
Arrierías 113
Manuel Gómez Sabogal
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Un terremoto sacudió el país el 10 de agosto a las 7.34 de la mañana. Sacudió a medio Colombia. Muertos, heridos, desaparecidos, además de edificios y casas agrietadas o derrumbadas.
Así como derrumbado estuve durante 10 días, viendo, escuchando, dándome cuenta del desastre que hay en muchas partes.
Desastre que, afortunadamente, ha tenido dolientes de todo el mundo. Ayudas en enseres, comida, medicamentos.
Solidaridad de vecinos, familiares, amigos, conocidos. Muchos han estado ahí dando una mano, ayudando como pueden.
Las grietas en el alma por fin me permitieron sentarme frente al computador a escribir. Pasaron 10 días y me pude reponer un poco del dolor que se vive en Colombia. Por eso, esta nota.
Las grietas en el alma se ven cuando hay odios, resquemores en redes. A pesar de la situación, hay quienes no dejan de poner fotos, frases que avivan ese odio porque son de un sector político u otro.
Las grietas en el alma quedan después de ese gran susto en familia. Afortunadamente, y gracias a Dios, nada nos sucedió. Pero eso no quiere decir que esté tranquilo o calmado. No, no se puede, porque hay muchas familias sufriendo y eso me toca el alma.
Es tiempo de solidaridad y no de odio. Es tiempo de abrazar y no de hacer enemigos. Es tiempo de sentir que hay comunidad en el sector, el barrio, el pueblo, la ciudad, el país.
Las grietas en el alma desaparecen cuando ayudamos, somos solidarios y entregamos ayudas a los necesitados en este momento de dolor, tristeza y pérdidas. No es tiempo de odios.
Las grietas en el alma no deben quedar para siempre. Deben resanarse. Y a los que están en redes publicando frases y fotos llenas de odio, les pido que entiendan que este país requiere sanar. No podemos continuar como siempre.
“Por las grietas del alma a veces se escapa la vida, pero también es por donde entra la luz”.

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