Para el último trimestre de este año.

Arrierías 114

José Emilio Yepes

Columna: La Palabra Empeñada

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No quiero presentarme hoy como un ¨presagiador¨ y hacerles creer, que se predecir el futuro de mis aguerridos agropecuarios, pero solo con el análisis de las condiciones ambientales y laborales, tendremos suficientes argumentos, para concluir que nuestro país se debe preparar para enfrentar días críticos, amargos y difíciles.

Empecemos por el análisis laboral que se vive en el campo colombiano: la falta de mano de obra en nuestras fincas está amenazando todas las labores agropecuarias, especialmente para los medianos y pequeños campesinos. El alza tan significativa del valor del costo de la mano de obra por efecto del aumento en el valor del salario mínimo, especialmente en el último año, ha incrementado los costos de producción. Y si le sumamos el desánimo de los jóvenes para trabajar porque les vendieron la idea de que el estado debería ser asistencialista y debería, por lo tanto, auspiciar sus ingresos, ha hecho que este sector económico agrícola, viva en un continuo nivel de perdidas, porque no trabajan sino las personas más adultas y a unos niveles de precio difíciles de sostener.

Y que decir de las condiciones ambientales que estamos viviendo y que presagian los expertos meteorólogos: el fenómeno del niño en el país vecino de Panamá ha generado un alza considerable en el valor de la materia prima del concentrado, por las limitaciones en el paso de embarcaciones a través del canal interoceánico. Una afectación directa para los que ceban animales o que producen comida animal, como por ejemplo los avicultores y que vamos a notar en el aumento del valor de los cárnicos, huevos y afines.

Pero el fenómeno del niño a Colombia también llego: el calentamiento en el océano pacifico es comprobable y está generando en nuestro país una distorsión de los precios en la canasta familiar, que a la postre, se volverán insostenibles: el calor intenso de los últimos días ha acelerado la salida de las cosechas de frutas, verduras y alimentos que producen nuestros agricultores, generando una sobreoferta que al final, hace que los precios se pongan baratos y hasta ahí, todo bien para los consumidores. Pero la falta de agua, la salida tempranera y abundante de las cosechas, y el exceso de sol, va a hacer que, dentro de pocos días, muchos cultivos se estropeen, que las floraciones se pierdan y que se escasee los alimentos con su respectivo impacto en el alza desorbitada de los precios, que a nadie conviene.

Y que decir del costo de los servicios públicos: el agua para el consumo humano se está escaseando y el valor del suministro de la energía eléctrica se viene disparando, no solo por la sequia de los embalses que limita la producción de energía en las centrales hidroeléctricas, sino porque la transición energética del gobierno anterior fue irresponsable y el déficit de los fondos para los subsidios de energía es enorme.  

No necesitamos ser adivinos para pronosticar que en los días venideros se golpeara el costo de los alimentos y, por tanto, el bolsillo de todos nuestros coterráneos.

Que el todopoderoso nos bendiga con buenas aguas y nos ayude a pasar estos momentos difíciles.

Bendiciones para todos.

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