Lorca nunca moriría, pues estaría siempre en la memoria de los hispanoamericanos y de muchos seres humanos sensibles del mundo entero, que ahora le rendimos tributo cuando se cumplen 90 años de su vil asesinato (18 de agosto del 1936), durante los inicios de la Guerra Civil Española por parte de los militares que habían dado un golpe de estado exactamente hacía un mes (18 de julio de 1936); los que posteriormente erigieron la dictadura de Francisco Franco el 1 de octubre del 36.

De la gran producción literaria de Lorca y sobre su figura y su obra, para este escrito sólo deseo escoger principalmente como puntos de referencia sus “Obras Completas” ya citadas, su “Conferencia sobre el duende”, el texto “Lorca, poeta maldito” del escritor español Francisco Umbral, el voluminoso libro sobre las “Declaraciones y entrevistas completas” de García Lorca, compiladas por Rafael Inglada y el reciente documental “Lorca en la Habana” (2025). Pues todo lo demás es difícil de abarcar para un ensayo corto, como pretende ser este escrito para su alabanza y recordatorio.

El duende en la literatura y el arte

El poeta Federico García Lorca dictó una famosa conferencia durante su estadía en Buenos Aires en 1933 sobre el duende en la literatura, titulada “Teoría y juego del duende” en la cual hablaba de una fuerza misteriosa, un poder oscuro e instintivo que antecede a la creación artística y se devela en su producción; pero ese espíritu puede brotar de la tierra, del cosmos, del dolor, de la sangre y la cercanía con la muerte. Y precisamente su obra está llena de ese duende, de esa fuerza telúrica que le da un tono y un contenido especial a su creación. En toda su producción poética, dramatúrgica y musical se puede apreciar esta misteriosa atracción, que hace que el lector, el espectador o el escucha queden ensimismados, o mejor, simplemente extasiados por ese algo que muchas veces ni siquiera se puede definir, pero que existe como una especie de embrujo.

Ahí está el “tragicismo” de sus obras de teatro donde existen los duelos, el amor, la venganza, la sangre y la muerte. Al respecto véase su trilogía compuesta por “Bodas de sangre” (1933), “Yerma” (1934) y “La casa de Bernarda Alba” (1936), y la poética de los “Sonetos del amor oscuro” y “La danza de la muerte” entre muchos otros escritos y temas donde es recurrente la afloración de ese misterio enloquecedor y atractivo; que nos incita a admirar o a vernos desde lo más profundo del alma y las raíces del ser humano.

Este es muy diferente a lo que se conoce como la musa de la inspiración que está más centrada en el amor lírico o en la constante referencia para la pintura; como lo fue Gala para Salvador Dalí, por ejemplo. También es diferente al ángel que inspiraba entre otros escritores a la mística Santa Teresa de Ávila, a San Juan de la Cruz o al mismo Fray Luis de León; todos ellos referentes del famoso “Siglo de Oro” de la literatura española del XVI.

En mis largas disquisiciones con mi amigo Mario Espinosa, un profundo conocedor de la antropología, el arte, la literatura y la música siempre inquiríamos una obra por la capacidad de embrujo que ella poseyera. En muchas oportunidades valorábamos ciertas novelas o poemarios diciendo que eran magníficas construcciones literarias producto del genio y la disciplina; pero que les faltaba “algo” y, ese algo, era precisamente ese ser pequeño que se escondía en una página, en un verso y le daba un hálito especial a esa producción, con capacidad de entretener o de invitar a una profunda reflexión sobre la vida.

Pero también en obras voluminosas se puede presentar ya no ese duendecillo, sino un fantasma grande que atrape al lector y a todos los estudiosos por instantes fulgurantes y por generaciones enteras. Esto está en “El Quijote”, en la “Divina Comedia”, en “Hamlet” y en “Cien Años de Soledad” para no citar sino algunas perlas. Pero existen autores que, siendo todos unos monumentos de la cultura universal, la verdad, les falta duende, carecen de fantasma; y por eso, se pueden estudiar mucho, pero no resisten el embrujo cautivador de las maravillosas producciones humanas que siguen ocupando y preocupando a los lectores; a los asistentes a una galería de arte, a un recital, a una película, a una obra de teatro o a un concierto; pues una cosa es producir para la academia y otra para la vida. Muy distinto es escribir manuales y tratados, a producir verdaderas obras de arte y literatura que lleguen al alma, revuelquen la conciencia, despierten el subconsciente, nos conmuevan el torrente sanguíneo, nos hagan mirar en el espejo de nuestra propia existencia y nos hagan saber que esa “sombra junguiana” está ahí.

Federico García Lorca poseía un duende que se expresaba en su mirada, se dibujaba en sus cejas, en la dulzura de sus manos al tocar el piano, en esa bella y delicada caligrafía, en sus dibujos sencillos pero significativos, en la capacidad de convocar jóvenes actores universitarios para escenificar obras del  teatro clásico por los pueblos de España, en sus actuaciones y ademanes allá entre sus compañeros en la “Residencia de Estudiantes” en Madrid aunque algunos lo calificaran como algo alambicado; por supuesto en sus maravillosos versos, en las obras de teatro donde hablaba de mujeres y duelos, al cantarle a un torero, al retratar la cruda realidad de los EE.UU durante la Gran Depresión.

Y como no, cuando ese duende de la pasión humana y masculina en particular se atrevía al coqueteo y a la conquista de jóvenes, negros y ciertos amantes. Al respecto es bastante diciente la película “Little Ashes” de 2008 dirigida por Paul Morrison y en la cual se retratan las relaciones juveniles entre Salvador Dalí y García Lorca, lo que algunos han catalogado como mera amistad, otros como atracción y unos como intimidad homosexual.

La “Residencia de Estudiantes” como nicho cultural

Esta residencia para estudiantes fue fundada en 1910 como un “Instituto Libre de Enseñanza” por los pedagogos e intelectuales Bartolomé Cosío y Francisco Giner de los Ríos. Su director fue Alberto Jiménez Fraud. El progresismo de sus organizadores permitió la formación interdisciplinaria, el intercambio cultural sobre todo con el resto de Europa cuando España era conocida por su aislamiento. Primó el diálogo abierto y el rigor científico.

Esta institución se convirtió en todo un nicho cultural en el cual surgió parte de la Generación del 27, tanto que allí se conocieron y compartieron Lorca, Dalí y Buñuel cuando este estudiaba Ciencias Naturales y se inició en el cine surrealista. Y por allí pasaron como conferencistas invitados nada más y nada menos que Albert Einstein exponiendo su Teoría de la Relatividad, el gran economista John Maynard Keynes, el poeta francés Paul Valery, la doble Premio Nobel María Curie, el músico ruso Ígor Stravinski, el arquitecto Le Corbusier, el filósofo Henri Bergson y el poeta y pensador latinoamericano Octavio Paz.

Este ambiente fue definitivo en la formación de Federico a la par que realizaba sus estudios de Derecho, por recomendación de su padre, más no por una clara decisión personal; tanto que en la Residencia de Estudiantes se formó el poeta y dramaturgo que hoy conoce el mundo entero. De allí viajaría a los EE. UU donde continuaría con su producción lírica y como conferencista por las Antillas y Sur América.

La famosa “Generación del 27”

La denominada “Generación del 27” estuvo integrada por los siguientes escritores y artistas: Jorge Guillen cuyo poemario más conocido es “Cántico”, el Premio Nobel de Literatura (1977) Vicente Aleixandre; el gran bardo de la “poesía pura” y amorosa Don Pedro Salinas, quien fue traductor de Paul Valery, Luis Cernuda destacado poeta homosexual y quien se ganó  el Premio Literario Lambda por su obra “Poesía para Hombres Gays”, Rafael Alberti importante bardo de compromisos social y político, Gerardo Diego quien estuvo entre el creacionismo y el clasicismo, Dámaso Alonso quien fuera director de la Real Academia de la Lengua Española entre 1968 y 1982, el poeta y editor Manuel Altolaguirre, el poeta e impresor Emilio Prados, el pastor y poeta humilde Miguel Hernández y un grupo de mujeres poetas conocidas como “Las sin sombrero”, entre ellas las escritoras Ernestina de Chapourcin, Concha Méndez, Josefina de la Torre, Carmen Conde, María Teresa León y  Maruja Mayo y Margarita Manso que eran unas pintoras que se quitaban el sombrero en compañía de Federico García Lorca y Salvador Dalí, quien las bautizó así. Y por último la filosofa y pensadora del Grupo María Zambrano, que hoy se sigue editando, leyendo y estudiando precisamente por su contribución a la categoría de la “razón poética”. Esta generación sigue llegando hasta nosotros con su inspiración y su compromiso.

El contexto histórico, social, político y literario en que surge Lorca y su generación es el siguiente, lo que evidentemente marcará sus vidas y su producción:

La denominada “Generación del 98” fue su antecesora y vio el declive del Imperio Español colonialista y el surgimiento del mundo moderno, mientras la “Generación del 27” surgió de los escombros de la Primera Guerra Mundial o la “Gran Guerra” y conoció los primeros vaivenes del sistema capitalista durante la “Gran Depresión” o el “Crack del 29”; incluso el poeta Lorca estuvo en ese momento en EE. UU, lo que inspiraría parte de su magnífico poemario “Poeta en Nueva York”. Esta generación también conoció la brevedad de la República Española, la sangrienta Guerra Civil Española y la dictadura fascista de Francisco Franco. Igualmente fueron testigos de la Revolución Bolchevique, que algunos admiraron y militaron al lado de su causa. Muchos alcanzaron a ver el ascenso del nacionalsocialismo y los desastres de la Segunda Guerra Mundial. Por todo lo anterior algunos fueron errantes y exiliados.

Este grupo de escritores surge precisamente a raíz de la celebración del tercer centenario de la muerte del poeta Luis de Góngora, a quien redescubrieron y reconocieron como su hermano mayor. Las veladas en su reconocimiento, los días 16 y 17 de diciembre de 1927 en el Ateneo de Sevilla contaron con la presencia de Federico García Lorca, Rafael Alberti, Gerardo Diego, Jorge Guillen, Damaso Alonso, Luis Cernuda y Vicente Aleixandre; el resto se adhirieron posteriormente. En esta línea estos cultores de la poesía moderna partieron del clasicismo español y lo fueron combinando con la poesía pura, el vanguardismo, el surrealismo, el creacionismo y el compromiso político en algunos casos. También puede decirse que en la obra de esta generación existe cierta huella del escritor español Juan Ramón Jiménez.

Precisamente García Lorca se convirtió un ícono de su generación porque en el teatro retomó los clásicos españoles, en la poesía partió de lo más popular como el mundo cultural de los gitanos hasta lo más vanguardista y moderno; incluso haciendo parte del surgimiento del movimiento surrealista al compartir con el pintor Salvador Dalí y el cineasta Luis Buñuel.

Justo en su “Romancero Gitano” se pueden hallar los signos de lo más tradicional con un aire nuevo, algo vertido en la audacia de las metáforas modernas en las cuales los protagonistas son los gitanos.

Lorca, el “poeta maldito” de España

“Lorca es el cantor de las tres grandes razas postergadas de nuestra civilización: los gitanos, los negros y los homosexuales” (UMBRAL, Francisco. “Lorca, poeta maldito”. Biblioteca Nueva. Madrid. 1968. p.9)

El texto de Umbral, que no es propiamente una biografía sino un ensayo, consta de 20 partes y de las cuales vale resaltar los siguientes capítulos:  capítulo 9 “Los gitanos”, capítulo 12 “Los negros”, capítulo 13 “Los homosexuales”, capítulo 18 “Tragicismo”, capítulo 19 “Señorito Andaluz” y capítulo 20 “Federico”. En estos apartados analiza los caracteres clave del poeta para encapsularlo dentro de la categoría de los “poetas malditos”; nombre con el cual designo Paul Verlaine a algunos bardos de su generación en Francia como Charles Baudelaire, Arthur Rimbaud, Stéphane Mallarmé, Tristán Corbiére, Auguste Villiers de l´lsle-Adam y la poetisa Marceline Desbordes-Valmore; quienes estuvieron prácticamente al margen de las normas de la vida social y la moral tradicionalista de su época, dedicados a la bohemia, los excesos y con una postura de rebeldía radical.

En las páginas iniciales del texto citado, el escritor español Francisco Umbral parte de François Villon, poeta anterior a los llamados “malditos”, pero con características similares. Pero también se refiere al escritor Antonín Artaud que fue posterior a esa generación, al narrador y poeta norteamericano Edgar Allan Poe, al ruso Vladimir Maiakowsky y al iconoclasta André Gide reconocido con el Premio Nobel de Literatura en 1947. En esta familia literaria de bohemios y algunos homosexuales, incluye por sus temáticas a los pintores Francisco de Goya y Lucientes y a José Gutiérrez-Solana y a los literatos Francisco de Quevedo, Mariano José de Larra y Ramón María del Valle- Inclán. Pero insiste, que el poeta maldito por excelencia de la lengua española es Federico García Lorca, reconocido homosexual, cantor de los negros, los gitanos y de los pobres con temáticas sobre la muerte, la sangre, el duelo, la violencia, la vida trágica y la discriminación racial; justamente siendo fusilado por sus inclinaciones políticas y sexuales; con todo ello ingresando a la leyenda negra y a una admiración casi mítica entre sus contemporáneos y en las generaciones posteriores.

Aquí es necesario afirmar de manera categórica, que, por encima de los estilos de vida e inclinaciones de estos demiurgos de la palabra y la pintura, es su obra lo fundamental, por su contenido transgresor e innovativo, a partir de la cual se transformó la lírica y la pintura para siempre, dando lugar al nacimiento de nuevas corrientes como es el caso de todas las vanguardias; las que aprovecharon su estilo, temáticas y formas para producciones posteriores.

Para rematar este apartado deseo citar algunos versos de su famosa y extensa “Oda a Salvador Dalí” donde Lorca habla de paisajes, pinturas, atmósferas, su humanidad y su admiración eterna, cual homenaje temprano a un pintor que posteriormente se convertiría en uno de los más grandes de todos los tiempos y todos los rincones de la tierra, al expresar bella y enigmáticamente el mundo de los sueños, el inconsciente, exponente del estilo más surrealista y con una fuerte inspiración en el sicoanálisis de Sigmund Freud e incluso de la física más contemporánea. Veamos:

“Una rosa en el alto jardín que tú deseas… / La Noche, negra estatua de la prudencia / tiene el espejo redondo de la luna en su mano… / ¡Oh, Salvador Dalí, ¡de voz aceitunada! / No elogio tu imperfecto pincel adolescente / ni tu color que ronda la color de tu tiempo, / pero alabo tus ansias de eterno limitado…”

El triángulo vital, creativo y mortal de Federico

El ciclo vital y poético de Federico es todo un triángulo que se inicia en España, continua en América y termina otra vez en la península. Este triángulo lo vio nacer, crecer, formarse, producir y morir, desafiando el establecimiento de las letras, la moral y la política de su época para convertirse en una figura literaria y ético-política de todos los tiempos.

Su vida se inicia en Fuente Vaqueros (Granada. 5 de junio de 1898) y termina nuevamente en Granada con su fusilamiento (18 de agosto de 1936 camino entre Viznar y Alfacar).  Antes de su crimen había escrito el poema “Romance de la Guardia Civil Española” que en parte dice:

“Los caballos negros son. / Las herraduras son negras. / Sobre las capas relucen / manchas de tinta y de cera. / Tienen, por eso no lloran, / de plomo las calaveras…”   

Con el gran músico Manuel de Falla se conoció en Granada en septiembre de 1920 cuando aquel se instaló a vivir allí y trabajaron juntos, pues el poeta también era músico, compositor y tocaba piano.

En Madrid estudió, hizo teatro, escribió poesía, pasó por la Residencia de Estudiantes, hizo amistades para toda la vida y se integró a un grupo literario que ha trascendido como la Generación del 27.

En los EE. UU vivió y describió el Gran Crack en Nueva York e inició su poemario “Poeta en Nueva York”, algo muy distinto a su “Romancero Gitano” y a su Trilogía Dramatúrgica.

Apartes de algunos de sus poemas son los siguientes. La “Oda a Walt Whitman” donde demuestra su tributo y admiración por el poeta nacional de Norte América, quien admiró y vivió la naturaleza y confesó su homosexualidad.

“… Ni un solo momento, viejo hermoso Walt Whitman, / he dejado de ver tu barba llena de mariposas, / ni tus hombros de pana gastados por la luna, / ni tus muslos de Apolo virginal, / ni tu voz como una columna de ceniza; / anciano hermoso como la niebla / que gemías igual que un pájaro / con el sexo atravesado por una aguja, / enemigo del sátiro, / enemigo de la vid / y amante de los cuerpos bajo la burda tela…” 

En el poema “El Rey de Harlem” Federico nos presenta un grito surrealista de denuncia contra la opresión racial, la deshumanización capitalista y la marginación de la comunidad afroamericana a manos de la civilización moderna e industrializada.

“… ¡Ay, Harlem¡ ¡Ay, Harlem! ¡Ay, Harlem! / No hay angustia comparable a tus rojos oprimidos, / a tu sangre estremecida dentro del eclipse oscuro, / a tu violencia granate, sordomuda en la penumbra, / a tu gran rey prisionero con un traje de conserje… “

En su poema “Danza de la muerte” nos recuerda que los negros llegaron esclavizados desde el África y los ve danzar en medio de la atmósfera neoyorkina, criticando al Papa, al rey y el millonario. Hace parte de su inmersión en la cultura afroamericana y la denuncia contra la discriminación.

“… El mascarón bailará entre columnas de sangre y de números, / entre huracanes de oro y gemidos de obreros parados / que aullarán, noche oscura, por tu tiempo sin luces, / ¡oh salvaje Norteamérica! / ¡oh impúdica! ¡oh salvaje, / tendida en la frontera de la nieve! … “

Es necesario aclar que el poeta granadino nunca perteneció ni al Partido Comunista, ni al Partido Socialista y tampoco a los movimientos anarquistas españoles que participaron en la Guerra Civil; sin embargo su producción está marcada por un hondo sentimiento social, tanto de denuncia como de admiración hacia las personas más excluidas del sistema político y de la sociedad, y así lo podemos apreciar frente a los negros de Nueva York, las personas humildes de Cuba; como también los gitanos, los pobres, los campesinos y los provincianos en España.

Después de este ciclo productivo en Norte América pasó por Cuba, Buenos Aires y Montevideo, hasta regresar nuevamente a España recalando en Granada, la tierra de sus ancestros que lo vio nacer y morir.

Durante su visita a Buenos Aires y Montevideo dictó conferencias sobre el duende en el arte, las canciones populares argentinas y españolas y el teatro español. Allí compartió con poetas y escritores como Pablo Neruda, Jorge Luis Borges, Victoria Ocampo, Alfonsina Storni, Oliverio Girondo y Raúl Gómez Tuñón. Con el cantante de tango Carlos Gardel tuvo un encuentro bastante amistoso y musical según registran las anécdotas de este viaje.

Como algo curioso para los colombianos y particularmente para los caldenses, debemos registrar que Lorca se conoció allí con nuestro escritor Bernardo Arias Trujillo autor de “Risaralda” (1935) y “Por los caminos de Sodoma: confesiones íntimas de un homosexual” (1932) y por supuesto dadas sus afinidades íntimas, ambos se admiraron.

A su regreso a España, Lorca se dedicó de lleno a la poesía y al teatro, e impulsado por el advenimiento de la Segunda República asumió la dirección del grupo “La Barraca”, con el cual montó las mejores obras del Siglo de Oro español y las llevó por los lugares más alejados de España, como una labor didáctica y de promoción de la cultura hispánica entre los menos letrados y alejados de los centros académico, literarios y de los grandes espectáculos.

Pero un sino trágico lo esperaba, ya que osó las invitaciones de sus amigos para quedarse en Madrid, y su terquedad y el misterio lo regresaron definitivamente a Granada, donde lo cogió el golpe militar y la represión que lo llevó al fusilamiento. Federico García Lorca fue asesinado por ser intelectual no afín al régimen militar, por ser un poeta popular amigo de los gitanos, de los negros, de los campesinos y de los pobres del mundo y, lógico, por ser homosexual, lo que era toda una blasfemia social para esa época. Además, lo acusaron de masón sin serlo, igualmente de comunista, sin embargo, de nunca haber militado en esas filas políticas.

Caricatura Jorge Mendoza.

Apreciaciones sobre la película “Lorca en La Habana”

Este es un largometraje documental dirigido por los realizadores españoles José Antonio Torres Márquez y Antonio Manuel Rodríguez Ramos del año 2025. Aunque existen en pantalla diversas películas y documentales sobre Lorca y la Generación del 27, este es un gran documento visual, histórico y poético sobre el paso del poeta por la isla caribeña, que lo marcó para siempre a él y a la intelectualidad cubana. Allí recorrió 14 provincias de las 15 que tiene la isla, disfrutando del mar, el paisaje pueblerino y su gente, conectando con su pueblo en medio de la sensibilidad y la humildad del poeta granadino. Allí se sintió libre como persona en su intimidad homosexual, alejado del ajetreo de los EE. UU en medio de la gran crisis del 29 y sin las ataduras de una España conservadora y mojigata, que a pesar de su estatura artística e intelectual lo veía con mucha reserva por sus inclinaciones de género.

El largometraje es muy bello, bien dateado, diverso y completo. Combina paisajes, poesía, teatro, película, entrevistas académicas y populares, contiene música y danza, nos muestra el ambiente cultural de la isla, los protagonistas de la época y una serie de anécdotas admirables sobre la vida de Lorca entre marzo y junio de 1930, cuando inicialmente fue invitado a dictar unas conferencias, pero al enamorarse de Cuba extendió su visita. Las disertaciones de Lorca allí fueron “La mecánica de la poesía”, “Canciones de cuna española”, “La imagen poética de Don Luis de Góngora”, “Paraíso cerrado para muchos, jardines abiertos para otros” y sobre “El Cante Jondo” con las cuales deslumbró a todos los asistentes y lo que dio lugar a muchas referencias en la prensa local y en las revistas literarias de la isla.

Allí se puede apreciar la relación amistosa e intelectual de Lorca con la familia de la poetisa Dulce María Lyonáz, máxime representante de la lírica femenina cubana y quien llegó a ocupar puesto en la Academia de las Letras allí y en España. Incluso se habla de la relación sentimental clandestina con el poeta y ensayista Enrique Lyonáz Muñoz. También se conoce la opinión valorativa del gran escritor José Lezama Lima, las amplias opiniones del poeta Nicolás Guillén; precisamente de quien se habla con Lorca como figuras que se retroalimentaron entre sus obras “Romancero Gitano” y “Songoro Cosongo”.

El texto “Poeta en Nueva York” lo inició en EE. UU y lo completó en la Habana y de ahí deseamos destacar su poema “Son de Negros en Cuba” (1930) que inicialmente se conoció como “Son”. En esta pieza existe paisaje, sentimientos, dulzura y figuras modernas entre el tradicionalismo que recuerda la composición de su “Romancero Gitano”. Demuestra en él su admiración por la cultura afrocubana. Veamos:

“…Siempre he dicho que yo iría a Santiago / en un coche de agua negra / brisa y alcohol en las ruedas / iré a Santiago / Mi coral en la tiniebla…”

En la película se puede apreciar su musicalización y su danza muy bien montada con bailarinas y músicos excelentes.

Sobre la visita de Lorca a la Habana, el gran escritor cubano Guillermo Cabrera Infante escribió un texto titulado “Lorca hace llover en la Habana” que posteriormente incluyó en su obra “Vidas para leerlas” (Alfaguara. Barcelona. 1998) y en el cual Cabrera describe la figura del poeta, sus visitas a los barrios populares, el compartir con los negros y el son cubano, sus ingestas de “Cubalibre”, las impresiones de otros autores, una serie de anécdotas y en parte analiza la obra del poeta español. También reseña el encuentro con el bardo colombiano Porfirio Barba Jacob, como pederasta conocido por sus varios heterónimos.

El periodista y poeta Barba Jacob, que junto al vate Raúl Gómez Jattin son los verdaderos “poetas malditos colombianos”, estaba viviendo en la Habana por esa misma época y cuyo encuentro con Lorca en el mismo hotel y en la playa lo registra el novelista antioqueño Fernando Vallejo en su obra “Barba Jacob El Mensajero” (Planeta. Bogotá. 1991). Es más, allí también actuaba y pernoctaba un dúo de bambuqueros paisas, lo que yo dedujo que se trata de “Luciano y Concholón” que tocaban en la isla por esas fechas.    

La voz de Lorca en sus declaraciones más famosas

La “Palabra de Lorca…” (op. cit.) es una voluminosa obra (600páginas) y bellamente editada que recomiendo a todos los que deseen conocer más sobre la producción y la vida lorquiana, con páginas facsimilares y fotografías ya históricas. Allí se encontrarán con un registro cronológico de sus intervenciones en varios medios y muchas apreciaciones de diversos escritores sobre su obra. Algunas referencias son las siguientes: un “Homenaje a Granada” escrito por Lorca en 1922, una autocrítica sobre su pieza teatral “Mariana Pineda”, una entrevista telefónica en la cual reconoce la pasión como herencia de su padre y la inteligencia por parte de su madre, el rescate de un texto analítico del colombiano Germán Arciniegas publicado en Nueva York en marzo de 1930, una fotografía de una escena de “El maleficio de la mariposa” donde Lorca está vestido de mujer, abundantes registros escritos y fotográficos de la actividad del grupo teatral “La Barraca” en sus giras por España.

Declaraciones poéticas sobre los EE. UU en este tono: “Ejército de ventanas, donde ni una sola persona tiene tiempo de mirar una nube o dialogar con una de las delicadas brisas que tercamente envía el mar, sin tener jamás respuesta” (p.93) y “Ni Bronx ni Brooklyn. No; los americanos rubios. Norma estética y paraíso azul no era lo que tenía delante de mis ojos. Lo que yo miraba, y paseaba, y soñaba era el gran barrio negro de Harlem, la ciudad negra más importante de mundo, donde lo más lúbrico tiene un acento de inocencia que lo hace perturbador y religioso” (p.94).   

Y esta declaración profunda y hermosa sobre su poesía: “Yo creo que la poesía, y admiro a los otros poetas, aun aquellos quienes nos les tire el aire, a quienes lo popular lo rechazan, o no les interesa. A mí me tiró el aire. No he sido nunca poeta de minorías. He tratado de poner en mis poemas lo de todos los tiempos, lo permanente, lo humano. A mi me ataca lo humano, creo que es el elemento fundamental en toda obra de arte” (p.149).

Está el registro de su paso por Montevideo, apreciaciones sobre su famosa conferencia acerca del duende en la literatura en Buenos Aires, y de la cual él mismo dice: “Usted sabe: el duende que algunos llevamos dentro, ese ser misterioso, entre diabólico y angélico – las dos cosas – que suele inspirarnos a los que en él creemos.” (p.212)

Sus conversaciones con Stravinski y Manuel de Falla acerca de las Cantatas de Bach y su influencia en “Bodas de Sangre”, ya que los tres eran músicos. La llamada “Ronda Gitana” sobre la captura, secuestro y asesinato del poeta. Su encuentro con Pablo Neruda en Buenos Aires. Y esta declaración sincera y humanística: “Pues ni éxito me hará encadenarme. Trabajaré siempre como hasta aquí, desinteresadamente. Para satisfacción intima. Hay que tener presente a San Francisco: “No trabajar por amor al dinero; destilar la sensualidad en sensibilidad; ser obediente, o sea ser sincero consigo mismo” (p.359) Y en páginas posteriores se declara cristiano (p.434).

Y, por último, esta declaración que lo caracteriza de frente: “Hoy no interesan más que dos clases de problemas: el social y el sexual. La obra que no siga una de esas direcciones está condenada al fracaso. Yo hago lo sexual que me atrae más. Pudiera escribir otras cosas porque es ese mi gusto intelectual. Pero prefiero hacerme con ellas un bonito libro” (p,433). Ahí está pues Lorca de pie con algunas de las declaraciones más contundentes incluidas en este texto.

Lorca nunca morirá.

El gran dramaturgo y poeta español Federico García Lorca, una de las cumbres de la lengua española, ha sobrevivido en el tiempo dado los estudios que se realizan sobre su obra en varias universidades del mundo, en las reimpresiones de sus textos, en la circulación popular de su poemas, en los nuevos montajes de su teatro, en las conmemoraciones que ahora se hacen por todo el mundo, en la inspiración para poetas y artistas; pero sobre todo, porque está en la memoria de su pueblo y en el recuerdo no solo del mundo hispano. Por eso es un ídolo, un ícono y una leyenda de la cultura universal.

Muchos poetas le han dedicado sus versos y he aquí algunos trazos de lo más memorable:

El poema “A Federico García Lorca” de su compañero Rafael Alberti toca el alma, el agua y el viento e inicia así: “Sal tú, bebiendo campos y ciudades, / En largo ciervo de agua convertido, / Hacia el mar de las albas claridades, / Del martín pescador mecido nido / Que yo saldré a esperarte, amortecido…”

De la “Elegía a Federico García Lorca” escrita por Miguel Hernández sobresalen el luto y el llanto “… El dolor y su manto / vienen una vez más a nuestro encuentro, / Y una vez más al callejón del llanto / lluviosamente entro…”

Y la tragedia fue registrada en el poema “El crimen fue en Granada” de Antonio Machado cuando versa así: “Se le vio, caminando entre fusiles, / por una calle larga, / salir al campo frio, / aún con estrellas, de la madrugada. / Mataron a Federico cuando la luz asomaba…”

En el poema “El enterrado” de Vicente Aleixandre se dice bellamente: “Siento todas las flores que de tu boca surten / hacia la vida, verdes, tempranas, invencibles…”

Y una despedida crítica y versificada esta en la pieza “A un poeta muerto” de Luis Cernuda precisamente el autor de “La realidad y el deseo”:

“Así como en la roca nunca vemos / La clara flor abrirse, / Entre un pueblo osco y duro / No brilla hermosamente / El fresco y alto ornato de la vida. / Por eso te mataron, porque eras / Verdor en nuestra tierra árida / y azul en nuestro oscuro aire…”

// foto de Lorca

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