Significado psicológico de la avería o pérdida de la vivienda después de un terremoto.

Arrierías 114

César Augusto Arango Dávila, MD Psiquiatra, PhD y Hernán G. Rincón-Hoyos, MD Psiquiatra, MsC.

El documento es de libre difusión.

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Dicen que resulta clínicamente inadecuado decirle a quien perdió su vivienda:

“Lo importante es que está vivo, las cosas materiales se recuperan”.

La intención puede ser consoladora, pero minimiza una pérdida real. La persona ciertamente puede agradecer haber sobrevivido y simultáneamente, experimentar un profundo dolor por haber perdido su casa y su significado, ambas emociones pueden coexistir.

Así, reconstruir después de un desastre significa mucho más que levantar paredes: implica reconstruir las representaciones cerebrales y psicológicas de seguridad, la continuidad autobiográfica, la identidad, la pertenencia y la esperanza.

El hogar trasciende su dimensión física y constituye un espacio fundamental de seguridad, identidad, memoria y pertenencia.

Desde una perspectiva evolutiva, puede entenderse como la prolongación simbólica de la caverna ancestral:

Un territorio protegido donde el ser humano disminuye la vigilancia, establece vínculos y desarrolla su vida íntima y social.

Por ello, la destrucción de la vivienda durante un terremoto u otro desastre representa no solo una pérdida material, sino también la ruptura de un contexto psicológico profundamente asociado con la seguridad.

Desde la neurobiología, una catástrofe activa los circuitos cerebrales de detección de amenaza, incluyendo amígdala, ínsula, hipocampo, hipotálamo y regiones prefrontales, así como el sistema nervioso simpático y el eje hipotálamo-hipófisis- adrenal.

Esto explica respuestas iniciales como miedo, hipervigilancia, sobresalto, insomnio y ansiedad.

El deterioro o destrucción del sitio de vivienda implica, además, la desaparición de múltiples señales ambientales que el cerebro había aprendido durante años a reconocer como predictoras de seguridad

Si la amenaza y sus consecuencias persisten, la activación repetida de los sistemas de estrés puede contribuir a una mayor carga alostática.

Estas respuestas no deben patologizarse prematuramente, pues constituyen en gran medida mecanismos adaptativos frente a una experiencia extraordinaria.

La recuperación supone restablecer progresivamente seguridad, rutinas, vínculos sociales y capacidad de anticipar el futuro.

La comunidad puede convertirse temporalmente en una “caverna colectiva” que proporciona protección mientras se reconstruye el espacio vital.

Así, reconstruir después de un desastre significa mucho más que levantar paredes: implica reconstruir las representaciones cerebrales y psicológicas de seguridad, la continuidad autobiográfica, la identidad, la pertenencia y la esperanza.

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